el gesto de Antígona

Renovación de la izquierda: ¿De qué estamos hablando? [Artículo rechazado por Mundo Obrero]

— Escrito por pablo @ 12:08

 [El presente artículo le fue solicitado al autor por Juan Iglesia, secretario general de la UJCE, para el número de Septiembre del periódico Mundo Obrero. La tarde del 3 de Septiembre, Juan Iglesia se puso en contacto con el autor para informarle de que la redacción de este periódico, a través de su director Ginés Fernández, había rechazado el artículo por considerarlo escasamente propositito y por contener referencias no justificadas a Felipe Alcaraz] 

Mi viejo amigo y compañero Juan Iglesia, secretario general de la UJCE, me pidió hace unas semanas que escribiera un artículo para MO a propósito del debate que se está manteniendo en este periódico sobre “la renovación de la izquierda”. Juan me sugirió que leyera algunos de los artículos y documentos ya publicados por MO, cosa que disciplinadamente hice, para darme cuenta enseguida de que todos se referían a IU, al PCE y a la situación interna de ambas formaciones.

fiestaConsidero, sin embargo, que una discusión sobre la renovación de la izquierda dista mucho de ser un debate sobre el PCE, IU y sus respectivas vidas internas. Por otro lado, titular así el tema que nos ocupa, lleva necesariamente a cuestiones globales, históricas y teóricas distintas a las que aparecen en los artículos, entrevistas y documentos de Julio Anguita, Enrique Santiago, Felipe Alcaraz o de mis amigos Jaime Pastor y Manolo Monerero, que Juan me sugirió leer. A quien le interese realmente el tema de la renovación de la izquierda, le aconsejo la lectura del último artículo de Lucio Magri en la New Left Review “Flying Lessons for the Left”, pero verán que allí se habla de otras cosas. Nuestra discusión, en cambio, debe plantearse en términos más sencillos, a saber, la necesidad de un referente electoral de izquierda radical en el Estado español.

El primer elemento a dilucidar es, por tanto, si entendemos viable y necesaria una formación política sin aspiraciones a gobernar en coalición con formaciones de perfil moderado, en especial el Partido Socialista, al menos en el nivel estatal. Que nadie se confunda en este punto. A pesar del fracaso de Bertinotti en Italia y del proyecto de Llamazares en España, resulta perfectamente razonable, a la vista de cómo terminó el siglo XX, que muchos sectores asuman que el único papel de una formación “a la izquierda del centro izquierda” sea actuar como partido bisagra de los gobiernos socialistas, para cerrar el camino a la derecha y para favorecer políticas sociales. El planteamiento es más que legítimo y respetable y, por mi parte, siempre preferiré a los pragmáticos honestos antes que a los maniobreros y transformistas, capaces de pasar de la más gris realpolitik a los más incendiarios discursos.

pcePero en lo que respecta al Estado español, entiendo que, tras los últimos resultados electorales de IU, los pragmáticos (honestos o no tanto) debieran seguir el camino de Nueva Izquierda e integrarse en el PSOE. Al fin y al cabo, siempre será preferible un Partido Socialista con López Garrido, Rosa Aguilar, Gaspar Llamazares e incluso con, el últimamente tan rojo, Felipe Alcaraz. No parece que el PSOE hubiera de tener dificultades para integrar las aportaciones ideológicas y programáticas del hasta ahora sector hegemónico de IU y el PCE, como hemos visto en la última legislatura.

Sin embargo, para los que consideramos que una formación política de corte anticapitalista (con líneas de intervención menos centradas en la coyuntura estatal y más en los problemas locales-globales) puede ser un instrumento útil y con viabilidad electoral en el Estado, los problemas a resolver son otros.

En primer lugar, es necesario asumir que la izquierda radical en el Estado Español es, por suerte, mucho más que IU y el PCE, aún cuando solo IU sea un referente electoral estatal. La notable diferencia que, a finales de los 70 y principios de 80, existía en términos organizativos, en el número de militantes y en el nivel de los cuadros, entre el PCE y la extrema izquierda, es algo que se fue diluyendo a los largo de los años. Lo único que hoy tiene IU y de lo que carecen todos los sectores a su izquierda es la representación institucional, así como ciertos cuadros preparados en tareas de gestión local y regional (elemento este de más valor que el primero, a medio plazo).

