[ Mares ] 09 Octubre, 2009 01:23
No creo que todavía haya cogido una buena ola en el tiempo que llevo intentándolo. Eso si, he tragado agua para poder levantar una. Simon fue el primero que me enseño en Torimbia, con unos consejos del estilo -siguemé y cuando veas una ola grande la pillas-. Él explica las cosas así.  Hoy no tenía tabla, así que cogí la cámara. 
 
Esperando la ola (onda en portugues) cuando el mar se tiñe de rojo al atardecer...
 
[ Miradas ] 01 Octubre, 2009 17:25
Cuando entró por la meta todavía no sabía quién había ganado, sólo que no había sido él. Unas horas antes todos esperaban su victoria, todo estaba preparado, sus oídos llevaban días escuchando alabanzas, la prensa había llenado páginas enteras con sus proezas, el público quería hacerse fotos junto a él.
Ahora de repente estaba rodeado de gente pero completamente sólo. Había muchos ruidos pero él no escuchaba nada. Se dejó caer al suelo observando como los periodistas corrían detrás de los que habían ganado. Los aficionados que hace poco le miraban y fotografíaban con admiración ahora lo hacían con compasión y sin atreverse a disparar sus cámaras. Me miró extrañado, pensando por qué a mi me interesaba la derrota. 
 
Cancellara tras finalizar el Mundial de Ciclismo 09
Fabian Cancellara al finalizar el Campeonato del Mundo de Ciclismo
Mendrisio, Suiza, 27 octubre 2009

[ Montañas ] 25 Septiembre, 2009 19:54
Recién llegado de escalar Peña Santa en Picos de Europa me encuentro lleno de heridas. Golpes en las rodillas, cortes en los dedos, arañazos en los codos... Mi cuerpo recuerda a cuando regresaba de niño a casa en el pueblo. Habíamos estado cerca del pilón jugando a las trepadas.  Porque lo que hacíamos de pequeños cerca del pilón si que era escalada. Con verdadera ansia suplantábamos nuestra nula técnica por un escandaloso atrevimiento. El juego consistía en elegir una madre que debía hacer un recorrido entre peñascos de neis y todos debíamos seguirle. Escalábamos por placas llenas de musgo, trepábamos por pequeñas chimeneas, saltábamos de bloque en bloque...
 
 Sara en la Forcadona
Sara regresando por la Forcadona
 
Y la escalada de Peña Santa (2596 metros, León, Picos de Europa) es muy parecida a aquella escalada original que aprendí en los veranos de pueblo. Una escalada muy pura y comprometida, sin excesiva dificultad pero con poca protección. Una escalada alegre en una pared vertical de 600 metros, durante 7 horas y otras 4 de destrepe. Una aventura completa, en un entorno espectacular que me ha dejado una sensación muy especial en el cuerpo. Saber que escalamos a varias horas del mundo, con nuestro pequeño iglú junto a la enorme pared, buscando la ruta y perdiendo el camino, agarrados a su pared durante horas. 
 
  Simon ante la pared de Peña Santa. Tenemos que esperar un poco porque está muy mojada
Simon ante Peña Santa, casi 600 metros de pared vertical 
 
  Y por si se nos olvidaba, el atardecer nos recordaba que estábamos en un sitio único. Con el silencio absoluto, las carreras de los rebecos, las paredes de color naranja, las nubes bajo nosotros, las primeras estrellas en el cielo... nadie se atreve a hablar, probablemente porque no hay cosas mejores que decir que las que vemos. También cuando atardecía y el pueblo se quedaba un rato en silencio regresábamos en nuestras bicis a casa. -¡Qué andareis haciendo por ahí!- solía decir mi madre mientras me bañaba las heridas en agua oxigenada. Cómo se iba a imaginar ella que escalábamos, si lo único que hacíamos era subir piedras.
 
 
 
 
[ Montañas ] 30 Agosto, 2009 18:55
No están todas. Bueno no hay casi ninguna. Porque en los momentos muy malos me ruboriza sacar la cámara y en los  muy buenos me olvido de que tengo. Pero hay un poquito del Mont Blanc, del Diente del Gigante, del Cervino y del Pisón de Riglos. Y otro poquito de nosotros.
 
 
[ Montañas ] 29 Agosto, 2009 23:12
Ya se acabó. Estamos todos en casa, limpios, bien alimentados y volviendo al mundo. Han sido días de muchas emociones, de abrir los ojos de par en par, de buscar grietas en los glaciares, lineas imaginarias por las aristas... De deshacer nieve para poder hacer sopa, de ponernos los crampones para ir a mear, de despertarnos cuando casi nos deberíamos acostar. Han sido días que tendremos que ir poniendo poco a poco en orden, organizar todas las sensaciones acumuladas en nuestras estanterías de montaña, donde guardamos las cuerdas y los piolets.
 
