Qué difícil volverse a poner las zapatillas. Entrar por la carretera y mirar los edificios. Qué difícil regresar a un sitio donde sabes que vas a estar peor que de donde venías.
Días de olas y arena, de aceite, pan y tomate, de té con percebes. Días de mar antes del desayuno, de fuego en la cena, de estrellas en la cama. Días de intentar robar algún beso, aunque sea en alemán y no entiendas a qué sabe. Días de sardinhas, cerveja y crema solar.
 

 
Días de pensar en el nuevo año para los que todavía funcionamos con el calendario escolar. Días con gente de esa con la que te subirías en un globo y esperarías que el viento decidiese destino. Días para pensar en los días que vendrán. Días para saber de que tipo de olores y sabores te gustaría estar rodeado el resto de los días.