Por lo tanto, renovar debe significar hacer confluir a diferentes grupos del conjunto de la izquierda radical en un experimento electoral nuevo. Algunos de ellos procederán, sin duda, de la propia IU pero otros muchos, muchísimos, no. La clave para ello no es tanto sumar siglas de pequeñas casas de muñecas con aspiraciones de partido-vanguardiavarios, como cartografiar los procesos de lucha social que se han dado en los últimos años para atraer así, en un nuevo proyecto, a todo un capital disperso de militantes, colectivos, media-activistas, intelectuales, gentes de la cultura, etc. que, unidos en torno a un objetivo específico, seguramente podrían dar muchas sorpresas en la arena política mediático-estatal.

Las próximas elecciones europeas, por diferentes motivos que van desde el sistema electoral a la posible centralidad de un discurso sobre los derechos de los migrantes en la Unión (que serán la clave de la fuerza de trabajo colectiva europea para la acción político-sindical en el futuro), abre muchas posibilidades de experimentación.

Pero un proceso de confluencia como este requería de mucha generosidad. Por una parte, aquellos que han luchado y luchan por un giro a la izquierda del PCE e IU, quizá debieran entender que la organización y las siglas son instrumentos de los que, ante determinadas circunstancias, conviene desprenderse. Por otra, los que, desde la más torpe miopía política, pudieran sentirse atraídos por aventuras de auto-reforzamiento orgánico aprovechando la coyuntura de debilidad de IU, no debieran olvidar que el resultado de SC en Italia fue ridículo (por mucho que se quiera relativizar), que en el Estado español no hay espacio para una franquicia de la LCR y asumir el papel de interfaz entre izquierda política y social que les corresponde, antes que convertirse en una casa de muñecas más con unos cuantos cientos (o unos pocos miles) de votos.

Pero sobretodo, los activistas sociales y sus colectivos, que desde diferentes ámbitos de la izquierda social llevan haciendo la guerra durante años y formando a los mejores cuadros con los que hoy contamos, deberían asumir su mayoría de edad y la importancia de construir un referente electoral.

La renovación, sin duda, pasará por muchos militantes del PCE e IU, pero la gran mayoría de sus protagonistas vendrán de otros ámbitos; basta pensar en las movilizaciones de los últimos ocho años para darse cuenta de ello.

 


Lenin MVP Reloaded

— Escrito por pablo @ 22:56
 

Jamás pensé que mi artículo “Lenin MVP. La selección de baloncesto y la lucha de clases”, pudiera tener tanto impacto.

 

Para empezar, desató una brillantísima reacción del profesor de Ciencia Política de la Universidad Pompeu Fabra, Raimundo Viejo Viñas, a propósito de la cuestión nacional.

 

Para Raimundo, con mis alusiones al problema de los símbolos nacionales para los patriotas periféricos y para los españoles de izquierdas, estaba “abordando la cuestión nacional desde una perspectiva estatocéntrica y céntricoestatal”. Raimundo, de hecho, ha prometido en su blog una gran respuesta a la que yo improvisé sobre sus comentarios. Estoy expectante y alerta ante tamaño honor.

 

Recibí después los elogiosos comentarios de Pedro Honrubia que interpretaba el artículo como  “una magnífica y extensa metáfora de las inmensas posibilidades que se abren ante las clases explotadas”. Sin embargo, he sido objeto también de severos juicios en foros donde el artículo fue extensamente comentado, como el del Estudiantes y el RiFF Fanzine, donde algunos participantes, no sin parte de razón, calificaban el artículo de “chorrada” o de “paja mental”. Ha habido quienes, también con buenas razones, me han juzgado de machista e insensible a los temas étno-clasistas, por no haber referido que el soccer es un deporte líder entre las mujeres y los migrantes en EEUU, e incluso hay quien me ha hecho co-responsable “de la desaparición de la izquierda” al estar más preocupado por “la estética que por la ética marxista”. 

En lo estrictamente baloncestístico, hubo un forero que posteó una foto de la momia de Lenin, comentando que le había visto “muy estático en el partido”. Ante todas estas reacciones, persuadido entusiásticamente por mi padre y por algunos amigos, me permití enviarle el artículo al propio Aíto García Reneses que, con unos modales de gentleman, me escribió:Muy original. Gracias por enviármelo”. 

