Me paro a pensar mientras remuevo el té durante el desayuno. Gracias al gps estoy en un lugar un tanto impreciso cercano a los Alpes italianos. He dormido en un lugar salido del pasado, rodeado de fotos y cuadros antiguos y donde sólo nos hemos cruzado con el recepcionista y un chico asiático que te arrebata las maletas de la mano cada vez que te ve. Una villa rodeada de vides y donde no podría pagar ni la cucharilla que meneo.

Es raro como he acabado aquí. No tiene nada que ver con mi mundo esta cubertería de plata, este servilismo del maletero, esta repipi amabilidad del encargado. Yo estaba hace unos días en el parque Arriaga, estudiando una carrera que no estudiaba y descubriendo que me gustaba hacer fotografías en la calle. Me llamaron para hacer una mudanza en un periódico que estaba cerca de casa y allí fui. Ahora no sé que hago en este lugar. 

Está claro que el gps tiene la cualidad de llevarte a la perfección donde quiere. Y cuando estás removiendo el té no sabes cómo y dónde has llegado.