Fuera llueve. Sobre una ciudad demasiado grande. La primera impresión desde el avión es de angustia. Desde el aire no se ve un sitio libre sobre el suelo de DF. El hormigón no cree que ha sido bastante y se empeña en seguir creciendo sobre las montañas volcánicas que rodean la ciudad. La gente desde el aire no existe. No se ven ojos ni se tocan manos. Dicen que ahí abajo viven 22 millones de personas. Yo no veo a nadie.

Necesito despresurizarme y tomar oxígeno. Empezar a organizar mi angustia ante esta nueva ciudad tan lejana al modelo que busco. Yo intentando quitar hormigón de mi vida y me encuentro en Distrito Federal. Sin embargo tras los primeros días ya comienzo a ver caras. O pasear calles y poner algunos rostros a esos 22 millones que desde el aire eran una cifra.

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