El colofón a este mi primer gran éxito como articulista político-deportivo, ha venido de la mano de un periodista profesional especializado en baloncesto, Matías Castañón, con quien coincidí en la Facultad de Políticas, que me ha dedicado un artículo titulado “Pasar por el aro: análisis de "Lenin MVP", de Pablo Iglesias Turrión”. 

Sólo puedo decir que estoy abrumado, a la vez que muerto de risa, sobretodo de mi mismo. Durante los últimos cinco años me he dedicado profesionalmente a la investigación politológica. Como podrá entenderse, los frutos de ese trabajo son, en general y aparte de maravillosos momentos de efémera docencia como profesor-colaborador, artículos académicos, capítulos de libros, la coordinación de alguna monografía, informes, ponencias para congresos, algún articulillo periodístico y, finalmente, una piedra de tesis doctoral de más de 500 páginas. Les aseguro que ninguno de mis textos, algunos de los cuales es producto de meses e incluso años de trabajo, había tenido jamás la acogida de mi “Lenin MVP”. Tiene narices la cosa. 

He aprendido la lección, a partir de ahora reduciré al mínimo la escritura “alimenticia”, necesaria para sobrevivir en la Academia y dejaré que el don de la ebriedad tome los mandos de mi teclado. Por fin he comprendido a Groucho Marx cuando decía que jamás pertenecería a un club que le admitiera como socio y también por qué ciertos líderes políticos históricos de la izquierda pierden todo sentido del pudor cuando se trata del deporte.

. 

Pero permítanme hacer algunas aclaraciones a propósito de “Lenin MVP”. Fue concebido en el marco de una coña marinera, cenando con un colega en la Taberna Maceira de Huertas, la noche del 23 de agosto. Teníamos a nuestra vera mi amigo y yo a tres turistas croatas, con las que decidimos entablar conversación (no crean que  Pau Gasol es el único que sabe romper la zona croata). Tras tratar de hacer valer mis magros conocimientos geopolíticos sobre la desintegración de Yugoslavia hablando de Franco Tudjman y de las herencias ustachas (tuve que pronunciar ustaša unas doce veces para que me entendieran) optamos por hablar de Drazen Petrovic…El resto fue una compleja sucesión de asociaciones mentales entre mis lecturas del momento, la conversación absurda con las croatas sobre baloncesto y el partido del día siguiente.

 

Durante las semanas anteriores, había estado yo dedicándome a estudiar a autores como David Harvey, Beverly Silver, Giovanni Arrighi, Immanuel Wallerstein, Antonio Negri, Saskia Sassen o Yann Moulier-Boutang, entre otros (tiene razón Matías Castañón cuando dice que tengo pinta de vivir para leer libros y manuales), con la intención de preparar un programa de lecturas de geografía política. Uno de los temas que atraviesa los escritos de estos autores, es el problema de la agencia, a saber, el papel de la organización política en los procesos de transformación social; cuestión esta muy relacionada con Lenin, quien pasó a la historia, entre otras cosas, por haber concebido y llevado a la práctica un modelo específico de organización política, el partido de vanguardia, que tanto habría de influir en el movimiento comunista, durante el siglo XX.

 

La emoción que experimenté durante el partido, la mañana del 24, terminó de preparar el cóctel explosivo del que surgió un texto, sin más intención que relajarme un rato. En él, la final entre España y Estados Unidos y el baloncesto son, básicamente, el hilo conductor de una serie de reflexiones teóricas de medio alcance sobre el problema de la agencia en los procesos de transformación y sobre ciertos elementos que aluden a las representaciones simbólicas de las identidades nacionales. Todo ello, por supuesto, en clave irónica aún cuando traté de no perder cierta rigurosidad, tanto respecto al partido de baloncesto como respecto a las cuestiones políticas señaladas.

 

Pero lo dicho, está visto que escribir de esta forma resulta mucho más útil (o, al menos más entretenido) que respetar ciertos convencionalismos. En fin, como diría Marko Milic, “nosotros aquí trabajando y luchando…”

 

Postdata para Matías: Tienes razón, fue Alexander y no Sergei Belov el autor de la canasta. Respecto al autor del pase, la wikipedia dice que fue Ivan Edeshko y esa impresión me da tras ver los vídeos. 

