el gesto de Antígona

Lo que consiguió el acto de Evo Morales en la Universidad

— Escrito por pablo @ 13:56

Iñigo Errejón Galván y Pablo Iglesias Turrión

 

Rebelión 18 de Septiembre de 2009


El Presidente del Estado Plurinacional de Bolivia, Evo Morales Ayma, pronunció una conferencia en la Facultad de Ciencias Políticas y Sociología de la Universidad Complutense de Madrid el pasado lunes 14 de septiembre de 2009. La relevancia del acto y algunos elementos del mismo hacen recomendable, creemos, una revisión y explicación de lo que se pretendía y lo que se hizo, como modelo a criticar, imitar en lo deseable y superar en lo demás.

El acto había sido diseñado y organizado por la Fundación CEPS, la red de profesores “la Promotora” y la Asociación Universitaria Contrapoder. El objetivo inicial, además de conseguir la presencia de Evo Morales, era que el acto fuese inequívocamente político: un recibimiento caluroso para un ejemplo vivo de que es posible hacer política de otra forma, “mandar obedeciendo al pueblo” en palabras del propio Presidente el día de su proclamación en Enero de 2006.

Se presentaba un presidente cuyo bagaje es la lucha sindical y la militancia en los movimientos sociales, líder de una ruptura democrática con la gobernabilidad neoliberal y la institucionalidad excluyente y oligárquica en Bolivia. No venía a la facultad un “político”, sino un compañero. Sus códigos, sus maneras, sus antecedentes y horizontes, nos sitúan, a los movimientos sociales y organizaciones políticas de izquierdas, como sus más lógicos interlocutores. Así quedó, nos parece, confirmado por el propio Presidente en sus palabras y en sus gestos. Esto es algo de lo que nos enorgullecemos, y un camino que pretendemos profundizar.

El acto comenzó con un mural en homenaje a Tupac Katari, líder indígena del mayor levantamiento contra la corona española, acompañado por una placa explicativa y otra conmemorativa, firmada por las tres organizaciones que convocaban el acto y por una estrella roja de cinco puntas. Se eligió a Katari por la importancia central, demasiado a menudo minusvalorada por gran parte de la izquierda, del impacto de las luchas anticoloniales en el sistema mundo moderno capitalista, que tiene en la colonialidad uno de sus pilares constitutivos. También se eligió por la propia importancia como antecedente explícitamente reivindicado desde el proyecto emancipador encabezado actualmente en Bolivia por el gobierno del Movimiento Al Socialismo (MAS).

La inauguración del mural por parte de Evo Morales que sólo a última hora fue asumida por el Decanato de la Facultad, fue el producto de la determinación de los militantes de izquierdas que estuvieron detrás de la convocatoria del acto. El decanato de la Facultad de Ciencias Políticas y Sociología trató de evitar, hasta un día antes de la llegada de Evo Morales, la realización del mural y la fijación de las placas. Los organizadores decidieron poner en conocimiento de las autoridades académicas todos los detalles del acto y, por supuesto, invitar a las máximas autoridades de la Facultad y la Universidad a participar en el mismo pero en ningún caso aceptaron que se fiscalizaran las decisiones sobre el uso democrático del espacio público.

Ante lo inevitable, el mismo lunes se produjo una reunión entre los organizadores y todo el equipo decanal en la que el decano aceptó la fijación de las placas lamentando que no se incluyera en las mismas ninguna referencia a las autoridades académicas (es difícil aparecer en una placa que se ha rechazado hasta el último momento). En la inauguración del mural tuvo su ironía ver a algunas autoridades de la facultad esforzar su mejor sonrisa de circunstancias mientras el Presidente de Bolivia posaba con el puño en alto junto a varios estudiantes de la organización.

Éste es un ejemplo de que la intervención política de izquierdas debe asumir riesgos y de que, combinando con inteligencia la búsqueda de legitimidad y el desafío, puede conquistar terrenos o momentos a priori poco accesibles. El mural de Katari quedará como testigo de que se puede ocupar el centro del espacio público saliendo de la marginalidad sin renunciar ni un ápice a la radicalidad.

