Entre cajas y trastos aparecen multitud de cartas de hace años. Correspondencias que hoy me siento a repasar, poesías adolescentes algo sonrojantes, miles de promesas incumplidas, distancia cada vez mayor entre carta y carta, hasta que de repente nos dejamos de escribir. Leyendolas ahora cuando estoy de mudanza, cuando aparecen cosas antiguas que llego a dudar que sean mías, cuando del fondo de las cajones aparecen fotos a la superficie, igual que el mar devuelve cadáveres...
 
 
Cierro la casa por última vez sin la mínima nostalgia, porque las cosas que me la producen se vienen conmigo al nuevo hogar. Muevo gran parte de mi vida en una tarde, en cajas de incontinencia de orina... Reaparecen amores que no debieron ser importantes, porque ni los recordaba, y ahora empiezo otra cosa desde un lugar que me permite ver el atardecer. Y eso en una ciudad como esta no es fácil decirlo.