[ Montañas ] 15 Mayo, 2011 16:41

Desde el aeropuerto de Lima las sensaciones son muy raras. Un viaje importante a Los Andes. Un viaje de los que llevaba soñando desde pequeño y siento que podia ser mas feliz. La unica forma de saber si la decision de venir seria buena era viniendo. Asi que aqui estamos. La compañia elegida me parece imposible de mejorar. Si vas a un lugar donde el oxigeno es de peor calidad al menos tienes que estar rodeado de la mejor gente. Alvaro y Nacho. Estamos al nivel del mar y en 4 horas aterrizaremos en La Paz a 4000 metros. Cuando se abra la puerta del avion y llegue el soroche empezara el viaje. Sin objetivos claros. Con pocos mapas. Sin sabernos la altura de los sitios que escalaremos. Con muchas ideas e ilusion. La unica manera posible como entendemos la montaña, como un juego de amigos al que dejaremos de jugar cuando alguno no se lo pase bien.

 

Hace unos dias Hector preguntaba por el condor. En el colegio habia oido hablar de el y estaba emocionado con aquel pajaro que volaba a gran altura y se encontraba en montañas lejanas. Nosotros en unos dias estaremos en Condoriri, que en aymara simplemente quiere decir cabeza de condor. Aquel animal que segun la tradicion inca nunca muere, sino que cuando se siente envejecer vuela hasta la montaña mas alta, repliega las alas y se deja caer al vacio para volver al nido y comenzar un nuevo ciclo. Hector solo tiene 6 años, pero sabe muy bien lo que le gusta.

[ Ciudades ] 08 Mayo, 2011 23:21

Salgo de un hotel en Munich queriendo estar triste. Buscando nostalgia y tranquilidad. Me encuentro una boda, a la que por supuesto no estoy invitado. Mientras me abro paso entre los invitados, ellos me miran como si fuera a robarles su alegría. Hoy no tengo ganas ni de robar. Huyo de esta felicidad y caigo de bruces en una gran verbena. Todo el mundo rie y yo naufrago entre fruta escarchada, gritos de atracciones y olor a caramelo.

 

Me paro ante las sillas voladoras y las miro durante un rato. Recuerdo como me gustaban y el miedo que me daban. Mi hermana, siempre más valiente, intentaba darme la mano para unirnos en el vuelo. Yo me agarraba a esas minúsculas cadenas que nos hacia sentir que volábamos y disfrutaba de este miedo elegido. Ahora las veo volar en esta noche de Munich que me obliga a estar de verbena. 




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