¡Señor! ¿Nos puede pasar el balón? - me gritan los niños tras las valla del colegio.
Ya no hay marcha atrás, pienso mientras les devuelvo la pelota.
danisanlo@sindominio.net
¡Señor! ¿Nos puede pasar el balón? - me gritan los niños tras las valla del colegio.
Ya no hay marcha atrás, pienso mientras les devuelvo la pelota.
Pasa el tiempo. Al principio sólo minutos. Luego días. Cuando te quieres dar cuenta han pasado meses. El acento boliviano ya suena extraño. He olvidado el cambio de la moneda. La cumbia vuelve a molestarme y no encuentro ningún bar donde sirvan Paceña. Las imágenes que eran frío, viento y altitud ahora son sólo datos numéricos de un disco duro. Asi que hago un esfuerzo y me siento a organizarlas. Intentar revertir el proceso y convertir esos datos informaticos de nuevo en sensaciones. En un amanecer a 6008 metros de altura. En una cumbre insignificante que nos supo a los tres como el Everest. En unos días fantásticos llenos de silencios, de risas y de amistad de la buena. En la estupida felicidad que me genera el ruido de los crampones contra el hielo.
Los Galayos llevan ahí mucho tiempo. Aguantando glaciaciones. Soportando borrascas. Sin derretirse cuando les abrasa el sol. Cargados de nieve. Mojados por las tormentas. Golpeados por los rayos. Son unos equilibristras en mitad del circo. Y ahí siguen.
Naia es deseo es euskera. Fluir en griego. Ola en algún dialecto. Da igual lo que significara antes. Ahora es una niña que va a vivir en un pueblo rodeada de robles, gallinas y montañas. No es nada más que eso. Y ya es bastante. Ayer al atardecer le hice sus últimas fotos antes de salir al mundo. Hoy ya está aqui para disfrutar del siguiente. Hasta la nieve ha esperado que viniera para aparecer. Mañana cuando Naia llegue a casa dicen los meteorólogos que nevará por fin. Decian que era un invierno raro. No sabían que estaba esperando a una niña.
20 horas antes de nacer
Perdóname, no sé decirte nada más pero tú comprende que yo aún estoy en el camino. Y siempre siempre acuerdaté, de lo que un día yo escribí, pensando en tí como ahora pienso. José Agustín Goytisolo.