[ Mares ] 12 Septiembre, 2010 19:28
Qué difícil volverse a poner las zapatillas. Entrar por la carretera y mirar los edificios. Qué difícil regresar a un sitio donde sabes que vas a estar peor que de donde venías.
Días de olas y arena, de aceite, pan y tomate, de té con percebes. Días de mar antes del desayuno, de fuego en la cena, de estrellas en la cama. Días de intentar robar algún beso, aunque sea en alemán y no entiendas a qué sabe. Días de sardinhas, cerveja y crema solar.
 

 
Días de pensar en el nuevo año para los que todavía funcionamos con el calendario escolar. Días con gente de esa con la que te subirías en un globo y esperarías que el viento decidiese destino. Días para pensar en los días que vendrán. Días para saber de que tipo de olores y sabores te gustaría estar rodeado el resto de los días.
 
 
[ Mares ] 02 Noviembre, 2009 21:35
Volvíamos a la praia do Amado en Carrapateira, donde hace sólo un año pensábamos vivir para siempre, y nos encóntrabamos cemento donde dejábamos la furgoneta para dormir, caminos de madera donde encendíamos los fuegos, escalinatas perfectas por donde antes escalábamos. Alguien ha decidido que así está mejor, asi que allí ya no encontramos a Federica, ni a Patrick ni a Paulina.  Ni nos encontramos nosotros. Asamos unas sardinas donde ya lo hicimos hace un año y preferimos irnos a otro sitio. 
 
Se acercó mientras atardecía. Se paró junto al fuego y lo miró. Nos sonrió y le sonreimos. Y se volvió a ir. En los acantilados de Zamujeira do Mar.
Vino del atardecer a mirar el fuego. Nos sonrió y le sonreimos. Sin decir ni una palabra volvió al atardecer
Zambujeira do Mar

 Y sin brújula vamos hacia el norte para descubrir los acantilados de Zambujeira do Mar. Rápidamente habíamos encontrado otro lugar para quedarnos a vivir, para compartir atardeceres y fuegos con una familia llena de niños que sí se habían quedado allí a vivir para siempre. Y leía Ensayo sobre la lucidez de Saramago, donde los poderosos se asustaban cuando la gente se ponia a pensar, cuando la gente decidía abstenerse a su mundo. Nosotros seguíamos hacia Peniche a en busca de mejores olas, al encontrarlas nos asustaron, por lo que empezamos a buscar peores olas.
 
Vueltos en la Praia do Baleal, Peniche
Patri, Santy, Jose y Carlitos volando al atardecer
Praia do Baleal, Peniche

 Y así pasamos días sin dormir en dos sitios iguales, encendiendo hogueras cada día, tragando agua en cada ola y viendo despedirse puntual al sol con una cerveza en la mano. Y como siempre elijo camino extraños estaba riéndome, saltando y jugando en la misma playa donde veinte días antes la tristeza había entrado por el móvil, el mismo que yo ahora intentaba utilizar para enviar la energía que me daba el atardecer.
 
Fuego de despedida en la playa de Supertubos, Peniche
¿En qué pensábamos cada uno cuando mirábamos el fuego?
Praia do Supertubos, Peniche
 
Y todas las noches, cuando todavía saboreábamos la sal y recordábamos los revolcones de las olas, cuando habíamos comido algo para recuperar fuerzas, cuando sólo nos iluminaba el fuego y tras el jaleo del día, había siempre unos minutos de silencio absoluto. Algunos pensaríamos en la gente que queremos, otros en los dolores que el día había anestesiado, otros en cosas del pasado, algunos simplemente en cómo se mueve el fuego del presente, otros en los proyectos del futuro. Yo entre las mil cosas que pensaba en ese silencio de fuego, estaba la de si no sería esta la playa donde vivir para siempre.

 

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[ Mares ] 09 Octubre, 2009 01:23
No creo que todavía haya cogido una buena ola en el tiempo que llevo intentándolo. Eso si, he tragado agua para poder levantar una. Simon fue el primero que me enseño en Torimbia, con unos consejos del estilo -siguemé y cuando veas una ola grande la pillas-. Él explica las cosas así.  Hoy no tenía tabla, así que cogí la cámara. 
 
Esperando la ola (onda en portugues) cuando el mar se tiñe de rojo al atardecer...
 
[ Mares, Ciudades ] 10 Febrero, 2009 23:31
Llegará el día raro en que los gatos muerdan a los perros, en que los jubilados se levanten de su mesa camilla y que los chiringuitos de calas perdidas recuperen su vida. Y se me ocurre esto en Mallorca, donde veo gatos ladrando a perros, donde chiringuitos con un espectacular pasado andan carcomidos y donde escucho jugar al bingo en alemán.
El chiringuito está cerca de la Serra de Tramuntana, el gato en Porto Cristo y los jubilados en cualquier rincón de la isla. Quizás alguno de esos jubilados estuvo hace tiempo en el chiringuito. Entre olor a sardinas asadas y jarras de cerveza fría besaron a su amor. Escucharon una orquesta que tocaba reggae en el techo del bar, amanecieron desnudos...
 
