Empezaron hace ocho años y su último trabajo fue en una favela de San Pablo, Bordergames está formado por un grupo de madrileños que, casi sin pensarlo, traspasaron fronteras con un videojuego.

“El objetivo es el juego, pero lo más importante son los talleres de trabajo”, dice Tina Paterson, una integrante de este colectivo autónomo que se dedica a la creación de videojuegos en conjunto con la comunidad que elijan. El método con el que operan consiste en que las propias personas que viven la realidad a intervenir participen en la realización y que -con la ayuda de profesionales de diferentes áreas- puedan reconstruir situaciones que deben solucionar cotidianamente: búsqueda de vivienda, de trabajo, su condición de legalidad provisional, entre otras tantas problemáticas. Paterson cuenta que los chicos con los que trabajan, en general, oscilan entre doce y veinticinco, y que aprenden -en el proceso- escritura de guión, fotografía, dibujo, manejo de herramientas informáticas y, también, a reflexionar sobre su realidad y a proponer alternativas que puede que luego estén reflejadas en el resultado final.

La dinámica del juego se puede comparar con second life ya que es “conversacional”, y eligieron este formato porque es una manera de entrar rápidamente en contacto con las generaciones actuales.

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