[ Montañas ] 06 Abril, 2010 01:21
Cabaña Verónica es un lugar muy extraño. Un refugio de alta montaña que se arrancó de un moderno portaviones estadounidense que estuvo en la guerra de Corea y que se subió a lomos de un caballo llamado Rubio. El refugio protegía los cañones antiaéreos como ahora lo hace con nosotros de una ventisca que no nos permite hacer nada mas que protegernos de ella. El lugar es sobrecogedor. Las placas metálicas silban continuamente, la puerta se abre y cierra violentamente con el aire y parece que nunca más la podrás cerrar ni abrir, los ojos de buey se empañan por dentro y se congelan por fuera. Seguro que en ocasiones la torreta piensa que estaría mejor siendo zarandeada por el agua del Pacífico.
 
Llegando a Cabaña Verónica
Nacho llegando a Cabaña Verónica
 
Las horas que pasamos allí dentro no puedo dejar de pensar en Mariano. Un hombre que vivió aquí durante casi 20 años sin apenas bajar al valle. Me angustia la sensación de todos esos años,  los inviernos casi en soledad con grandes nevadas, las tormentas del verano, los silencios del otoño. Siempre me hablaron de él, que estaba loco, que tenía muy mal genio. No se suele hablar bien de la gente que vive de otra forma. Murió hace dos años y sus cenizas se esparcieron por el pico Tesorero. Llegamos tarde, pero no puedo dejar de pensar en él.
 
En los Horcados Rojos con el pico Tesorero al fondo
En los Horcados Rojos con el pico Tesorero al fondo
 
 Tenemos miles de ideas para escalar, subimos cargados de comida y material suficiente para escalar las montañas de medio mundo. Pero el aire comienza a soplar. Nos dedicamos a pasear y a jugar con la nieve. A practicar y a caernos. A tomar nolotiles contra el dolor de muelas. A ver una foto de Hugo que me llegó al móvil dos horas después de llegar él al mundo. A pensar en Mariano. A acostarnos a la espera de buen tiempo y a despertarnos con nieve nueva y nuevos miedos de aludes. A huir de de esta torreta varada en las montañas pero sacudida con la fuerza de los mares. A entender que esta vez las montañas no quieren jugar.
 
 
 
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[ Miradas ] 22 Marzo, 2010 18:43
Hugo ha nacido hace 2 horas. Ha llegado con la primavera, impaciente, queriendo ver estos rayos de sol que casi se nos habían olvidado. Lo celebramos de la única manera que sabemos, corriendo a conocer un sitio al que tenemos muchas ganas, cabaña Verónica. Desde allí, aislados en una vieja torreta de un barco, rodeados de agujas de roca y nieve por todas partes te esperamos. Escalaremos pensando en tí, en enseñarte algún día este lugar del mundo en el que estás prácticamente fuera de él. Mostrándote que además de las rutas normales siempre hay sendas escondidas. Algún día espero llevarte allí, para que veas que se puede ser capitán de barco en medio de los Picos de Europa. Bienvenido. Ya no puedes volver atrás.
 
 
[ Miradas ] 08 Marzo, 2010 23:24
En mitad de los Picos de Europa están los Quintanales. Es la casa de Simon y sólo se llega a través de un camino que a veces hay que subir a pie. Allí vuelvo casi cada mes, a descansar de la escalada, del trabajo, del descanso. Hay días en los que allí no hacemos absolutamente nada, sólo tomar té, echar leña al fuego y estar en silencio. Un día subes y no hay nadie. Otro llegas y hay un irlandes con tres rubias yankis. Otro día llegas y hay una australiana artista, una israelí naturópata y un albañil venezolano. Y a veces nos servimos un vaso de vino y ocurren estas cosas. A un lado del vaso una rumba estruendosa y desafinada. Al otro Heidi, una galesa que intenta aprender español con nosotros de maestros.
 
 
[ Montañas ] 22 Febrero, 2010 10:55

Sólo tuve miedo cuando estaba sentado en el coche. Cuando de fondo escuchábamos Pata Negra y estábamos calentitos, me producía vértigo mirar a las montañas. Fue una sensación extraña y nueva. Revisando mentalmente las imágenes del día tenía miedo.

Habíamos escalalado el Espigüete, una montaña palentina que es la antesala de los Picos de Europa en donde encontramos las mayores dificultades que nunca antes habíamos tenido. Toda la escalada fue en un increible silencio, sin lugares para descansar, con la nieve convirtiéndose en hielo, confundiéndose con la roca, volviendo a ser nieve, envueltos en una espesa niebla...

Al final estábamos en la cumbre casi sin saberlo y salíamos de allí corriendo, sin parar de pensar de donde veníamos, pero todavía sin miedo. Este llegó sin avisar en el coche, cuando pudimos relajarnos. Mientras Raimundo cantaba llegó por fin el miedo.

 

[ Montañas ] 31 Enero, 2010 23:36
Fuimos a pasear a Miguel y a su tristeza por algunos rincones de Picos. Queríamos que viera la pared sur de Peña Santa. Que se hundiera en la nieve hasta las rodillas. Que madrugara para ver amanecer y no para ir a trabajar. Volviamos con él para escalar el picu Hibeu de madrugada. Para que viera que cuando todo está oscuro, de repente y durante escasos segundos el cielo se vuelve mágico y rojo. Después viene el día. Son muy pocos segundos y hay que estar atento. Pero son tan increibles que los hemos incluido en nuestro programa de Monitores de Tiempo Triste.
 
Amanecer en el picu Pienzu
En la cumbre del Hibeu. Son solo unos segundos.
 
Primeras luces sobre el mundo
 Primeras luces sobre el mundo
 
 La imponente pared sur de Peña Santa
La increible pared sur de Peña Santa, desde el refugio de Vegabaño
 
 
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[ Ciudades ] 28 Enero, 2010 23:07
 Mira que nos ponen edificios, gruas, antenas, señales de tráfico, señores con traje, autobuses...pero si andamos atentos por la ciudad no pueden ocultarnos el sol, la luna, las montañas. Así que hoy he salido a la terraza, he esquivado un par de gruas, muchas antenas, miles de edificios y estaba ahí. La bola del mundo, la sierra de Madrid, la nieve. No consiguen que no la veamos, aunque cuidado, que siguen intentándolo.
 
La sierra de Madrid desde la gruas de Madrid
 



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