Llegará el día raro en que los gatos muerdan a los perros, en que los jubilados se levanten de su mesa camilla y que los chiringuitos de calas perdidas recuperen su vida. Y se me ocurre esto en Mallorca, donde veo gatos ladrando a perros, donde chiringuitos con un espectacular pasado andan carcomidos y donde escucho jugar al bingo en alemán.
El chiringuito está cerca de la Serra de Tramuntana, el gato en Porto Cristo y los jubilados en cualquier rincón de la isla. Quizás alguno de esos jubilados estuvo hace tiempo en el chiringuito. Entre olor a sardinas asadas y jarras de cerveza fría besaron a su amor. Escucharon una orquesta que tocaba reggae en el techo del bar, amanecieron desnudos...
 
 
Algunos han cogido el avión y ante la mala cara de sus hijos y las prohibiciones de sus médicos han regresado a poner su azúcar y su colesterol contra las cuerdas. Pero el chiringuito es sólo un armazón de madera y sillas por el suelo, la cala una urbanización para sus hijos, y el mar y el amanecer están muy fríos y muy lejos.
 
Bingo
 
Y han tenido que ir a un hotel donde las sardinas están sosas y como postres sólo hay kiwis, donde la cerveza es manzanilla y el bingo el único juego que se les permite. Y como el gato ladrando al perro, deciden , no cambiar su destino y su vida, pero al menos enseñarle sus implantes bucales, desmostrar que si ese chiringuito estuviera abierto ellos lo cerrarían al amanecer.
Asi que, justo antes de regresar a su pueblecito alemán, se acercan despacio a mojar los pies al mar, y con disimulo, toman un poco de agua con las manos y se humedecen los labios, para poder decirle a sus hijos y a sus médicos que de nuevo se han pasado con la sal.
 
 
Un gato ladra a un perro en Porto Cristo