Era de noche, había algo de niebla. Bajé el cristal del taxi y noté en el rostro el aire fresco de la noche invernal de Sao Paulo. En la autopista, recien llegado, observé por primera vez algo fuera de lo corriente, algo que me indicaba que no estaba en una ciudad como las que yo conocía. Los motoristas se comportaban de un modo extraño: cuando los coches se detenían por el embotellamiento, ellos aceleraban y se introducían a toda velocidad por entre la melé de carros y más carros. Casí rozándolos por pocos milímetros y tan sólo protegidos con las señales acústicas de su bocina, como queriendo decir: "Cuidado, qué estoy pasando, no gires ahora, no saques el brazo..." ¡Cielos! No hay nada más característico de Sao Paulo que el chicharreo perenne del claxon de los motoboys.

Antoni Abab aterrizó mucho antes que nosotros en esta ciudad, y gracias a su curro y, también a la pasta de la AECID, puso en marcha unos de los proyectos sociales más interesantes que se han hecho con nuevas tecnologías: Canal*Motoboy.

Básicamente, se basa en pasarles a unos cuantos de motoboys (mensajeros), unos teléfonos móviles con cámara y conexión a un servidor web donde poder subir fotos y materiales de su día a día. La experiencia, positiva, ha permitido a este grupo de motoboys reafirmarse como colectivo, denunciar su penosa vida laboral y organizarse políticamente.
¿No es éso lo que intentamos nosotros desde hace años la mar de años?
Bien por Abab.

¡Pit, pit, pit!
D.