Haciendo esfuerzos por convertirme en montaña
Cuando aprieta el frío algunos nos ponemos contentos. Cuando vemos caer nieve, cuando en nuestra casa hace más frío que en un refugio de montaña y cuando los telediarios recomiendan no coger el coche nosotros cogemos los trastos. Nos vamos a Els Encantats, unas montañas del pirineo catalán que se formaron porque dos cazadores prefirieron ir a por un rebeco que asistir a misa en el pueblo de Espot. Y claro, el castigo divino no se hizo esperar y les dejó convertidos en roca.
Nosotros comenzamos cayendo. Pero dos veces, en honor a cada cazador. Dos ostias que nos despiertan como un buen café y nos empujan hacia arriba. El reloj marca -13 grados a las 11 de la mañana y para tranquilizarnos lo damos por roto. Mi barba se llena de hielo y el aire, como si no quisiera que estuvieramos allí, nos lanza la nieve a la cara y nos zarandea de un lado a otro. Nos da un respiro cada cierto tiempo, pero cuando nos confiamos regresa con peor genio. Cuando estamos a 100 metros de la cumbre y con lo más difícil caminado nos cansamos de la batalla. No tiene sentido subir hasta donde no nos apetece. Estamos felices aquí y los cazadores sabiéndose vencedores dejan de soplar. Comenzamos el fácil descenso y lo convertimos en difícil. Es una habilidad que hemos adquirido con el tiempo. Tres pinos colocados cada 30 metros y cada vez más delgados nos sacan de allí. Yo sigo esforzándome cada día en no ir a misa, a ver si tengo la misma suerte de convertirme en montaña.





04/02/2011, 17:36
estoy contigo, mejor convertirse en montaña que en borrego