 
Algunos han cogido el avión y ante la mala cara de sus hijos y las prohibiciones de sus médicos han regresado a poner su azúcar y su colesterol contra las cuerdas. Pero el chiringuito es sólo un armazón de madera y sillas por el suelo, la cala una urbanización para sus hijos, y el mar y el amanecer están muy fríos y muy lejos.
 
Bingo
 
Y han tenido que ir a un hotel donde las sardinas están sosas y como postres sólo hay kiwis, donde la cerveza es manzanilla y el bingo el único juego que se les permite. Y como el gato ladrando al perro, deciden , no cambiar su destino y su vida, pero al menos enseñarle sus implantes bucales, desmostrar que si ese chiringuito estuviera abierto ellos lo cerrarían al amanecer.
Asi que, justo antes de regresar a su pueblecito alemán, se acercan despacio a mojar los pies al mar, y con disimulo, toman un poco de agua con las manos y se humedecen los labios, para poder decirle a sus hijos y a sus médicos que de nuevo se han pasado con la sal.
 
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Un gato ladra a un perro en Porto Cristo
[ Mares ] 06 Octubre, 2008 16:47

En Praia do Amado todo se queda en silencio al atardecer. Los surfistas locales recogen sus tablas y vuelven a casa a cenar. Las escuelas de surf bajan los cierres y despiden a sus últimos clientes. Algunos aprovechan las tranquilidad de la playa para pasear con el perro o correr buscando su larga sombra. El bullicio del día deja paso a la total tranquilidad. El sol desciende cada vez mas rápido, tanto que cuando bajas la cabeza para abrir otra cerveza, ya ha desaparecido. No se escucha nada.

Atardecer desde la furgo

Es el momento perfecto para preparar la cena. Las pocas furgonetas que llevámos aquí ya varios días somos prácticamente de la familia. Preguntas a los vecinos cómo fue el día, pides algo de pan, compartes ese momento mágico tomando una cerveza que alguién te puso en la mano. La chispa de este campamento indio la enciende Federica con unas cañas de bambú, la grita y llora la pequeña Paulina, la pone música Nacho, la hace sonreir Patrick, la cocina Jose.

Observando al maestro
 

Aquí tenemos buenas ondas, pequeña escaladas, mucha arena en los pies, un poco de sal, Cinco horas con Mario que nunca empecé, unos perros que me robaron mis zapatillas, 8 días que parecieron 2, un día que escalé desnudo, una noche que no paré de soñar. Muchas ideas. Una de ellas, la de venir aquí a vivir para siempre.

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[ Mares ] 12 Septiembre, 2008 23:41

 Todavía tengo arena en los pies. Acabo de subir de la playa de Comillas, de pasear descalzo por un día de esos que sólo hay aquí, donde la lluvia es parte de la vida, y no un intruso del que continuamente nos tapamos y huimos. Donde el sol sale a saludar entre las miles de nubes, como recordándonos que en algún sitio hace calor, para después desaparecer rápidamente.

Tras pasear con los pies en el agua me he sentado a observar. A ver a un grupo de quinceañeros, chicos y chicas, jugando sin parar, destilando una vida brutal, abrazándose, bañándose cuando nadie mas lo hacía. Los chicos rápidamente se quitaban las camisetas y jugaban a cosas del estilo quién es el que más corre, quién es el que más salta, quién es el que más aguanta dentro del agua. Algunas chicas se animaban a ese tipo de juegos y una de ellas ganaba en el juego que consistía aguantar mas tiempo haciendo el pino.

Me he alejado un poco para no ponerles cara. Porque nos veía a nosotros. Veía a Miguel y a mí haciendo competiciones. Veía a Carlos ligoteando con Esther y Carla. El David y Alberto haciendo el animal dentro del agua. Nuria sin duda era la que nos ganaba en el concurso de aguantar más tiempo haciendo el pino. Ha sido emocionante estar observándonos después de tanto tiempo. Eramos pura vida. Ese continuo movimiento, esas risas y llantos, esas ganas de conocer cosas y personas. Hoy estábamos allí, a 100 metros de mi en la playa, jugando con el presente, sin mirar para adelante ni por los retrovisores.

De repente Nuria se gira y me sonríe. Se acerca corriendo hacia mí. Debo estar alucinando, quizás me haya reconocido y me invite a jugar con ellos a ver quién es el que mas aguanta debajo del agua. Estoy emocionado, voy a volver atrás y encontrarme con todos ellos. Cuando ella está casi a mi lado me levanto preparado para empezar a jugar. Me sonríe. -Disculpe señor, ¿cómo se llama esta playa?-

ADOLESCENCIA: Transición entre el infante y el adulto, caracterizada por el fuerte interés en el presente y un limitado enfoque en el futuro.




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