Después el Presidente Morales continuó, tal y como había entrado, rodeado por un cordón de seguridad de estudiantes identificados con brazaletes rojos. El servicio de orden desempeñó bien sus funciones de acelerar los tiempos y facilitar el desarrollo del acto. Pero tenía una misión mucho más importante: Demostrar la capacidad de gestión y control del espacio de la facultad por parte de los estudiantes de izquierdas organizados. Se trataba de hacer una demostración práctica de contrapoder.

El hecho de que tanto los servicios de protección del presidente como los agentes españoles encargados de la seguridad del acto se pusieran en contacto con el servicio de orden de los estudiantes para coordinar la seguridad del evento demuestra unos niveles de autoorganización en la facultad de los que solo podemos sentirnos orgullosos. Sin duda no fue cómodo para los responsables del servicio de orden el trato con la policía pero pensamos que el hecho de que ésta se dirigiera a los estudiantes y no a los servicios de seguridad de la Universidad Complutense, demuestra la seriedad del movimiento estudiantil en nuestra facultad. Decían los revolucionarios del siglo XIX que lo que más temía de ellos la burguesía no era su capacidad de generar desorden sino, por el contrario, la de mantenerlo. Los organizadores también lo consideraron así, y desplegaron una demostración de orden alternativo.

En la misma facultad en la que Rosa Díez y su partido mediático o Josep Piqué y su pasado manchado de crímenes de guerra, sólo consiguieron una foto entre protestas y gritos, Evo Morales entró escoltado por un cordón estudiantil a un salón de actos abarrotado que le ovacionó. Creemos que ello es una prueba de hegemonía en la facultad como imaginario dominante de izquierdas que sabe desplegarse en el espacio definiendo lo posible y lo esperable.

Dentro de la facultad de Ciencias Políticas y Sociología de la UCM se instituye –en lo cotidiano pero con más intensidad en ocasiones concretas- un “sentido común de izquierdas”, justamente opuesto al consenso conservador generalizado que impera en Madrid. Esto no es nada intrínseco al centro sino un logro cultural e ideológico de la izquierda organizada, estudiantil y de profesores e investigadores de la facultad.

La conferencia del presidente Evo Morales fue presentada y precedida por intervenciones de los organizadores y del decano de la facultad y el rector de la universidad. El primero, seguramente incómodo, tuvo que reconocerse fuera de la conexión entre la mayoría de los estudiantes de su facultad y el Jefe de Estado que se sentaba a su lado. El segundo tuvo algo más de suerte a la hora de ubicarse en esa relación pero creemos que va siendo hora de que se dé cuenta de que deberá rectificar muchas cosas si pretende mantener el apoyo estudiantil que en su día recibió. Pero el protagonismo en el acto fue para la izquierda organizada, la que saludó a Evo Morales como “compañero presidente”, agradeciéndole haber encabezado una quiebra del imaginario colonial, habernos devuelto la confianza en la política, haber demostrado que siempre se puede ir más allá de lo que las certezas de época parecen aconsejar.

Morales, por su parte, agradeció emocionado el recibimiento de una “juventud revolucionaria” que no esperaba encontrar en el Estado español. Explicó los logros de su gobierno, indígena y popular, y pidió ayuda para profundizar y extender las transformaciones igualitaristas, la armonía con la madre tierra y la solidaridad antiimperialista de los pueblos. Su conferencia fue una demostración de cercanía, humildad y orgullo. El indio sindicalista que desafiaba al Neoliberalismo cortando rutas, hoy puede decir que es gobierno, mientras el modelo económico y político neoliberal ha sido globalmente derrotado y, en América Latina, comienza a ser revertido.

La puesta en escena que desplegaron los organizadores, antes y durante la conferencia, brindó al presidente Morales una excelente plataforma para suscitar simpatías y solidaridad entre muchos sectores políticos del país. Además le ofreció un altavoz internacional de legitimidad en el escenario político boliviano frente a la oposición que le acusa de estar aislado (gracias al prestigio de la Universidad Complutense) y en los medios de comunicación globales, en los que apareció con un apoyo público y específicamente estudiantil que muchos jefes de Estado querrían y casi ninguno puede suscitar ni aún con todos sus aparatos mediáticos y de imagen.

