nordi

Un día más en La Cañada Real Galiana. Seguimos respirando humo.

Comenzamos las entrevistas. Las palabras lanzadas a cámara apuntan al centro, pero la diana cada día parece más inabarcable.

Mientras Leticia, Rafa y Elisa graban, otros tratamos de acercar a los chicos al ordenador. David a los mandos del videojuego. Yo diseño torpes carteles bajo la dirección de unos pocos. Posan encantados al hacer las fotografías, pero no tienen paciencia conmigo cuando nos sentamos frente a la pantalla. No me extraña.

No es fácil salir airosos del caos, corremos peligro de caer en la apatía que inunda la atmósfera. Nos agarramos a instantes en los que la nube de humo se despeja, y nos deja ver algo de lo que esconde.

Conversaciones serenas entre David y algunos chicos lejos del griterío y de las luchas por el liderazgo. La concentración de Houda detrás de la cámara. La pequeña no quiere aparecer retratada. Como ninguna de las chicas. Prefieren la posición al otro lado del objetivo. El discurso encendido de Nordi, que asume el papel de portavoz de una lucha indefinida. Y José Luis, el histórico de 15 años que escucha a Bach antes de dormir. Nos narra, mientras recorre con el dedo las vistas desde el Fanal, cómo era aquello antes de que llegaran los desperdicios de la ciudad.

 

 
Nuestra despedida coincide con el atardecer y retrasamos la salida con la mirada perdida en la belleza de ese paisaje irreal. Nos acompañan, como cada tarde, las bandadas de pájaros que se dirigen a comer al vertedero.
 
Fotos de Elisa Fuenzalida y Tina Paterson para Bordergames

C. H