Nos vamos otra vez a los Alpes. En pocos días regresaran los momentos de arropar con el silencio al compañero, cuando ya no sean necesarias las palabras, cuando éstas de hecho sobren y simplemente necesite una mirada atenta y dos manos que aseguren su cuerda. Cuando comencemos a escalar ganándole horas al día,  horas antes del amanecer, cuando casi todo esté dormido y callado, roto por nuestra agitada respiración y nuestro soniquete de crampones y piolets.
Miraremos de reojo al vacío que queda bajo nosotros. Miradas rápidas no vaya a ser que vayamos detrás de nuestros ojos. Mejor miramos hacia arriba. Miedo de donde venimos y miedo a donde vamos. Poco a poco iremos marchando hacia el sol. Nacemos de entre la noche. Nunca estamos tan seguros de lo que hacemos, como cuando aún con cansancio extremo,frío, sed y un nudo doble de miedo en el estómago, seguimos con ganas de continuar y no perdemos el aliento.
 
Arista de Rochefort
La funambulista arista de Rochefort

  Ya casi no sueño sueños. Las chicas que no me quieren tampoco lo hacen en los sueños. Los problemas no se esfuman en los sueños. Ya no conduzco sin carnet en los sueños. Hasta he dejado de saltar por las ventanas de los sueños porque ya no vuelo. Mis sueños y mi realidad se parecen mucho ultimamente, pero no me entristece porque creo que fueron los sueños los que impusieron sus condiciones.
Estoy en la cumbre del Yelmo al amanecer. Lo he subido casi dormido, como cuando te levantas a beber agua por la noche, mezclando el olor a lavanda con mis bostezos. He subido una vía fácil, sólo, sin cuerda. He subido muy rápido, como en esos sueños que todo va acelerado, las manos y los pies encontraban su sitio sin buscarlo. Seguramente de pequeño tuve pesadillas del estilo, una pared gigante, sólo se puede subir, no hay cuerda, no hay gente... Subir, mirar abajo, no escuchar nada, no llevar nada de material, subir sin pensar. ¿un mal sueño?
Lo normal es decir que hay que tener sueños. Pero la verdad es que lo normal sería decir que hay que realizar sueños. O mejor aún, que hay que tener realidades. En la cumbre veo amanecer y bajo casi a la carrera hasta la furgo cuando la gente todavía duerme. Me tumbo y vuelvo a quedarme dormido. Cuando me despierto me duelen las piernas de tanto soñar. Vamonos a los Alpes.
 
Arista final al Aiguille Verte (4122 m)
Arista final a la espectacular Aiguille Verte