Tenía que hacer una fotografía de la Gran Vía de noche. Era domingo. Había que usar el trípode, captar el movimiento, las luces, la velocidad, el ajetreo de una noche de verano en chancletas, de la ciudad llena de vida. Ese era el encargo. Cuando ya volvía hacia mi moto les encontré abrazados. Gritos de borrachos ingleses caían a su alrededor como bombas asediándolos. Coches a toda velocidad aprovechaban el escaso tráfico y provocaban un ligero aire que movía sus ropas. Estaban tan quietos y tan abrazados que pude poner el trípode y hacer una exposición larga. Fue un abrazo eterno. De domingo por la noche.