[ Ciudades ]
05 Agosto, 2009 16:44
Siempre puede sonar el teléfono
Si estas preparando un gazpacho y pensando como
organizarte, siempre puede pasar que suene el teléfono. Y en esas que
te cojas un avión 3 horas después para ver como los niños ríen con las
turbulencias mientras yo tengo sudores fríos. Niños franceses que se
ríen de mí como si fueran de mi barrio. Vamos que los entiendo. El
avión aterriza en Bruselas para coger un coche a Lieja, trayecto en el
que intento organizar todas las cosas que había dejado en Madrid,
crampones, piolets, besos y dineros.
Este niño me alegró una espera muy larga en Lieja
Despierto en Lieja en una habitación triste pero
moderna, sin nada que indique que alguien mas había estado allí antes.
Asi que ahora me voy al centro a hacer unas fotos a un señor,
almorzamos en un típico restaurante belga con comida italiana, recojo
las cosas y voy corriendo al aeropuerto. Quiero llegar pronto y retomar
todo donde lo dejé. Y cuando estas listo para embarcar, siempre puede
ocurrir que suene otro teléfono.
Y por este fui, pero lo siguiente no fue su culpa
Y de repente a algún genio se le ocurra ir
corriendo a Manchester. Pero claro, el avión sale en 30 minutos por lo
que es necesario correr por todo un aeropuerto, esa imagen que sale en
las películas, pues así pero en un aeropuerto. Y cuando has convencido
a 3 azafatas en un idioma que probablemente hayas creado tú, entras
sudado y te sientas en tu asiento mientras todo el pasaje te mira.
Respiras aliviado y muy mosqueado.Y cuando estas intentado apagar el
móvil, siempre puede pasar que hasta suene. Y que te digan que se han
equivocado, que no era Manchester ni Liverpool, que no saben dónde era.
Asi que apagas el móvli con el avión despegando, ante la mirada
enfadada de la azafata, con la que ahora si que no te valdría ni su
idioma materno. Ves atardecer desde el avión.
Un día y medio después estoy en esta habitación de Liverpool
Asi que despiertas en Liverpool en un hotel donde
las actrices y los cantantes de boleros debían acabar sus noches hace
mucho tiempo, pero ni tu compañero es Sofia Loren ni yo soy todavía un
buen cantante de boleros. Corremos para el aeropuerto y llegamos a
tiempo de saber que no hemos llegado a tiempo. Nos volvemos a
Manchester, estoy escribiendo desde Bruselas y tengo muchas ganas de
llegar a casa. Y retomar los crampones, los piolet, los besos y los
dineros. Si me doy prisa todavía el gazpacho casi está fresquito y
aunque siempre pueda sonar el teléfono, también siempre puedo no
cogerlo.




