En teoria no me puedo quejar

Publicat per nilska | 30 Ago, 2005
    Hoy he vuelto de vacaciones. Es terrible. Hoy vuelve a ser todo igual. Ayer, mientras mis vacaciones daban los últimos coletazos, una amiga me decía “para mí, madurar significa aburrirte y que no te importe”. No lo sé, yo a partir de hoy vuelvo a madrugar y no tengo tiempo para aburrirme sin hacer nada. Sólo puedo aburrirme trabajando, si se me permite la redundancia.


    Mi precariedad no consiste, como otras muchas, en una flexibilidad extrema en el horario de curro, ni en el constante tránsito entre tiempos de trabajo y tiempos de no-trabajo. Mi precariedad es igual, pero completamente distinta. Me obliga a estar disponible de nueve de la mañana a nueve de la noche, cada día, de lunes a viernes, si bien es cierto que habitualmente no trabajo más de nueve horas al día.

    Trabajo con mi cerebro, poniendo todo mi (poco) talento al servicio de esa Barcelona que sólo baja de la Diagonal para comprar en el Passeig de Gracia. Esa Barcelona de los triunfadores, tan elegante, tan educada, con esos gustos tan finos… nada que ver con la Barcelona en la que vivo cuando salgo de esa jaula de oro.

    Pero en teoría no me puedo quejar. En teoría soy una persona afortunada. Tengo una formación universitaria y la gente de mi promoción, dicen, está peor. Yo, dicen, tengo suerte porque el sitio donde curro, dicen, es muy prestigioso. Y ya se sabe, los comienzos son duros y en este mundo nadie regala nada. Por eso, en teoría no me puedo quejar. En la práctica tampoco me puedo quejar, porque si lo hiciera me iría a la calle. Y, según dicen, sería tonta si dejara pasar esta oportunidad, porque en estudios así sólo se entra, dicen, si eres muy buena o si eres “el hijo de”. Desde luego, este mundillo está lleno de “hijos de”; está lleno de hijos de puta, por ejemplo. Pero como yo no soy muy brillante, dicen, ni soy “hijo de”, sería tonta si me quejara y si me fuera de aquí. Hace poco me dijeron que me quejaba de vicio y que siempre puedo buscarme otro trabajo por las noches si no llego a fin de mes.

    En teoría, mis jefes me están haciendo un favor porque me están ofreciendo una buena formación y encima me pagan casi 500 euros al mes (en negro, claro, que no está la vida para derrochar, y ya tendré tiempo de cotizar que tengo toda la vida por delante). En teoría, tengo que estar agradecida a mis jefes. Hace poco les escuché una conversación; hablaban de un puesto relacionado con nuestro trabajo (pero que no es el suyo… y mucho menos el mío). Decían “claro, ese es un puesto tranquilo y se vive bien, pero no está bien pagado. Yo no me lo podría permitir porque tengo dos hijas y muchos gastos… y es que ¿quién puede vivir hoy con 3.000 euros?” Tres mil euros al mes, medio kilo… creo que yo sí que podría vivir con eso. Me llegaría, creo, para pagar el pedazo de alquiler que me piden por la mierda de piso en la que vivo. Me llagaría para no tener que robar en el super, y podría pagar alguno de esos libros que leo pero no compro. Podría ir al cine en vez de comprar las pelis en una manta… Creo que yo sí que podría vivir con 3.000 euros al mes. Al parecer, para mis jefes es una miseria. Por eso me pagan casi 500 €, para que aprenda la suerte que tengo.

    Y se supone que para mí también es una miseria, porque en teoría algún día seré como mis jefes. Dale tiempo, dicen. Se supone que eso debo creer yo.

    En teoría soy una persona privilegiada.
    En teoría… porque en la práctica estoy jodida.