[ Montañas ]
24 Marzo, 2009 18:23
Atados con cuerda. El corredor Jean Arlaud
Muchas veces en la montaña llega un instante tremendo en el que te atas a alguien. Un nudo va a tu cintura y la otra persona se ata del otro extremo. Es un gesto muy pequeño pero que implica mucho. Desde ese momento para lo bueno y para lo malo estás unido. El otro puede asegurarte o puede tirarte. Debe ayudarte pero puede ser un incordio. Tiene que servirte para volar pero quizás no te deje despegar. Pase lo que pase sabes que al otro lado de la cuerda hay alguien.
Atardecer en el glaciar de Llardana a 2900 metros de altura
El corredor Jean Arlaud era un viejo deseo. El Posets es la segunda montaña de Pirineos con 3369 metros, pero la primera vez que la subimos no pudimos quitar la vista de ese corredor, vertical, elegante, que subia directo a la arista. La diferencia entre subir por las vias normales o por el corredor es aproximadamente la misma que entre ir por autopista o escoger la carretera de montaña. En una llegas antes, con menos peligro y por donde van todos. En la otra llegas más tarde, quizás alguien vomite por las curvas y te encontrarás poca gente. A nosotros nos gustan las pequeñas carreteras.
El corredor Jean Arlaud y Nacho en la segunda reunión a las 8.30 de la mañana
La aproximación es muy larga y como nos gusta complicar las cosas nos equivocamos y la hacemos mas dura. Tras un día y medio conseguimos llegar al glaciar y colocar el iglú por encima de todos. Cuando el sol comienza a caer el silencio es absoluto. El viento desaparece por completo y los dos pensamos si el corredor es quizás demasiado complicado. Durante la noche, entre el sueño y el desvelo, con la temperatura bastante por debajo de cero, nos tienta la idea de regresar por la mañana a la furgo y disfrutar de unas cervezas. Pero con el alba desaparece la angustia y nos ponemos en marcha a las 7 de la mañana. Los dos hemos pasado la misma rara noche, llena de dudas e imágenes, que van desapareciendo mientras suenan los crampones.
Nacho justo en la salida del corredor (venimos de la nieve en sombra de la dcha). Al fondo el pico Espadas.
Estamos tan deseosos de sacudirnos los miedos de la noche que cuando nos queremos dar cuenta hemos avanzado demasiado en el corredor sin asegurarnos. A partir de ahi turnos para abrir ruta y asegurar, aunque al que asegura alguien le debería también proteger de la tormenta de piedras que lanza el de arriba. La salida a la cresta final es el reencuentro con el sol y con la vida, tras horas en sombra y frío. En la arista hacia la cumbre recordamos nuestras pesadillas nocturnas entre risas. Llega el momento de desatar los nudos de la cintura y recoger la cuerda. Porque en la ciudad no suele haber nadie al otro lado de tu nudo.
Como siempre en la cumbre no encontramos nada, mas que ese pequeño desasiego que casi nunca me permite disfrutarla





07/04/2009, 00:08
En Moby Dick de Melville, se cuenta como los balleneros se ataban entre sí con una cuerda para realizar las tareas de despiece de los cetáceos en los costados del barco. Según Melville, la tradición exigía que si el mar arrastraba al compañero a la perdición, el deber obligaba a arrojarse al abismo antes que cortar la cuerda. Pero sólo un pequeño matiz... no creemos que esa cuerda de lealtad sólo exista en la montaña, en el mar... aunque quizá allí en las alturas la metáfora se haga más literal y literariamente elevada. Por cierto... ¿qué es desasiego? ¿Es un paso más allá de la saudade y el desasosiego de Pessoa? ¿Existen sentimientos distintos en las cumbres? ¿O sólo palabras distintas para esculpirlos?
25/03/2009, 19:51
A ver pareja, cada vez que veo vuestras fotos en la montaña, más me recordais a Mallory e Irving, ir cogiendo práctica y experiencia, para desarrollar vuestra aventurera, excitante y romántica actividad, en otro corredor más complicado... el corredor Norton, allá por los Himalayas.
24/03/2009, 20:33
Me alegro de conocer tus aventuras cuando ya han pasado. A mí no me cuentes nunca que te vas a ir a un "corredor de esos" porque me sale el instinto maternal y me acojono :-)
Bellos textos y bellas fotos Daniel, como siempre.