Todavía tengo arena en los pies. Acabo de subir de la playa de Comillas, de pasear descalzo por un día de esos que sólo hay aquí, donde la lluvia es parte de la vida, y no un intruso del que continuamente nos tapamos y huimos. Donde el sol sale a saludar entre las miles de nubes, como recordándonos que en algún sitio hace calor, para después desaparecer rápidamente.

Tras pasear con los pies en el agua me he sentado a observar. A ver a un grupo de quinceañeros, chicos y chicas, jugando sin parar, destilando una vida brutal, abrazándose, bañándose cuando nadie mas lo hacía. Los chicos rápidamente se quitaban las camisetas y jugaban a cosas del estilo quién es el que más corre, quién es el que más salta, quién es el que más aguanta dentro del agua. Algunas chicas se animaban a ese tipo de juegos y una de ellas ganaba en el juego que consistía aguantar mas tiempo haciendo el pino.

Me he alejado un poco para no ponerles cara. Porque nos veía a nosotros. Veía a Miguel y a mí haciendo competiciones. Veía a Carlos ligoteando con Esther y Carla. El David y Alberto haciendo el animal dentro del agua. Nuria sin duda era la que nos ganaba en el concurso de aguantar más tiempo haciendo el pino. Ha sido emocionante estar observándonos después de tanto tiempo. Eramos pura vida. Ese continuo movimiento, esas risas y llantos, esas ganas de conocer cosas y personas. Hoy estábamos allí, a 100 metros de mi en la playa, jugando con el presente, sin mirar para adelante ni por los retrovisores.

De repente Nuria se gira y me sonríe. Se acerca corriendo hacia mí. Debo estar alucinando, quizás me haya reconocido y me invite a jugar con ellos a ver quién es el que mas aguanta debajo del agua. Estoy emocionado, voy a volver atrás y encontrarme con todos ellos. Cuando ella está casi a mi lado me levanto preparado para empezar a jugar. Me sonríe. -Disculpe señor, ¿cómo se llama esta playa?-

ADOLESCENCIA: Transición entre el infante y el adulto, caracterizada por el fuerte interés en el presente y un limitado enfoque en el futuro.