Somos plenamente conscientes tanto de la modestia del acto sobre el que escribimos como de las dificultades de exportar modelos y formas políticas de América Latina al Estado español. La construcción de una izquierda política que enfrente con éxito el discurso y los valores de la derecha ofreciéndose como vehículo de las desafecciones con el bloque dominante español es una tarea que sólo los militantes de izquierda pueden llevar a cabo. Sin embargo, creemos en la posibilidad de la interpenetración entre experiencias antisistémicas en diferentes lugares del globo como parte de un esfuerzo global para erigir una alternativa a la crisis de la modernidad capitalista, colonial y patriarcal.

Al mismo tiempo, nos parece que la consolidación de gobiernos de izquierdas en América Latina es una magnífica ventana de oportunidad para la izquierda en el Estado español. En primer lugar porque nos proporciona una visibilidad que no nos correspondería por nuestra capacidad política actual. En segundo lugar porque nos obliga, en tanto que sector social minoritario, a madurar y a pensar en términos políticos, elevando la ambición y las exigencias en un esfuerzo de gran alcance formativo en el que tenemos –precisamente por nuestra debilidad- muy poco que perder y mucho por ganar.

El acto del lunes en la Facultad de Ciencias Políticas y Sociología de la Universidad Complutense de Madrid fue una pequeña pero valiosa prueba de que -aún con dispositivos políticos precarios- se puede liderar la conformación de las agendas políticas y obligar al resto de actores a tomar posición según parámetros que nosotros fijamos, demostrar fuerza organizativa y presentarse como actor político insoslayable en la discusión pública.


Iñigo Errejón es investigador y Pablo Iglesias profesor en la Facultad de Ciencias Políticas y Sociología de la Universidad Complutense. Ambos son miembros de la Fundación CEPS

La pregunta sobre el bien (Bertolt Brecht)

— Escrito por pablo @ 12:33

Da un paso al frente: oímos
que eres un buen hombre.
No pueden comprarte, pero el relámpago
que golpea la casa tampoco
puede ser comprado.
Mantienes la palabra.
Pero ¿qué dijiste?
Eres sincero, das tu opinión.
¿Qué opinión?
Eres valiente.
¿Contra quién?
Eres sabio.
¿Para quién?
No persigues tu beneficio personal.
¿Qué persigues entonces?
Eres un buen amigo.
¿Eres también un buen amigo de la gente buena?

Escúchanos: sabemos
que eres nuestro enemigo. Por ello
te pondremos frente al muro. Pero en consideración
a tus méritos y buenas cualidades
te pondremos frente a un buen muro y te dispararemos
con una bala buena de un arma buena y te enterraremos
con una pala buena en la buena tierra

Brecht


Asesinato de un antisistema

— Escrito por pablo @ 13:54

Pablo Iglesias Turrión y Ariel Jerez Novara

 

Rebelión 11 de Mayo de 2008


La mañana de ayer, el diario El País hizo públicas las filmaciones de las cámaras de seguridad del metro de Madrid que recogen el asesinato del joven antifascista Carlos Palomino, a manos del militar ultraderechista Josué Estébanez, el 11 de noviembre de 2007. Las imágenes son demoledoras; prueba de ello es que tanto la fiscalía como el resto de acusaciones han coincidido en la calificación de este hecho como asesinato, mientras que la otra puñalada que Estébanez asestó al compañero de Carlos que trató de desarmarle, ha sido calificada como homicidio en grado de tentativa.

