[ General ]
17 Octubre, 2008 23:02
Qué sabrán los geólogos del desamor
El Pirineo en otoño es color. Y el otoño en la montaña es
esa estación en la que no sabes lo que te vas a encontrar al despertar. No
sabes si habrá nevado, si habrá llovido, o si lucirá un radiante sol. Cuando
preparas el macuto dudas entre llevar camisetas cortas, saco de plumas, gorra o
crampones y piolet. Así que al final decides llevar todo. Sabiendo como sabes
que no usarás casi nada.
Los Pirineos nacieron simplemente por desamor. Por el
desplante que Pirene hizo al amor de Hércules. Por la huida de ella que antes
de caer en sus manos decidió prender fuego a su paso con la mala fortuna de
morir en sus propias llamas. Por la ira de Hércules que en homenaje a su amada
decidió levantar estas montañas, empujando piedras, creando valles con su
hacha, ibones con sus lágrimas. Nació por simple desamor.
El Aneto también es parte de mi desamor. En pleno invierno
fue hace años mi primera sensación de estar haciendo otro tipo de montaña. Fue
la primera vez en la que realmente no podía explicar a la gente por qué me
había gustado aquello. Pasar frío y sed. Mucho frío. Dije que ahí no volvía. Y
ya estoy volviendo de ahí. Con más experiencia y menos nieve la cosa ha sido
mas fácil, aunque el glaciar en esta ocasión era bastante más peligroso y
obligaba a ir concentrado. El paso por ese tramo era silencio absoluto, roto
sólo por nuestras respiraciones y los golpes contra el hielo de crampones y
piolet. Era un sensación muy especial, sobre un hielo eterno que nos permitía
caminar sobre él.
Los geólogos dicen que el Pirineo se creó en la Era Terciaria, con
ocasión del gran plegamiento alpino-himalayo. Si alguna vez fueran allí, sabrían
que fue simplemente desamor. Nada más.
[ General ]
06 Octubre, 2008 16:47
Cuando el silencio enciende el fuego
En Praia do Amado todo se queda en silencio al atardecer. Los surfistas locales recogen sus tablas y vuelven a casa a cenar. Las escuelas de surf bajan los cierres y despiden a sus últimos clientes. Algunos aprovechan las tranquilidad de la playa para pasear con el perro o correr buscando su larga sombra. El bullicio del día deja paso a la total tranquilidad. El sol desciende cada vez mas rápido, tanto que cuando bajas la cabeza para abrir otra cerveza, ya ha desaparecido. No se escucha nada.

Es el momento perfecto para preparar la cena. Las pocas furgonetas que llevámos aquí ya varios días somos prácticamente de la familia. Preguntas a los vecinos cómo fue el día, pides algo de pan, compartes ese momento mágico tomando una cerveza que alguién te puso en la mano. La chispa de este campamento indio la enciende Federica con unas cañas de bambú, la grita y llora la pequeña Paulina, la pone música Nacho, la hace sonreir Patrick, la cocina Jose.
Aquí tenemos buenas ondas, pequeña escaladas, mucha arena en los pies, un poco de sal, Cinco horas con Mario que nunca empecé, unos perros que me robaron mis zapatillas, 8 días que parecieron 2, un día que escalé desnudo, una noche que no paré de soñar. Muchas ideas. Una de ellas, la de venir aquí a vivir para siempre.
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