Recién llegado de escalar Peña Santa en Picos de Europa me encuentro lleno de heridas. Golpes en las rodillas, cortes en los dedos, arañazos en los codos... Mi cuerpo recuerda a cuando regresaba de niño a casa en el pueblo. Habíamos estado cerca del pilón jugando a las trepadas.  Porque lo que hacíamos de pequeños cerca del pilón si que era escalada. Con verdadera ansia suplantábamos nuestra nula técnica por un escandaloso atrevimiento. El juego consistía en elegir una madre que debía hacer un recorrido entre peñascos de neis y todos debíamos seguirle. Escalábamos por placas llenas de musgo, trepábamos por pequeñas chimeneas, saltábamos de bloque en bloque...
 
 Sara en la Forcadona
Sara regresando por la Forcadona
 
Y la escalada de Peña Santa (2596 metros, León, Picos de Europa) es muy parecida a aquella escalada original que aprendí en los veranos de pueblo. Una escalada muy pura y comprometida, sin excesiva dificultad pero con poca protección. Una escalada alegre en una pared vertical de 600 metros, durante 7 horas y otras 4 de destrepe. Una aventura completa, en un entorno espectacular que me ha dejado una sensación muy especial en el cuerpo. Saber que escalamos a varias horas del mundo, con nuestro pequeño iglú junto a la enorme pared, buscando la ruta y perdiendo el camino, agarrados a su pared durante horas. 
 
  Simon ante la pared de Peña Santa. Tenemos que esperar un poco porque está muy mojada
Simon ante Peña Santa, casi 600 metros de pared vertical 
 
  Y por si se nos olvidaba, el atardecer nos recordaba que estábamos en un sitio único. Con el silencio absoluto, las carreras de los rebecos, las paredes de color naranja, las nubes bajo nosotros, las primeras estrellas en el cielo... nadie se atreve a hablar, probablemente porque no hay cosas mejores que decir que las que vemos. También cuando atardecía y el pueblo se quedaba un rato en silencio regresábamos en nuestras bicis a casa. -¡Qué andareis haciendo por ahí!- solía decir mi madre mientras me bañaba las heridas en agua oxigenada. Cómo se iba a imaginar ella que escalábamos, si lo único que hacíamos era subir piedras.