Lo que resulta inaceptable del tratamiento que varios medios de comunicación han dado a la noticia, es el uso de un lenguaje que criminaliza el antifascismo. Se define a la víctima y a sus compañeros como anti-sistema, intentando dar a este calificativo una carga valorativa desfavorable, de manera que el asesinato de un antifascista se presenta casi como una pelea entre bandas rivales. A setenta años de la victoria del general Franco merced al apoyo de Alemania e Italia y a la no intervención de Inglaterra y Francia, no se puede consentir que se ponga en entredicho el ejemplo moral de los antifascistas (y anti-sistema) de ayer y de hoy. Como ha escrito Immanuel Wallerstein, profesor estadounidense de origen judío, a los movimientos anti-sistema hay que agradecerles, entre otras conquistas, el sufragio universal, la extensión de los derechos sociales y la descolonización. De hecho, casi todos los avances políticos en un sentido progresivo de la humanidad se deben, en buena medida, a su acción en la Historia. Para el caso de nuestro país, estos movimientos fueron además un ejemplo para el mundo en la lucha contra el Fascismo.

La pasada semana, la Asociación de Descendientes del Exilio Español (ADEE), vinculada al PSOE, intentó rendir un homenaje a los antifascistas españoles que lucharon en la Segunda Guerra Mundial y sufrieron los campos de concentración nazis, así como a los voluntarios de las brigadas internacionales que combatieron en España. Entre las personalidades que participaron de los actos de homenaje había altos cargos de los ministerios de la Presidencia, Exteriores, Justicia, Defensa, diputados del PSOE, el rector de la UCM, e incluso la embajadora del Reino Unido en España.

Tal vez se sorprenderían buena parte de estos “pro-sistema” que participaron en el homenaje si supieran que la mayoría de los militantes antifascistas a los que homenajeaban fueron genuinos anti-sistema, miembros de organizaciones comunistas, anarquistas y socialistas que lucharon por transformar un sistema injusto y que, como no podía ser de otra manera, fueron los más generosos a la hora de enfrentar la peor de las formas de organización política del Capitalismo; el Fascismo y el Nazismo que fue durante tanto tiempo aplaudido por buena parte de los liberal-conservadores (pro-sistema) europeos.

No sabemos si los viejos antifascistas, supervivientes de tantas luchas, se sentirán honrados al recibir medallas y honores de Estado de tanto pro-sistema. Lo que está claro es que no hay mejor homenaje a su memoria y a su ejemplo que la lucha de miles de jóvenes como Carlos Palomino, dispuestos a arriesgar sus vidas para impedir que los grupos neo-fascistas recorran barrios obreros coreando consignas reaccionarias y xenófobas.

La madre de Carlos Palomino declaró haber recibido una llamada del ministro Rubalcaba que le dijo: “su hijo era uno de los nuestros”. No sabemos si había sorna o buena intención en las palabras del Ministro (o tal vez ese día se levantó con espíritu anti-sistema) pero quizá el responsable político de que en este país los funcionarios de policía reciban incentivos de productividad por cazar migrantes indocumentados, debería haber sido más prudente. A él y al señor Santos Castro Fernández (Director General de Relaciones Institucionales del Ministerio de Defensa, presente en el acto de homenaje de la ADEE a los veteranos antifascistas) nos gustaría recordarles que el asesino de Carlos Palomino era un soldado profesional. Ese sí que era de los suyos.

Escribía Jorge Semprún en Le Grand Voyage que “no todas las muertes tienen el mismo peso, claro que no. Ningún cadáver del ejército alemán valdrá jamás el peso en humo de uno solo de mis compañeros muertos”. Se nos disculpará que hagamos nuestras estas palabras de quien un día fue Federico Sánchez. Creemos que la memoria de un antifascista bien lo merece.

Pablo Iglesias Turrión y Ariel Jerez Novara son profesores de Ciencia Política de la Universidad Complutense y miembros del colectivo La Promotora.


Esfera pública y universidad

— Escrito por pablo @ 13:52

 ARIEL JEREZ, CAROLINA BESANA Y PABLO IGLESIAS

 

