Es sólo un futbolista derrotado pero su rostro es de tristeza infinita. Dentro de un instante todo habrá pasado y simplemente habrá sido un partido perdido. Pero antes de eso está la amargura total. Ese pequeño instante en el que los beatos blasfeman y los ateos rezan rosarios. Ese momento único de desolación con el que alguna vez nos encontramos todos. Pueden ser muertes, corazones rotos, olvidos o abandonos. O simplemente pueden ser partidos de fútbol. Porque la tristeza es un muro entre dos jardines. Sólo cambia la cantidad de ladrillos.
 
Muniain es consolado tras la derrota en la final del europeo sub-19