Amigos para siempre, decía aquella cancioncilla, himno olímpico, que
pasó a mejor vida en el 92. ¿Qué será del grupo que la cantaba?
¿Pasarán el verano de gira por fiestas mayores de pueblos del Segrià?
La
precariedad parece que vaya unida a la cutrez, a la mediocridad, al
fracaso, a no saber aprovechar las oportunidades que te ofrece América.
Te preparas para ser un experto en Inteligencia Artificial, y terminas
dando clases de Word en una academia de repaso escolar; quieres ser
actor de teatro, y terminas actuando los veranos en un parque temático;
quieres ser virtuoso del violín, y acabas en escenarios de fiestas
mayores tocando música pachanguera...
La precariedad parece
soportable cuando va unida a la provisionalidad, a la juventud, a ese
"estoy empezando, abriéndome camino...", pero cuando se vuelve una
condición permanente, cuando el precario también envejece, entonces
pierde cualquier glamour que pudiera haber tenido, y la precariedad
recupera el viejo nombre que siempre tuvo... pobreza, mendicidad,
asistencia, caridad.
Precariedad para hoy... pobreza para mañana. América es así... un país libre.