La valla de Melilla no ha aguantado al viento. Ahora nos hablarán de rachas y tempestades, de borrascas y anticiclones, de kilómetros hora y empresas aseguradoras. Pero lo único cierto es que la valla se ha venido abajo con el viento. Me imagino que civilizaciones pasadas comprenderían rápidamente el mensaje. Seguro que la nuestra se pone manos a la obra para ponerla de nuevo en pie. Ya lo hicimos hace 5 meses. Volverá a ocurrir.