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Fidel basket


Lenin MVP. La selección de baloncesto y la lucha de clases

— Escrito por pablo @ 13:22

 

Los catalanes, los vascos y todos aquellos que sufren de emociones nacionales no representadas en forma de Estado, deberían tener derecho a disfrutar, al menos, de sus colores, himnos y demás parafernalia patria en las competiciones deportivas. Vaya eso por delante.

 

El tema tiene, sin duda, mucha importancia política, como ha quedado demostrado después de lo mal que ha sentado a los nacionalistas catalanes el anuncio de su compatriota Pau Gasol para Nike. “Está bien conseguir que tu país te admire, pero es mucho mejor que el mundo admire a tu país”, dice Gasol refriéndose a España. Sospecho que a los catalanistas moderados les consolará pensar que, por lo menos, Gasol no dice “Arriba España” como el futbolista Villa y que además ha cobrado por el anuncio (la pela es la pela, como decía Joan Puig). 

ser español

 

Sobre lo que nadie ha llamado la atención, sin embargo, es sobre el hecho de que el pívot de los Lakers y embajador de UNICEF, haga un anuncio para una multinacional que mantiene a los trabajadores de sus fábricas de Asia en condiciones espantosas y que ha sido continuamente acusada de utilizar mano de obra infantil.

 

fábricas de Nike

 

Pero en fin, estábamos con lo de la representación de las naciones en las competiciones deportivas. Es aquí donde entiendo que, por lo mismo que debemos solidarizarnos con los patriotas que no tienen equipo propio, los que somos de izquierdas y sufrimos un irredentismo particular soportando día tras día el nacionalismo español (por definición de derechas) y su bandera monárquica y postfranquista, deberíamos también ser objeto de una solidaridad similar, o al menos de una cierta compasión. Ya me gustaría a mí ver a los jugadores de la selección de basket con uniforme tricolor y escuchar un himno como La Marsellesa y no la cutre pachanga fachosa, antes de los partidos o cuando se gana algo.

 

Pero esto es lo que hay, y si te gusta el baloncesto y quieres emocionarte con un equipo que conoces (yo hasta que el baloncesto boliviano no llegue las olimpiadas paso de cambiar de equipo) te tienes que tragar la infame pompa nacional y pasar por alto que los chicos de oro son, en gran medida, un grupo de millonarios dispuestos a vender su imagen a cualquier banco, empresa multinacional o sindicato del crimen que pague por la publicidad (aunque haya algunos, como Calderón, que en un gesto poco habitual, visitó a los presos de la cárcel de Sevilla y se echó unas canastas con ellos).

 

El caso es que a mí, a pesar de que me revienta el nacionalismo español (mucho más que el vasco o el catalán, que le voy a hacer), el basket me vuelve loco desde chico y esta mañana, desde las ocho y pagando con un cruel dolor de cabeza los excesos nocturnos y la falta de sueño, he disfrutado de la final olímpica como nadie. Mate de Rudy frente a HowardHe gritado a rabiar con el triple de Rudy que ha ajustado el marcador a dos puntos, a solo ocho minutos del final (provocando el exilio definitivo del gato de mi compañero de piso) y he levantado el puño como la Pasionaria con el mate que ha hecho este mismo jugador (¿catalán? ¿Mallorquín?...a ver si la vamos a tener) poco después, en las barbas de Dwight Howard, santo venerado por todos los porteros de discoteca del mundo.

 

Sin embargo, creo que el partido de hoy no es solo el mejor de la historia de la selección o la culminación de los éxitos de una impresionante generación de jugadores, que llenará páginas de periódicos durante días y que será recordado tanto o más que la final de Los Angeles, sino que representa también una magnífica metáfora explicativa de la lucha de clases, como dinámica antisistémica de enfrentamiento desigual. Créanme, lo que hemos visto hoy en Pekín ha sido una lección de leninismo de las que le gustan a Slavoj Zizek[1] (y por supuesto, de las que le gustaban a Mao Zedong).