Una noche en Aiguielle de Gouter, a 3863 metros
En Aiguille de Gouter a 3.863m, camino de la cumbre del Mont Blanc
 
Porque ya hemos vuelto de Los Alpes. Alberto escribía hoy en el cuaderno de viaje que "hay que amar el tiempo de los intentos". Y es verdad. Porque la gente acostumbra sólo a amar el tiempo de las victorias (o de los fracasos), a amar el tiempo de las cosas realizadas, a amar el tiempo de lo que se compra y vende. Nosotros hemos amado el de los intentos, el de las pruebas y los grandes errores, el de la continua equivocación de camino en que hemos convertido todas nuestras escaladas, en la eterna duda que era imposible resolver por mas mapas, brújulas y altímetros que utilizábamos.
 
En plena escalada del Dent de Geant, 4013 metros
En plena escalada al Dent de Geant
 
Y mientras lo intentábamos nos divertíamos, nos enfadábamos, nos caíamos en grietas entre risas y miedos, perdíamos el sueño por la altura, nos enamorábamos de todas las camareras, tiritábamos de frío por las noches y sudábamos por el día, hablábamos francés, italiano, eslovaco y muchos más idiomas que aprendimos, y hasta de vez en cuando, convertiamos los intentos en cumbres.
 
Nacho en la cumbre del Dent de Geant, a 4013 metros
Nacho en la cumbre del Dent de Geant, 4.013 m

 La cumbre del Mont Blanc, la cumbre del Dent de Geant, la cumbre del Pisón de Riglos y el intento frustrado al soñado Cervino. Ese sería el inventario racional del viaje, el de las estadísticas y las altitudes, el que los alpinistas imbéciles catalogarían en victorias y fracasos. En ese recorrido el Cervino sería nuestra deuda pendiente, nuestro sueño interrumpido por la falta de sueño, nuestro regreso al valle al límite de las fuerzas, mi sensación final de haber desaprovechado un momento mágico y único. Pero nosotros amamos el tiempo de los intentos, ese en el que la ruta es lo esencial, ese en el que nos han enseñado a vivir -seguramente en parte- para suavizar las derrotas.
 
Ya en casa, preparando la cena
En el hogar

[ Montañas ] 13 Agosto, 2009 15:05
El macuto que estoy preparando a mi lado no tiene mucho sentido. Parece que alguien ha metido dentro todos los objetos olvidados de una cinta de equipajes de un aeropuerto. Se mezclan guantes de alta montaña con chanclas, gafas de ventisca con bañador, ganas de meterme en los Alpes e intranquilidad por hacerlo. Ir a Pirineos, a Picos, a Gredos o, más aún, a Guadarrama forma parte de lo normal. Conozco más o menos como se comporta el tiempo, en qué bares parar a preguntar, qué carreteras coger. No conozco ni mucho menos todos los caminos y montañas, pero si me encuentro en mi barrio, con la tranquilidad que dan los amigos y los bares de siempre. Sin embargo Los Alpes los afronto con ese miedo que me causa lo desconocido, ese espacio que pongo ante las caras nuevas y a la vez esa ilusión con la que me suelo enfrentar a los nuevos descubrimientos.
 
 Diente del Gigante
 
Y aunque me faltan algunos y algunas, los que están son los mejores que podía haber. Porque Nacho fue al que primero me até a una cuerda y del que todavía no he desecho el nudo. Juanito fue la ilusión de unos ojos tremendos la primera vez que vieron el Naranjo de Bulnes. Álvaro fue la novedad, cerciorarme que todavía podía aparecer gente importante en mi vida. Carlitos Muelas fue las ganas de subir, el entusiasmo hecho montañas. Y porque Alberto fue el reencuentro, retomar nuestras vidas años después en el mismo sitio pero en muchos lugares distintos. Porque a los seis nos interesan muy poco los metros y los grados, los nombres y los héroes. Nos interesa sobre todo el camino.
 
Cervino-Matterhorn
 
Y de esta forma aterrizo hoy en Ginebra. Con el Diente del Gigante como una pequeña ilusión que ha ido creciendo con los días. Una aguja de roca a la que en el siglo XIX se llegó a lanzar un cohete para atarle una cuerda y facilitar así su acceso. De momento vamos a intentarla sin cohete, con nuestras manos y pies seguro que en algún momento algo de rodillas y codos, que nunca fuimos muy perfectos en esto de la escalada. Luego llegará el Cervino. Allí si que se pusieron nuestros ojos hace mucho tiempo y los de mucha gente durante toda su historia. Los habitantes de la zona creían que era la montaña mas alta del mundo y que en su cima se encontraba una ciudad habitada por diablos y seres malignos. Parece ser que si miras con cuidado hacia su cumbre puedes ver murallas, calles y casas. Vamos a ver si es verdad. Y esta noche dormiré ya junto al macizo del Mont Blanc donde realmente empezó todo esto. Y dormiré mal, comeré peor y estaré muy cansado durante muchos días. Y a la vuelta sabré si realmente me gusta esto de la montaña.
 



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