Estos días hemos empezado nuestro trabajo por Sâo Paulo. El trabajo de colaboración nos ha llevado un año de tiempo, que en verdad se resume en dos viajes por la megalópolis del asfalto, más un curro impecable de coordinación con el personal educativo del centro y su trabajo previo con el grupo de chavales. No es que haya sido llegar y besar el santo (más que nada porque esto está lleno de santos, santas, y demases), pero sí hemos notado la eficacia y trabajo en red de la ciudad/país que tuvo a Paulo Freire como referente educativo.

El trabajo en los CEU en Brasil supone un trabajo de producción cultural, pedagogía y acción social plenamente articulado en el espacio de los barrios En concreto en el barrio de Alvarenga (o favela) supone una activación y paraíso de trabajo social que bien podrían aprender las autoridades estatales o los proto-proyectos que estos días se cuelgan las medallas de producción cultural alternativa. Lo que más choca es que nada más llegar a la zona sur limítrofe con el barrio, antes de pasar el embalse de brasil situado al sur, podemos divisar la señal de tráfico que nos indica el CEU Alvarenga. El complejo es gigantesco, unos 8000 m2 cuadrados, de los que una parte se los come un amplio bosque y zonas deportivas. Lo que de verdad nos alucina, es la estructura e infraestructura humana y espacial que fundamenta el SEU: desde una guardería circular, pasando por un complejo de tres plantas de aulas escolares, dos piscinas y hasta una cancha de basket. Pero además hay que sumar a este basto complejo el espacio donde nosotros trabajamos: una equipación a modo de cubo (en las fotos tenemos el ejemplo). Un espacio dinámico de 4 pisos, con talleres de música, bailes, tecnologías, artes, y un largo etc... En el que habría que destacar su estupendo espacio teatral, que mas de un centro oficial modernesco también querría para sí.... El trasiego de hordas de niños sonrientes, educadores y cuidadores es constante, y el bon día¡¡¡ chao¡¡¡ (o  simplemente hola¡¡), es la constante en los pasillos que demuestran que eso de las redes  no lo inventaron los sociólogos o no son meras etiquetas para demagogia comunitaria camufladas en centros culturales.

Toda esta somera descripción, en definitiva, quizás valga para recordarnos un país, donde la cultural, acción educativa y la acción social forman un tripartito perfecto, juntos de la mano, sin distinción y con mucha fuerza. En esto creemos, podríamos ya centrar nuestra atención cada vez que hablamos de políticas culturales o de centros sociales, y además, qué demonios, lo hacen bien, sencillo, productivo, y sobretodo amable y cercano... menos es más.

j.r.

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os dejamos una muestra del trabajo del escenario a modo de prueba