 

Antonio Negri, que de fútbol sabe algo pero de baloncesto poco, describió hace tiempo el catenaccio italiano como la mejor expresión del enfrentamiento de los débiles frente a los poderosos. Para el alma máter de la autonomía obrera, ese sistema táctico nacido del Véneto migrante de mediados del siglo XX, representa una manifestación de la ferocidad del débil en la lucha, resistiéndose a ceder ante el poderoso[2] (ello explicaría el mito de que los equipos de fútbol italianos tienden a ganar aunque jueguen peor que sus rivales).

 

Pero Don Antonio se equivoca de juego. El fútbol es un deporte poco representativo de la sociedad conformada por el Capitalismo histórico, precisamente porque en él casi todo es posible y las “sorpresas revolucionarias” no solo ocurren de vez en cuando, sino que son frecuentes. En el fútbol los equipos débiles pueden derrotar a los fuertes, como nos hemos cansado de ver, por ejemplo, en la Copa del Rey (heredera de la copa del Jefe del Estado anterior, mentor del actual). Solo en un deporte como el fútbol pueden surgir superhéroes, como Maradona en el Nápoles, capaces de cambiar por si solos el curso de la Historia. Solo en el fútbol es frecuente que pierda el equipo que ha jugado mejor.

 

Precisamente este carácter de deporte con tantos elementos imprevisibles es la clave de su incomparable éxito mundial. En el fútbol se puede soñar y pueden pasar cosas sin equivalente en la realidad (como el partido de Malta, la final de la Copa de Europa de 1999 que ganó el Manchester United o la remontada del Liverpool en esta misma competición en 2005, entre otros millares de ejemplos). Quizá no sea casualidad que en el país que lleva dominando la economía-mundo capitalista desde el periodo de entreguerras, el soccer sea un deporte de segundo nivel y se prefieran otros mucho menos abiertos a la sorpresa como el fútbol americano, el baseball o el propio baloncesto. Tal vez por eso también, los que nos reclamamos del marxismo, puestos a perder el tiempo con los deportes (como decía Javier Krahe, no todo va a ser follar), deberíamos asumir la obligación revolucionaria (y epistemológica) de entender mejor los deportes que gustan en los USA, como es el caso del baloncesto.

 

A diferencia del fútbol, en el basket las relaciones de fuerza son, por lo menos, tan importantes como en la realidad material del Capitalismo. Así, las cualidades físicas de los jugadores –del mismo modo que la capacidad industrial, financiera y militar de las regiones geopolíticas- son determinantes. Para empezar, es difícil jugar de algo distinto que de base o de escolta si se mide menos de dos metros. En lo que respecta a las cualidades técnicas del equipo -I+D y general intellect en sentido amplio, para el caso de las áreas económicas- éstas permiten afinar muchísimo en los pronósticos y en las proyecciones a largo plazo de los resultados y además son perfectamente cuantificables en casi todos sus aspectos, gracias a las estadísticas. Una genialidad que termina en canasta, nunca será equivalente a la genialidad que termina en gol. Si pensamos en la competición profesional de los estadounidenses, la NBA, vemos que se trata de un sistema diseñado para que sea prácticamente imposible que no gane el mejor. La fase regular garantiza que sólo los mejores puedan estar en los play off y el sistema al mejor de siete partidos asegura, asimismo, la victoria final del equipo superior, como experimentaron en sus carnes los Lakers de Gasol y Bryant en su enfrentamiento con los Celtics este año. Pero es que incluso en el sistema a uno o tres partidos de las competiciones de la ACB (la liga y la copa), al final tenemos arriba a los de siempre, sin demasiadas sorpresas (a diferencia de lo que ocurre en el fútbol con los sistemas de eliminatorias que, en muchas ocasiones, llevan a un modesto a la final, como viene ocurriendo en los últimos años en la Copa del Rey de fútbol).

