Pero la vida está aquí, y el precio de la libertad es la soledad, y el precio de ser pájaro la esclavitud del viento.Y a veces sueño con una casita en el campo y un príncipe azul. Pero en el fondo sé que no puedo; me falta valor para afrontar la vida cotidiana, la rutina de un trabajo o el compromiso de un amor; nací pájaro y miro con envidia a la gente que es feliz en tierra, como el rebeco mira con nostalgia el vuelo de las águilas 

Miriam García Pascual, Bájame una estrella

 

 

Miriam pasará a la historia del montañismo no sólo por realizar algunas de las primeras ascensiones femeninas al mítico Capitán en Yosemite, sino por escribir uno de los libros más increíbles y emocionantes de montaña. Bájame una estrella es el diario de sus siete meses de escalada en Yosemite y en la Patagonia, en donde no encontraremos competiciones ni grados, donde nunca nos hablará de gestas ni triunfos, pero donde encontraremos humor y tristeza, las continuas contradicciones de una mujer que se encuentra mejor en el aire que en la tierra, que ama a los suyos  pero necesita vivir lejos de ellos.

 

Mi amigo Nachete me lo recomendó hace tiempo con una frase parecida a “cuando quieras hacer feliz a alguien al que le guste la montaña, regala este libro”. Desde entonces no paro de comprarlo, releerlo, y cuando alguien llega a casa, y hablamos de montañas, de proyectos, de nieves y rocas, al final siempre busco el libro en la estantería y acabo regalándolo.

 

Seguro que Miriam se reiría un montón si encontrara hoy en día escalando paredes a estresados oficinistas a los que su empresa les ofrece un “fin de semana de riesgo”. O no podría reprimir su ira si viera al gobierno chino montar un circo mediático para pasear su llama olímpica por la cima del Everest.

 

Porque a finales de los 80, Miriam se quedaba colgada durante días en el Capitán, o permanecía durante dos meses al pie del Fitz Roy con una dieta basada en galletas maría y un walkman con Leño sonando a la espera del buen tiempo. Y tras esos dos meses esperando una ventana de tan sólo 35 horas era capaz de - en el único día despejado- abandonar su proyecto personal y bajar hasta Río Blanco para acompañar a su amiga Silvia que horas antes había visto como el agua se tragaba a su compañero. ¿Qué importaba ya el Fitz?.

 

Ilustracion del libro Bájame una estrella

 

Miriam escribe en su diario una carta a Silvia: Me dices que no quieres ver a nadie, que tus amigos te molestan y que sólo en las montañas eres feliz. ¿Sabes Silvia? Las personas somos pequeñas, débiles, defectuosas... y muchas más cosas lindas. Las montañas son mi fuerza y donde mejor estoy; pero lo que me hace sentir viva es la gente que quiero, ellos son el aire que respiro y necesito para andar...

 

El 25 de mayo de 1990, Miriam moría sepultada por una avalancha junto con Risi y Miguel Lausín en las laderas del Meru Norte, en la India.

 

De El Precio de ser pájaro (Ricardo Martinez Llorca): Muchos años más tarde, Koldo, el guarda de un refugio de Pirineos, soñó con Míriam. Al día siguiente se despertó con una obligación presionándole las costillas. Candó la puerta del refugio, solicitó a la federación que enviara un sustituto y bajó hasta Pamplona, donde se agenció un billete de avión a Delhi. Antes de embarcarse, se dio un paseo por la escuela de escalada de Etxauri, buscando bajo los endrinos una piedra que se asemejara a la de su sueño. Se agenció una laja no muy grande, con una superficie lisa y limpia, y a golpes de buril grabó su mensaje. Guardó la piedra en el fondo de su mochila y voló a la India. En autobuses atorados de pasajeros y sudor, alcanzó Uttarkashi. Compró algo de comida, para sobrevivir durante los días que tardara en alcanzar el pie del Merhu, y se puso en marcha. Cuando llegó al pie de la vía que Míriam, Miguel y Risi habían proyectado escalar, descansó aguardando el momento apropiado para llevar a cabo su cometido. El sol destrepaba del cielo. Estaba a punto de ocultarse tras las cumbres y glaseaba la nieve con una pátina malva. Se intuía un crepúsculo de sangre. Entonces Koldo sacó la piedra de la mochila y la depositó coronando una pirámide de rocas. Se colocó la linterna frontal, encendió la bombilla y emprendió el regreso.

Detrás dejaba su mensaje: Hola Soy Míriam. Me Quedé a Vivir Aquí y Soy Feliz. Agur.