Público, 2 de Mayo de 2009

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Los analistas sociales preocupados por el orden democrático, siempre conflictivo e inacabado, cada vez somos más conscientes –y estamos cada vez más preocupados– por la salud de nuestra esfera pública. Dentro de los diversos operadores que la gestionan, los medios de comunicación, en su inmensa mayoría, juegan un papel políticamente conservador, más grave en el caso español, donde la reflexión sobre la independencia del llamado cuarto poder que iluminó la modernidad
occidental estuvo limitada por nuestro pasado autoritario, que va más allá del franquismo.
Los cierres y exclusiones que los medios operan en la esfera pública están en la base de la derechización de nuestras coordenadas ideológicas. Gracias a su capacidad de monopolizar agendas, en los últimos 30 años de democracia española hemos sido extenuados con millones de páginas y horas de información dedicadas al terrorismo y al nacionalismo, pero hemos contado con poca y mala información para pensar y deliberar sobre la calidad de las políticas sociales; sobre los límites de nuestra convivencia intercultural (tanto con los inmigrantes como entre las diversos sentimientos nacionales peninsulares); sobre un sistema electoral antipluralista o el modelo económico (con el que es imposible afrontar la crisis actual). Son los movimientos sociales, verdaderos publicistas de los intereses y de los actores de la sociedad organizada desde abajo, el motor que dinamiza su apertura, al tiempo que buscan vetar comportamientos ventajistas antidemocráticos.
Un interesante caso reciente lo hemos vuelto a tener con Rosa Díez (diputada de UPyD), que volvía a intentar arrancar su periplo electoral en la Facultad de Ciencias Políticas y Sociología de la Universidad Complutense de Madrid. Convencida de tener garantizado el espectáculo idóneo para una organización oportunista como la suya, esta vez, sin embargo, los estudiantes le han dado una interesante lección democrática. El abucheo de febrero de 2008, instrumentalizado mediáticamente, le sirvió a Díez para ganar presencia en la esfera pública y, obvio, para conseguir un buen resultado electoral en Madrid (aparece casi como un momento fundacional en su artículo en Wikipedia). Varios profesores colaboraron en su estrategia de criminalización de la protesta –en prensa recibieron calificativos como filoterroristas, representantes del “fascismo rojo”– y se pidió mano dura con castigos ejemplares para cortar potenciales “efectos imitación”. La clave de su estrategia: conseguir la imagen bifronte de víctima de los “violentos” y heroína de la libertad
de expresión.
Curiosamente, los mayores aliados de la “progresista” Díez son Pedro J. Ramírez y F. Jiménez Losantos, que con Aznar fueron los articuladores del proyecto político neocon en España. Conviene recordar que en las coordenadas ideológicas de nuestra cultura política, estos señores logran presentarse en España como moderados y ponderados gestores del centro político. Al tiempo que actualizan, en clave españolista, la constelación de valores que desplegó el nacional catolicismo, hegemónico durante nuestra triste Historia contemporánea: unidad de España en peligro frente al separatismo; el espíritu de cruzada de un catolicismo pretendidamente mayoritario siempre amenazado por un laicismo que desafía su monopolio de interpretación del sentido de la vida española (biológica, social, cultural); la violencia autoritaria de la mano dura contra la disidencia, que tiene un trágico hilo conductor que conecta hogueras inquisitoriales, juicios sumarísimos de la Guerra Civil y del franquismo y la actual estigmatización del diálogo como mecanismo para resolver el conflicto vasco.

Sin embargo, esta vez su oportunista estrategia victimista fue desbaratada por el movimiento de estudiantes radicales, que la dejaron sin su foto para abrir portadas, telediarios y tertulias, con unos segundos de abucheos y empujones entre estudiantes, guardaespaldas y policías. Anunciaron, en cambio, una reversiva “Concentración españolista” de bienvenida a Díez –con lemas del tipo “España una grande y libre: Rosa Presidenta” “Otegui no me engaña, Vascongadas es España”, “España una y no cincuenta y una”, “más, más, más policía”, “español sí, dialectos no”–,
a la que irían disfrazados de curas, guardias civiles a lo Tejero, señoras bien y pijos engominados.
Al mismo tiempo invitaban a acudir al acto con gafas de sol al estilo Caiga quien caiga, como símbolo de rechazo pacífico (e irónico) a su estrategia oportunista, así como a formular preguntas inteligentes e incómodas durante la conferencia. Bastó que los estudiantes anunciaran esto para que UPyD diera marcha atrás y cancelara el acto, renunciando a debatir su programa.