 

En este sentido, la situación en la que se veía la selección de baloncesto, ante la final de esta mañana contra los Estados Unidos, era extremadamente difícil. Sin embargo, como ocurre con la lucha de clases en ciertos momentos muy precisos de la Historia, la victoria frente a los poderosos no siempre es imposible. En este caso, se trataba de una final a un solo partido, lo cual minimizaba la tendencia indiscutible a la superioridad de los norteamericanos en una hipotética serie de encuentros. A pesar de la superioridad general del mal llamado dream team (que nadie se engañe, en el baloncesto no se sueña, se conspira), la defensa de nuestra selección estatal (¿así suena bien?) se había demostrado la mejor del campeonato. Además, en algunos aspectos tácticos derivados en parte de las normas del baloncesto FIBA, podía esperarse una cierta ventaja para España. Por último, el altísimo nivel de los jugadores de la roja (esto si que me gusta como suena) hacía pensar que, si se daban ciertas circunstancias y se llevaba a cabo un diseño estratégico virtuoso, se podía ganar el partido.

 

Como en las situaciones pre-revolucionarias, la posibilidad de victoria es una pequeña ventana abierta en un muro que pasa velozmente ante nosotros, por la que es necesario colarse. Y es aquí donde entra en juego la agencia, el “partido” como conspirador intelectual y organizador político. Dijo Andrés Montes en uno de los partidos de preparación retransmitidos por La Sexta que Don Alejandro –refiriéndose a Aíto García Reneses- es maquiavélico. Desconozco si los orígenes cubanos de este particular comentarista están detrás de un comentario tan gramsciano, ya que definir a un entrenador de baloncesto como maquiavélico en sus diseños tácticos es acercarse mucho a la lectura que aquel sardo astuto y brillante hiciera del consejero florentino, para ponerle al servicio del proletariado (tesis que después desarrollaría Althusser en una de sus últimas y más discutidas obras[3]).

 

Y efectivamente, si pensamos en Don Alejandro, estamos pensando en el más leninista de los entrenadoresAíto arenga a las masas; todo un revolucionario de la teoría de la agencia aplicada al baloncesto (la introducción en España del sistema defensivo de dos contra uno en el poste bajo y de la defensa individual de presión a toda cancha o la renovación de la famosísima zona 1-3-1, son obra suya). No se nos debe escapar que, una vez nombrado seleccionador, reorganizó su “partido político” asegurándose una dirección de “intelectuales”; ello es lo que explica la sustitución de Carlos Cabezas y Sergio Rodríguez por Ricky Rubio y Raúl López, la inclusión de Garbajosa a pesar de que la inactividad había mermado su nivel, o el papel determinante (más aún que en el europeo del año pasado) de Carlos Jiménez en el equipo. Respecto a Raúl López (ahora veremos porque hoy ha jugado menos de lo que se podía prever ante la ausencia de Calderón) hay pocas dudas sobre que su cerebro es su característica fundamental (el mismo lo declaraba cuando se marchó a la NBA, de la que sólo volvió por la fragilidad de sus rodillas), algo que ha preferido Aíto a la explosividad demostrada de Sergio Rodríguez. Pero lo mismo cabe decir de Ricky Rubio, que aún con sus increíbles manos quizá no sea mejor defensor que Cabezas, pero que sí tiene una mejor visión de juego (sus celebrados ally-up no son más que un ejemplo de ello).

 

Las piezas claves del equipo de Aíto, y en especial para este partido, eran esencialmente “revolucionarios profesionales”. Es verdad que, en este caso, el físico no desmejoraba unas alineaciones de talento más que cultivado (ya les hubiera gustado al genial Rafa Vecina, a Romay o a Solozabal parecerse algo en el físico a estos jugadores) pero desde luego éste no era un factor determinante y menos contra los Estados Unidos. Si Gasol es uno de los mejores del mundo, no es por sus 2´15 (en la liga nacional americana los hay más grandes y más fuertes) sino por su manera de pensar cuando juega. Y lo mismo puede decirse del resto de “dirigentes políticos” del equipo (se diga lo que se diga, esta denominación dice más de lo que son que llamarles chorradas como “estrellas” o “ñba´s”).

 

En el partido de esta mañana, el general del ejército rojo (esto ya me encanta) Aíto García Reneses ha planteado un esquema táctico brillante para buscar una posibilidad revolucionaria que, sencillamente, no se ha presentado. En defensa hemos asistido a una combinación del sistema de presión individual con la zona 2-3 (de tan buen resultado para el Joventut la pasada temporada)esquema de la zona 2-3 que los norteamericanos solo conseguían superar con una efectividad increíble en el tiro (especialmente en los triples, durante el primer periodo). No debemos olvidar este aspecto; una de de las cosas más llamativas del partido ha sido el excelente ritmo anotador de Estados Unidos ante la defensa, casi impecable salvo al intentar parar los contraataques, de España. Que Raúl y Ricky se cargaran de faltas tan rápido no es más que un indicador de la intensidad defensiva puesta en práctica.

