[ Montañas ] 30 Diciembre, 2010 23:00

Fue en el Pájaro hace algo mas de un año donde desperté de un golpe. Donde mientras soñábamos con Cervinos y otras montañas me encontré colgado de una cuerda y con el tobillo duplicado. Había que volver y lo hicimos. Pero había que subir por donde sabíamos, no intentar escondernos. Tenía tomada la decisión desde antes de escalar, sabía que largos quería hacer y la noche antes me sudaban las manos cada vez que lo pensaba. Porque la vía es sencilla pero con un grado de exposición muy alto. Simplemente escalar algo que sabemos pero con el punto mental de saber que aquí no podemos equivocarnos. Un largo muy largo donde la cuerda sólo la llevas de paseo, porque no puedes asegurarte en ningún lado.

 

El risco de El Pájaro al atardecer

 

Llevaba dos días pensando en el momento en el que me encontraba ahora. Me separo de mis compañeros y el silencio de siempre se instala. Por delante 40 metros de escalada sin ninguna protección. Empiezo sin pensar mucho lo que voy a hacer. Voy seguro, avanzando metro a metro y concentrado como nunca antes había estado. Me muevo ligero, el lujo de parar puede ser una puerta de entrada al miedo. A mitad de camino un pie se me escurre. Sólo dudo centímetros que saben a kilómetros. Por mi cabeza pasa volando la extraña idea de dejarme caer. Para qué volver a colocar el pie en su sitio. Para qué buscar un lugar donde equilibrarme. Si estoy sufriendo mejor volar. Lo pienso igual que pienso en lanzarme a las vías del tren cada vez que veo llegar la locomotora. Me doy pánico a mi mismo por haber valorado la opción de caer voluntariamente casi 30 metros. No entiendo por qué he pensado así. Todo pasa en un sólo segundo. Reacciono y coloco el pie de nuevo. Me tiembla todo el cuerpo y el miedo que había esquivado me zarandea ahora. Huyo hacia arriba de ese extraño pensamiento suicida.

En la cumbre. En la cabeza de El Pájaro

 

Cuando termino el largo y me aseguro a la pared estoy lleno de miedo. Tengo la boca y la garganta muy secas, el cuerpo empapado en sudor y las manos y piernas temblorosas. Grito a Nacho y Mario pero no me escuchan. Me da igual. Yo estoy aferrado a un extraño árbol que crece en mitad de una fisura y que no es mas grueso que mi brazo, aunque ahora mismo es la seguridad absoluta. Estoy feliz y muy asustado. He pensado en dejarme caer. Qué cosa mas rara. Por mi parte no vuelvo a hacer esta vía. La primera vez me destrocé el tobillo. La segunda me ha despertado una sensación desconocida. El Pájaro y yo estamos en paz. Una y no más.

 

[ Miradas ] 23 Diciembre, 2010 18:42

De una patada este otoño se fue. No paré de hacer cosas y no tengo nada que lo demuestre. Volví al colegio, así que volví a sentarme atrás, a copiar en los exámenes y a dibujar montañas en los apuntes. El colegio sigue igual que siempre: hay que ir muchas horas para aprender muy poco. Los exámenes también siguen siendo lo mismo: una estúpida forma de evaluar en la que los que copiamos sacamos mejor nota que los honrados. Así se siguen repartiendo títulos. Vamos a por el invierno.

 

 




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