[ Montañas ] 29 Junio, 2010 18:01
Hace 24 horas andaba perdido en mitad de un glaciar. El Mer de Glace no nos dejaba encontrar su salida entre las grietas y los continuos crujidos del hielo. Vimos caer la noche y preparamos un vivac inevitable en el que la extenuación nos permitió dormir ganando la lucha al frío. Ahora, con algún kilo menos, con las manos llenas de heridas, la cara desconchada por el sol, sueño, hambre y mal olor, tras 8 horas en coche, me encuentro rumbo a casa. Viendo atardecer por la ventanilla del avión, con las nubes por debajo, igual que nos ocurrió en el Aiguille de Argentiere, en el col de Cristaux. Con las nubes por debajo.
 
Amanecer en el Col de Cristaux. Al fondo el Mont Blanc.
 
Allí, en los Alpes, rápidamente he descubierto que hay dos tipos de montañeros. Están los buenos, los profesionales. Se les distingue rápido porque gritan a los cuatro vientos sus "hazañas" y no hablan sobre sus "fracasos". Del otro lado están los otros. Algunos se llaman Nacho. Se alegran cuando los proyectos se culminan, pero son tan felices construyendo la casa que no les importa cómo quede la chimenea.
 
Los primeros, los verdaderos, tuercen el gesto cuando el tablón de la meteo en Chamonix arroja malas noticias y corren aliviados a refugiarse a su hotel a esperar que el sol venga. Los Nachos saben que las nubes son parte de la magia, la lluvia parte del juego, asi que piensan alternativas, preparan el macuto y salen para arriba en busca del sol.
 
Esos alpinistas heroicos, desdoblan con cuidado de su armario los forros de última tecnología, sus cuerdas antiagua y antiarista (con un pequeño baño de aleación anti-miedo), los guantes con mejor puntuación en el foro www.tecniguante.com y las botas de 500 euros que les recomendó un habil vendedor de la Ribera de Curtidores. Los Nachos guardan todo dentro de una saca militar (que un día llegó a sus manos y que debió estar en los Andes en el 83 por su inscripción). Allí meten un forro polar verde muy parecido al que usan las madres para hacer Pilates, una cuerda azul que empezó siendo de 9 milímetros y la debe dar de comer porque va por los 12, un gorro que le robó a Manu Chao, unas botas de segunda o tercera mano que compró en Chamonix, una chaqueta que en lugar de repeler el agua la atrae y unos guantes rojos en los que pone Burger King y a los que muy serio llama guantes técnicos. En www.tecniguante.com no aparecen referencias.
 

 
Los auténticos exploradores cuando paran toman energihidratos, musculatrón y otros polvos mágicos que bajan la altura a las montañas y colocan escaleras a las paredes. Los Nachos comen un poco de chocolate y algún caramelo, y mientras los demás buscan el aire él lo sustituye por un poquito de humo de un cigarro de liar.
 
Los buenos, buenos, lloran en la cumbre, llaman a su parejas, sacan estampitas, rezan rosarios, piensan en las fanfarrias del recibimiento. Los Nachos miran al horizonte, buscan nuevas cumbres y proyectos, respiran profundo y tocan alguna melodía celta en su flauta dulce.
 
Asi que anden con cuidado cada vez que vayan por el monte. Es fácil distinguirlos. Esos que no tropiezan, esos que caminan recto y con las ropas impolutas, esos que pasean por el valle cuando llueve. Esos son los grandes alpinistas. Pero si ven alguno desgarbado, que tropieza, que fuma, que parece que ha escogido la ropa con los ojos cerrados. Es unos de los Nachos. Yo si tengo que escoger con quien atarme a la cuerda lo tengo claro.
 
[ Montañas ] 08 Junio, 2010 23:15
Nos vamos otra vez a los Alpes. En pocos días regresaran los momentos de arropar con el silencio al compañero, cuando ya no sean necesarias las palabras, cuando éstas de hecho sobren y simplemente necesite una mirada atenta y dos manos que aseguren su cuerda. Cuando comencemos a escalar ganándole horas al día,  horas antes del amanecer, cuando casi todo esté dormido y callado, roto por nuestra agitada respiración y nuestro soniquete de crampones y piolets.
Miraremos de reojo al vacío que queda bajo nosotros. Miradas rápidas no vaya a ser que vayamos detrás de nuestros ojos. Mejor miramos hacia arriba. Miedo de donde venimos y miedo a donde vamos. Poco a poco iremos marchando hacia el sol. Nacemos de entre la noche. Nunca estamos tan seguros de lo que hacemos, como cuando aún con cansancio extremo,frío, sed y un nudo doble de miedo en el estómago, seguimos con ganas de continuar y no perdemos el aliento.
 
Arista de Rochefort
La funambulista arista de Rochefort

  Ya casi no sueño sueños. Las chicas que no me quieren tampoco lo hacen en los sueños. Los problemas no se esfuman en los sueños. Ya no conduzco sin carnet en los sueños. Hasta he dejado de saltar por las ventanas de los sueños porque ya no vuelo. Mis sueños y mi realidad se parecen mucho ultimamente, pero no me entristece porque creo que fueron los sueños los que impusieron sus condiciones.
Estoy en la cumbre del Yelmo al amanecer. Lo he subido casi dormido, como cuando te levantas a beber agua por la noche, mezclando el olor a lavanda con mis bostezos. He subido una vía fácil, sólo, sin cuerda. He subido muy rápido, como en esos sueños que todo va acelerado, las manos y los pies encontraban su sitio sin buscarlo. Seguramente de pequeño tuve pesadillas del estilo, una pared gigante, sólo se puede subir, no hay cuerda, no hay gente... Subir, mirar abajo, no escuchar nada, no llevar nada de material, subir sin pensar. ¿un mal sueño?
Lo normal es decir que hay que tener sueños. Pero la verdad es que lo normal sería decir que hay que realizar sueños. O mejor aún, que hay que tener realidades. En la cumbre veo amanecer y bajo casi a la carrera hasta la furgo cuando la gente todavía duerme. Me tumbo y vuelvo a quedarme dormido. Cuando me despierto me duelen las piernas de tanto soñar. Vamonos a los Alpes.
 
Arista final al Aiguille Verte (4122 m)
Arista final a la espectacular Aiguille Verte
 



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