 

Pero a pesar de los sobresalientes porcentajes anotadores de EEUU, la agresividad ofensiva del equipo leninista de Aíto ha sido lo más impresionante de su juego. La selección ha acabado con un 47 por ciento de efectividad en triples (porcentaje inalcanzable incluso para los equipos especializados en esta faceta en un partido contra USA) anotando nada menos que 107 puntos. Para quitarse el sombrero si tenemos en cuenta el partidazo que han hecho los americanos.

 

En lo que respecta al funcionamiento colectivo del equipo español en el ataque (6 jugadores de España con 10 o más puntos al final del partido), basta darse cuenta de que la selección ha jugado sin base durante muchos minutos. Si hay algo que intimida de un equipo de baloncesto es verlo jugar y anotar sin base. Muy pocos equipos pueden permitirse jugar así; el modelo histórico de los Bulls con Jordan o, en menor medida, el de los Lakers con Kobe Bryant, responde a una táctica mucho más básica, a saber, hacer descansar la fuerza anotadora en un francotirador extraordinario. Pero con Rudy o Navarro subiendo el balón no dejaba de haber cinco anotadores posibles y efectivos. Por eso Aíto no ha necesitado de Raúl para dar descanso a Ricky.

 

Pensando en el resultado final, no solo hay que anotar el hecho de que si a Estados Unidos le hubieran pitados los pasos de salidaejemplo de pasos de salida y algunas faltas más se habría llegado a otro resultado (eso era algo con lo que, al fin y al cabo, había que contar); hubiera bastado con que los americanos dejaran de hacerlo todo perfecto (como no llegar al 70 por ciento de efectividad en tiros de dos, al 73 en tiros libres o al 46 en tiros de tres) para que España hubiera ganado.

 

Por eso el partido ha sido magnífico (la selección de la NBA enfrentándose a una inteligencia revolucionaria prodigiosa) y por eso representa una metáfora de la lucha política y social en condiciones objetivas de asimetría. Sin saberlo, los jugadores y el cuerpo técnico de la selección española de baloncesto han demostrado que la revolución es “tácticamente posible” y que el peso de la agencia (como dispositivo organizador de la acción) puede ser determinante incluso cuando el enemigo no flaquea. Jugando al nivel de hoy, puede afirmarse que sería solo cuestión de tiempo que España gane a los Estados Unidos.

 

El resultado final en el marcador en nada empaña estas enseñanzas revolucionarias. De hecho, nos ha librado de aguantar el himno, de las celebraciones de exaltación nacional, del orgullo de ser español (yo preferiría sentirme orgulloso de algo un poco más meritorio) y de la sucesión de infames actos protocolarios que acompañan los éxitos de los héroes de la patria. Ya tuvimos esta suerte en el pasado europeo de Madrid, con el extra añadido de escuchar los acordes del viejo himno soviético y poder recordar esa final mítica de Munich 72 en que la Unión Soviética, con canasta de Sergei Belov en el último segundo a pase de Ivan Edeshko, hizo morder el polvo a los estadounidenses, en plena Guerra Fría.

la canasta de la victoria soviética

Pero la Guerra Fría acabó y, con ella, el secuestro del pensamiento de Lenin, en las manos los burócratas soviéticos. Por eso hoy podemos decir que Lenin ha sido, con mucho, el MVP de la final.

Lenin mvp    

 



[1] Véase Zizek, Slavoj, Repetir Lenin. Madrid, Akal, 2004.
[2] Negri, Antonio, “Catenaccio y lucha de clases - Entrevista a Toni Negri”. En http://colaboratorio1.wordpress.com/2007/10/20/catenaccio-y-lucha-de-clases-entrevista-a-toni-negri/   (Consulta: 24/08/08).
[3] Althusser, Louis. Maquiavelo y nosotros.  Madrid, Akal, 2004.

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