La nieve estaba recién caida. Tras muchos días de mal tiempo el cielo se echaba a descansar y la montaña estaba completamente blanca. Y allí estábamos los dos, deseosos de subir, casi desconocidos meses atrás, compartiendo poca comida y riéndonos de la situación. Los relieves de la montaña habían desaparecido y todo estaba suavizado por la nieve. No teníamos claro si queríamos estar allí juntos o si preferíamos salir corriendo hacia delante. Abríamos huella y dibujábamos nosotros mismos el camino, con los errores propios de no tener uno marcado. Así pasamos los días, tarareando tristeza nao tem fim, felicidade sim.
 
Paola volviendo sobre nuestras huellas, cerca del refugio de Vegarredonda