Recibo un correo con un adjunto, una carta enviada por un trabajador de la Universidad Complutense sobre la huelga del día 29 de septiembre.

QUERIDA ANTONIA:

Estamos de acuerdo: todo va mal y puede ir a peor. Empresarios (grandes y pequeños) esperan la versión definitiva de la “reforma laboral”, hacen cuentas de lo que les costará despedir (¿33 días, 20, 0...?) y empiezan a confeccionar las listas –negras, rojas, naranjas...- para establecer el orden de las/los que se irán a la puta calle. Se recrudecen en varios países las presiones para retrasar la edad de jubilación (aquí los 67 tacazos) y el ratoneo en subsidios a parados, sueldos y pensiones. Se escatiman prestaciones, incluso sanitarias, a discapacitados y demás seres subliminalmente despreciables: gitanos, inmigrantes, enfermos crónicos...Se van a contratar menos maestros, a subvencionar menos plazas de guarderías y comedores infantiles (a los niños que les den por el saco, que salen muy caros y no producen; los jóvenes que se jodan: el capitalismo salvaje actual no necesita gente formada ni listos).

Los especuladores de los mercados (mercaderes, para entendernos) ya han hablado. Las cúpulas empresariales ya han hablado y da lo mismo que la de este país esté presidida por un explotador convicto como el señor D.F. Los tertulianos neofalangistas (Libertad Digital, Telemadrid, TV Popular, Veo 7, Intereconomía...) ya han aullado lo suficiente. La burguesía bienpensante destaca en sus medios los resultados prác-ti-ca-men-te irrebatibles de las encuestas impepinables:: “EL 73% DE LOS TRABAJADORES CREE QUE NO HARÁ LA HUELGA GENERAL”.Los medios han hablado: alto y claro.

Y lo peor es, quizá, que nuestras fuerzas no están en su mejor momento. Los sindicatos que nos convocan a la protesta tienen bastante mala prensa y la verdad es que, en parte, se lo tienen merecido: CCOO, por ejemplo, coqueteó más de la cuenta con el aznarismo, como prueba el hecho lamentable de que estuviera largos años dirigido por un individuo que hoy es el segundo de a bordo del jefe de centuria de FAES. Pero ¡ojo!, que no nos los machaquen, que no nos los quiten como insinúa la brutal campaña antisindical de la derecha, y menos ahora que por fin empiezan a rectificar y a hacer la labor que tienen que hacer. Si los sindicatos no existieran sería infinitamente peor: la selva laboral, el esclavismo.

El entusiasmo rebelde no está en la calle: “colega, yo trabajo doce horas diarias el taxi, cobro el 40% de lo que saco, lo malo es que ni dios coge un taxi en Madrid, el día que no trabajo no tengo ni pa tabaco”; “colega, yo acabo de encontrar un curro en un supermercao, si hago la huelga me echan seguro”; “yo veo la tele y en la tele dicen que si se para el país es peor para la economía del país y yo no quiero que eso ocurra”; “¿un día de huelga?, ¡vaya chorrada!...y el día siguiente a currar otra vez y todo seguirá igual”; “yo no quiero hacerle el juego a Rajoy”... Pareciera que nos ha calado hasta el corazón el mensaje mediático perverso: vosotros no pintais nada, nosotros no pintamos nada. Yo no pinto nada.

¿No pintamos nada? ¿De verdad que no pintamos nada? Venga coño: nosotros que descabalgamos al flautista de Hamelín de la guerra y la economía neoliberal cuando nos hartamos de ocho pestilentes años de facherío, ¿no vamos a ser capaces de expresar ahora en la calle nuestra modesta opinión sobre la crisis económica, sus responsables y sus soluciones? ¿No somos ciudadanos?, ¿no somos justamente nosotros los productores de riqueza y los consumidores?. ¿Por qué no nos creemos de una puñetera vez que vivimos en un régimen democrático y que tenemos derechas adquiridos? Adquiridos. ¿Somos más tontos y sumisos que los griegos o los franceses? ¿Somos cobardes? No hombre, no: los saqueadores de “Gurtel”, “Palau”, “Malaya”, etc, etc, etc...tendrán que ir al talego más pronto que tarde y devolver el dinero robado; los partidos políticos que se han financiado ilegalmente con la corrupción sufrirán en las urnas el escarnio del pueblo si el pueblo no es rematadamente imbécil. Pero de eso hablaremos otro día, ahora no tocan las encuestas electorales, toca la crisis que nos concierne a todos, incluidos los votantes de derechas.

¿Por qué nos tenemos que tragar el sapo de que la salida de la crisis pasa por mantener una economía improductiva y corrupta a expensas de los derechos fundamentales de la mayoría? ¿No sería más lógico que diéramos nuestra opinión a través del único cauce que hoy tenemos para expresar nuestro descontento? La Huelga General no es un delito ni un pecado, es la forma de protesta democrática de los ciudadanos ante los excesos del sistema. No es sólo una opción, es casi una obligación. Nosotros no representamos ni a los gobiernos, ni a los políticos, ni a la banca, ni a las empresas, ni a las iglesias. Nosotros sólo somos ciudadanos. Ni más ni menos.

Vamos a la Huelga General. Vamos a hacer una primera demostración de que estamos aquí, en Madrid, en Barcelona, en Europa, en el mundo... y de que tenemos opinión propia sobre lo que está pasando. Ciertamente, no es automático que nuestra visibilidad ciudadana crítica presione lo suficiente a políticos, legisladores, jueces, empresarios, sindicalistas, periodistas y demás farándula, pero una primera colleja siempre viene bien. Vamos a la Huelga General. Tal vez el cruce de unas sonrisitas en la calle el 29 de septiembre multiplique de pronto nuestra complicidad y empiece a hacernos invulnerables.

Y en todo caso, recuerda el consejo de Lao Tsé: “Hazte UNO con el TAO, porque con el TAO eres uno...¡¡¡ uno contao!!! Si te quedas ahí sinTAO, en una silla por ejemplo, te puedes arrepentir y lamentar toda tu vida por no haber hecho nada para que las cosas no fueran a peor.