Blanca tiene una casa pero está en Rabat. Pillamos un vuelo a Casablanca y de allí un tren a la casa de Blanca. Una casa que la reconoces por sus geranios de colores, aunque por dentro también es blanca. Tiene algo de eco que rápidamente lo sacamos a gritos. Y en Rabat, el antiturista que me posee se olvida el mapa en casa, asi que tengo que buscar los tesoros a tientas. Y me pierdo en las callejuelas de la medina, donde no creo que ningún mapa hubiera servido. Querría ver yo los gps por estas calles... así que lo mejor es esperar la noche y buscar la estrella polar. Sin mapa del tesoro encuentro miles a cada esquina, y con tanta callejuelas hay casi más esquinas que paredes. Aquí perseguir algo es una tontería, y más si es una foto. Mejor sentarte en cualquier escalón de la kasbah y esperar que la foto pase por delante. Y yo con esta cámara...

En Tánger comprarmos pescado y carbón y preparamos un tayín. Y pasamos frío del marroquí, que es casi exactamente igual al de cualquier otra parte del mundo, lo único que lo pasas en Marruecos. La luna llena nos sorprende bailando y cantando a los Gipsy Kings, alli, en una terraza de Tánger, caminando por la calle yo te ví... Y vuelvo con ganas de volver. Con necesidad de volver. Y esos son los sitios y las cosas que me gustan, las que provocan otras nuevas, no las que terminan.

Un tayín de pescado, los gipsy kings de fondo y esta luna llena mas de fondo... Tánger. Enero 09...

 

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