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puede volverse seca y dura pero no
porque sea pobre sino
para no contribuir a la riqueza oficial
J. Gelman
Llegó el otoño, los vientos frios que cortan la piel, la lluvia, el frio que incitan a no hacer nada , si acaso recordar de forma melancólica. Las calles también se han enfriado, y las voces en común padecen ronquera, los cuerpos colectivos no calientan suficiente y resulta casi facil traicionar el deseo que nos mueve.
Así que volvemos a intentarlo: será así, de momento, de semana en semana, buscando razones para no perdernos y para, a ser posible, encontrarnos.
Y nos movemos en una situación que se presenta bien compleja. El país se va sumergiendo en una realidad de precampaña, entre medidas estrella con bonos de ayuda a los que ninguna tenemos acceso, Alcaráz al borde de la beatificación, la familia real haciendo parodia de si misma y bochornosos accesos de patriotismo por parte de unos y de otros.
Una suerte de circo en el que las cosas importantes de la vida se emborronan hasta la invisibilidad, aunque a veces, consigamos rescatarlas del olvido, saltemos alguna vaya, podamos ocupar las calles por un momento, juntas y reclamar nuestras verdades, las no oficiales, las construidas socialmente, las que nos dan sentido.
Así que desde aquí, nos apatece juntarnos de otra forma, pensar el encuentro: ya sabeis, el espacio no permite dejarnos a la política del imprevisto, pero sí buscarnos y juntar cachitos. Tejer redes y comunicarse: producción de vida autónoma decíamos, de tiempo común, para pensar el momento que nos toca y afrontarlo sin abandonarse a la soledad de lo propio.
Tenemos algunas líneas de reflexión abiertas que nos apetece compartir y pensar en común, también abordar otras propuestas. Tenemos también muchas tareas que resolver abiertas a la colaboración.
Iremos entonces, comunicando y proponiendo, para vernos, escucharnos y pensar en común , capaz que a una de estas, armamos algo.












