Sentir pinchazos en las piernas. Esta pedalada tiene que ser la última. Intentar llegar hasta ese palo. No mejor hasta aquella piedra. Que lejos esta esa piedra. Es que no se acerca. Venga que llego, dos pedaladas mas. Las piernas me pinchan ya demasiado. Ya no ando. Venga mejor hasta el palo. Esta un poco mas lejos, pero mejor hasta el palo. La piedra está demasiado cerca y así no llego nunca. Si llego al palo quizás pueda permitirme descansar un poco. Mira la piedra, si me hubiera quedado con ella ya estaría descansando. Pero escogí el palo, queda mas lejos. Joder, tenía que haber escogido la piedra, pero ya no voy a dar la vuelta. Sería estúpido. Si doy pedales es para ir hacia delante, no para buscar sitios para descansar. Es para llegar a montañas, prados verdes o simplemente palos. Como me duelen las piernas. También parece que el hombro me tira un poco desde hace rato. Ya está cerca el palo. Venga, deben ser 20 pedaladas. Quizás 30. Si 30. Porque en 20 llego al charco, pero allí es imposible. Si he dicho el palo es el palo. No puedo cambiar de pensamiento a cada momento. Anda que nube más bonita. Mejor concentrarme. Venga, ahora si deben ser 20 pedaladas. Las piernas me van a reventar. Y este maldito sonido de la cadena. Cuando me pare tengo que mirarlo porque me está volviendo loco. Mira el charco. Vamos que llego. Venga. Joder las piernas como me pinchan. Tengo un cordón desatado. Este ruido es insoportable. No puedo mas. Venga 5 pedaladas. El palo. Este ruido. El hombro me duele casi mas que las piernas. El palo. El cordón. El ruido. Mis piernas. El hombro. El palo.
 
Y luego un prado verde. Una noche perfecta. Una luna llenísima. Un poco de queso. Dos días después descendemos libres hasta el principio. En la carretera entre Sotres y Poncebos solo hay que dejarse llevar. No hay que dar pedales. El orbayu contra la cara y un agradable olor a humedad despide el camino. Sólo nos tenemos que dejar llevar.