Evidentemente el problema no es de libertad de expresión. Nuestros colegas (de pasado izquierdista casi todos ellos y que ahora se distancian de prácticas que utilizaron y justificaron en su juventud) deberían reconocerles a los estudiantes el mérito de este dispositivo simbólico de control democrático no institucional. Muchos de estos viejos profesores que “hicieron la transición” se muestran hoy incapaces de ver la democracia más allá de las cifras agregadas por las urnas, los estudios de audiencias y los sondeos de mercado, olvidando que, para que la democracia no sea un mero y frío procedimiento, tiene que asumir la radicalidad crítica del conflicto.
Esta nueva generación de estudiantes politizados se ha formado al calor de la explosión de las TIC y de las nuevas formas de protesta que los movimientos globales pusieron sobre el tapete político-mediático hace diez años en Seattle. Saben mejor que nadie que es necesario pinchar la burbuja especulativa del espectáculo político.

Ariel Jerez, Carolina Besana y Pablo Iglesias son Profesores de la Facultad de Ciencias Políticas y Sociología de la Universidad Complutense de Madrid


Rosa Díez en el punto de mira de la RAF (Comando Facultad de Políticas de la UCM)

— Escrito por pablo @ 11:32
Puede estar tranquila la presidenta de UPyD, la Rote Armee Fraktion (Fracción del Ejército Rojo) se disolvió en abril del 98 y el que quizá fuera su mayor "simpatizante" (permítaseme la ironía) de la facultad, mi amigo el profesor Ramón Cotarelo, está ahora en la UNED.

Escribía Cotarelo el otro día en su blog que de todos quienes participamos en la acción política de la izquierda en nuestra juventud en aquellos años [ses
ntea y setenta], ya fuera en España, en Alemania, Francia, Estados Unidos, Italia, etc, los del RAF fueron los más consecuentes, los más lógicos, los que llevaron nuestros planteamientos a sus últimas consecuencias... Dudo mucho de que a Ramón, el único con autoridad y tablas para llevar a la facultad el espíritu de la izquierda alemana de aquellos años, le importe un cuerno la visita de Díez el próximo 15 de abril (aunque, como explicó Wallerstein cuando vino a la facultad hace un par de meses, estamos en crisis sistémica y todo es posible) así que el acto seguramente carecerá de ese glamur de la protesta setentera que tanto le gustaría a esta heroína de las libertades. Ya querrían los de UPyD un recibimiento similar al que tuvo el Sah de Persia en Berlín el 2 de Junio del 67 (en el que, por cierto, la policía de la democrática República Federal de Alemania le voló la tapa de los sesos de un disparo al estudiante de izquierdas Benno Ohnesorg). Pero me temo y celebro que no vaya a llegar la sangre al río (ni muchísimo menos).

He de reconocer, por tanto, que el título de esta entrada es una pura provocación. Los que no tenemos la pluma de Ulrike Meinhof nos vemos obligados a estas mediocridades estilísticas para que nos lea alguien. Reconocerán conmigo, sin embargo, que hay pocos verbos mejores que “provocar” para enlazar un predicado con el sujeto “Rosa Díez".
 
Andreas Baader y Gudrun EnsslinPero déjenme que les ponga en situación. Ayer por la noche, influido por la crítica que del filme “RAF” de Uli Eder había hecho Cotarelo (a pesar de sus buenas intenciones, Ramón es más cattivo maestro que Toni Negri para ciertas cosas) y gracias a las buenas artes de Manu Canelas para conseguir invitaciones, acudí con algunos estudiantes de la facultad a los Renoir a ver la película, que habría de servirnos para un debate sobre el significado mundial del 68. Nos acompañó, como “asesora externa”, Ana Domínguez Rama, historiadora discípula de Julio Aróstegui, especialista en la violencia política en el Tardofranquismo. A la salida del cine nos disponíamos ya a mantener una sesuda discusión teórica cuando recibí el siguiente sms de una brillante (a la par que subversiva) estudiante de la facultad cuyo nombre omitiré: “rosa díez de nuevo en la facultad. marxianos en alerta. es posible que Ferri te empiece a llamar”. Está claro que desde que Norman Radcliffe no me lleva al cine he caído en desgracia.

