Me impresiona ver sus caras tras llegar. Tienen miradas perdidas. Buscan descanso pero sólo encuentran preguntas. Llevan toda la vida haciéndolo, pero nada mas cruzar la meta se les olvida dar pedales. Sus miradas piden misericordia, que alguien les quite esa bicicleta que ahora es un castigo, que alguien les ofrezca algo de líquido, que alguien les abrace. He fotografiado muchos deportes y en ninguno encuentro estas miradas. Este cansancio extremo que se sale por los ojos. Esas gotas de sudor que en un ejercicio de equilibrio no quieren abandonarles. Ese vaciado total de su cuerpo.
Unos días al final son sólo un montón de horas, de minutos y de tiempo
que empieza cuando sale el sol y acaba cuando se pone. Unos días al
final son sólo una serie de cosas que hacemos, que esperamos y que se
encuentran rodeados de más días. Unos días suelen ser sólo eso.
Sin embargo hay algunos que además son más cosas.
Días que marcan caminos, que
proyectan vidas, que crean ilusiones. No se parecen en nada a todos los
anteriores ni tampoco a los que vendrán. No son sólo sucesiones de
minutos, de atardeceres y amaneceres. Son sólo el principio de otros caminos. Me gustan cuando tengo estos días. Me gusta cuando alguien me acompaña en ellos y en sus cosas.
Paola paseando por Zambujeira do Mar