Con el nuevo año iniciaré mi bitácora en sinDominio. Y qué mejor nombre
para un cuaderno de bitácora que el del barco que dio nacimiento a la idea
más poderosa y probablemente más subversiva que ha producido el mundo
moderno. En efecto, Beagle fue la nave en la que se embarcó un joven
naturalista inglés, recién licenciado en Teología, rumbo a Patagonia, Tierra
de Fuego, Chile y Perú. Al iniciar su travesía, Charles Darwin,
que ese
era el nombre del joven naturalista, creía firmemente, como todos sus
contemporáneos, que cada especie animal y vegetal había sido creada
separadamente por Dios, y que no cambiaba jamás. Al finalizar el viaje,
después de mil vicisitudes durante cinco largos años navegando por lugares remotos, nunca antes visitados por
científico alguno, Darwin ya había intuido la idea clave
que nos ha permitido conocer nuestro origen, nuestra evolución y el de
todas las especies vivas.

No se trata de una idea filosófica más. Después de más de dos millones de años de existencia de la especie
humana, podemos sentirnos afortunados por formar parte de una de las
primeras generaciones que han comprendido de dónde venimos y adónde vamos,
que saben que no somos fruto de ningún mito
sagrado ni de ninguna creación divina, sino de un sencillo, vulgar y
ciego algoritmo al que Darwin llamó "selección natural" y que rige la
vida entera sobre la Tierra desde hace 3500 millones de años. Esa idea,
más que ninguna otra, debería permitir que nos librásemos de crueles
dioses sedientos de sangre, al abrirnos las puertas del secreto de
la vida y permitido librarnos de la idea de Dios, respondiendo a preguntas que han atormentado a
nuestros antepasados. Pero por desgracia no basta con eso, la tendencia humana a buscar explicaciones sobrenaturales sigue intacta y marca las agendas políticas de gran parte del mundo más que nunca.
Sin embargo, desde aquellas escalas en las Galápagos, cuando
aquellos pinzones de pico ligeramente distinto llamaron la atención de
Darwin, la humanidad ya no puede ser la misma ni volverá a ser la
misma. Pese a que todavía, casi doscientos años después de aquel viaje
y aquella idea, muchos todavía organicen cruzadas para enterrarla.
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