Para nosotros la montaña no es sólo caminar, clavar piolets, tomar sopa de sobre, hacer nudos y volver a casa. La montaña es planificar rutas que nunca llegamos a hacer. Perdernos ya en la carretera que llega al monte. Parar a comer un kebab y tomar una botella de vino con Rosa y Juanito en Girona. Tener que escoger en el coche entre la autopista de peaje y una carretera que sube y baja el Galibier y no dudar.  Convertir el descanso activo en un simple juego de tirar piedrecitas, tocar la flauta y mirar las nubes. Lo que toda la vida ha sido descansar. Ir hasta Chamonix para tomar una hamburguesa en el Midnight, el sitio menos glamuroso de toda la calle, robar alguna baratija en el Technique Extreme y dormir en nuestro bosque. Regresar a Girona a sentirnos músicos junto a Edmon y Obam, rodeados de cervezas. Y para terminar, hacer la escalada más técnica de todos estos días en un bloque en medio del mar y en pelotas. Y volver a casa. Es lo que en alpinismo se llama ED (Extremadamente Difícil). Nuestro grado.