El bueno de Jaime Ferri, vicedecano de alumnos, todavía no me ha llamado pero como sospecho que lo hará, me hago cargo de su confianza en mí como “bombero de la revuelta” y procedo a hacer las siguientes consideraciones.

Hace un año, ante la primera vista de Díez a la Facultad, escribí un artículo en el que trataba de salir al paso de la criminalización de la que fueron objeto los estudiantes que boicotearon a la entonces candidata y hoy diputada de UPyD. La avalancha de condenas, insultos y amenazas de expulsiones contra los estudiantes de izquierdas hizo que me sintiera obligado a recordar unas cuantas cosas. Para empezar que, como ha escrito Chantal Mouffe, la política y la Democracia no se entienden sin el antagonismo y que si a alguien puede atribuirse el mérito de hacer de nuestra facultad un referente ineludible de las ciencias sociales y de la vida política de nuestro país, es a los estudiantes que, con sus protestas e iniciativas, demuestran que la política sin conflicto no es política.

Pero esta vez no escribo a toro pasado forzado por una serie de hechos consumados, así que me voy a permitir alguna que otra reflexión a propósito de tácticas y estrategias, o lo que es lo mismo, a propósito de la importancia de “ganar” cuando se asumen las contingencias de la acción.

A nadie se le escapa que Rosa Díez podría elegir otras facultades para impartir conferencias, en las que seguramente generaría más consensos (de esos tan “deliberativos” que gustaban al Rawls del individualismo epistémico kantiano y al Habermas del constructivismo ontológico, que tan bien me ha hecho entender Andrea Greppi en sus clases de filosofía política). Pero no, a Doña Rosa Habermas y Rawls le aburren; a ella le va marcha y, por eso, quiere venir a nuestra facultad.

No hace falta haber leído a Guy Debord para saber que el espectáculo es, desde hace unas cuantas décadas, uno de los principales dispositivos de la comunicación política. Hablando en plata, lo que pretende UPyD es utilizar el rechazo de su visita entre los estudiantes de izquierda para construir una imagen de víctimas que genere el mayor número de solidaridades a su favor y que obligue al conjunto de actores políticos a posicionarse públicamente, esto es, que otra vez se hable de ellos en todas partes. No creo decir nada original si manifiesto mi intuición de que estas teatralizaciones son el principal patrimonio político y electoral de una formación que sintetiza mejor que nadie el significado de la palabra oportunismo en política.

Por eso los estudiantes radicales no deberían olvidar que la consecuencia y la ética pierden fuerza política cuando dejan de ser portadoras de inteligencia y eficacia. Creo que todo el mundo se dio cuenta de la importancia de estos dos conceptos tras la visita de Piqué a la facultad el pasado mes de Diciembre. En aquella ocasión, la imagen de los monos naranjas representando a los prisioneros de Guantánamo hizo mucho más daño al ex-ministro de exteriores de Aznar y generó muchas más simpatías que los gritos e insultos que estoicamente aguantó (por muchas verdades que hubiera en ellos).

Hace algunos años, los Wu Ming escribieron que las nuevas fuentes de inspiración de los movimientos en Italia eran, entre otras, el género cinematográfico y la cultura pop occidental en general, así como las variadas experiencias de bromas en los media y de guerrilla de la comunicación. Seguramente los Wu Ming dirían que Rosa Díez espera una respuesta “punk” a su visita, pero que merece más bien una respuesta “pop”.

Hay que ir al cine a ver la película de Eder y, aunque no haya que creerse todo lo que cuenta, extraer de ella que los movimientos alemanes dejaron un legado de armamento mucho más rico que la Heckler & Koch de la RAF. Las elegantes gafas de sol que convirtieron a Ulrike Meinhof y a Andreas Baader en mitos estéticos permiten ver más sobre la política de nuestros días que aquella ametralladora anti-imperialista. La ironía y la victoria estética son más poderosas que nunca en el gesto político radical. Somebody forget his Ray-Ban sunglasses… Make It up!
 


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