el gesto de Antígona

Rosa Díez en el punto de mira de la RAF (Comando Facultad de Políticas de la UCM)

— Escrito por pablo @ 11:32
Puede estar tranquila la presidenta de UPyD, la Rote Armee Fraktion (Fracción del Ejército Rojo) se disolvió en abril del 98 y el que quizá fuera su mayor "simpatizante" (permítaseme la ironía) de la facultad, mi amigo el profesor Ramón Cotarelo, está ahora en la UNED.

Escribía Cotarelo el otro día en su blog que de todos quienes participamos en la acción política de la izquierda en nuestra juventud en aquellos años [ses
ntea y setenta], ya fuera en España, en Alemania, Francia, Estados Unidos, Italia, etc, los del RAF fueron los más consecuentes, los más lógicos, los que llevaron nuestros planteamientos a sus últimas consecuencias... Dudo mucho de que a Ramón, el único con autoridad y tablas para llevar a la facultad el espíritu de la izquierda alemana de aquellos años, le importe un cuerno la visita de Díez el próximo 15 de abril (aunque, como explicó Wallerstein cuando vino a la facultad hace un par de meses, estamos en crisis sistémica y todo es posible) así que el acto seguramente carecerá de ese glamur de la protesta setentera que tanto le gustaría a esta heroína de las libertades. Ya querrían los de UPyD un recibimiento similar al que tuvo el Sah de Persia en Berlín el 2 de Junio del 67 (en el que, por cierto, la policía de la democrática República Federal de Alemania le voló la tapa de los sesos de un disparo al estudiante de izquierdas Benno Ohnesorg). Pero me temo y celebro que no vaya a llegar la sangre al río (ni muchísimo menos).

He de reconocer, por tanto, que el título de esta entrada es una pura provocación. Los que no tenemos la pluma de Ulrike Meinhof nos vemos obligados a estas mediocridades estilísticas para que nos lea alguien. Reconocerán conmigo, sin embargo, que hay pocos verbos mejores que “provocar” para enlazar un predicado con el sujeto “Rosa Díez".
 
Andreas Baader y Gudrun EnsslinPero déjenme que les ponga en situación. Ayer por la noche, influido por la crítica que del filme “RAF” de Uli Eder había hecho Cotarelo (a pesar de sus buenas intenciones, Ramón es más cattivo maestro que Toni Negri para ciertas cosas) y gracias a las buenas artes de Manu Canelas para conseguir invitaciones, acudí con algunos estudiantes de la facultad a los Renoir a ver la película, que habría de servirnos para un debate sobre el significado mundial del 68. Nos acompañó, como “asesora externa”, Ana Domínguez Rama, historiadora discípula de Julio Aróstegui, especialista en la violencia política en el Tardofranquismo. A la salida del cine nos disponíamos ya a mantener una sesuda discusión teórica cuando recibí el siguiente sms de una brillante (a la par que subversiva) estudiante de la facultad cuyo nombre omitiré: “rosa díez de nuevo en la facultad. marxianos en alerta. es posible que Ferri te empiece a llamar”. Está claro que desde que Norman Radcliffe no me lleva al cine he caído en desgracia.

El bueno de Jaime Ferri, vicedecano de alumnos, todavía no me ha llamado pero como sospecho que lo hará, me hago cargo de su confianza en mí como “bombero de la revuelta” y procedo a hacer las siguientes consideraciones.

Hace un año, ante la primera vista de Díez a la Facultad, escribí un artículo en el que trataba de salir al paso de la criminalización de la que fueron objeto los estudiantes que boicotearon a la entonces candidata y hoy diputada de UPyD. La avalancha de condenas, insultos y amenazas de expulsiones contra los estudiantes de izquierdas hizo que me sintiera obligado a recordar unas cuantas cosas. Para empezar que, como ha escrito Chantal Mouffe, la política y la Democracia no se entienden sin el antagonismo y que si a alguien puede atribuirse el mérito de hacer de nuestra facultad un referente ineludible de las ciencias sociales y de la vida política de nuestro país, es a los estudiantes que, con sus protestas e iniciativas, demuestran que la política sin conflicto no es política.

Pero esta vez no escribo a toro pasado forzado por una serie de hechos consumados, así que me voy a permitir alguna que otra reflexión a propósito de tácticas y estrategias, o lo que es lo mismo, a propósito de la importancia de “ganar” cuando se asumen las contingencias de la acción.

A nadie se le escapa que Rosa Díez podría elegir otras facultades para impartir conferencias, en las que seguramente generaría más consensos (de esos tan “deliberativos” que gustaban al Rawls del individualismo epistémico kantiano y al Habermas del constructivismo ontológico, que tan bien me ha hecho entender Andrea Greppi en sus clases de filosofía política). Pero no, a Doña Rosa Habermas y Rawls le aburren; a ella le va marcha y, por eso, quiere venir a nuestra facultad.

No hace falta haber leído a Guy Debord para saber que el espectáculo es, desde hace unas cuantas décadas, uno de los principales dispositivos de la comunicación política. Hablando en plata, lo que pretende UPyD es utilizar el rechazo de su visita entre los estudiantes de izquierda para construir una imagen de víctimas que genere el mayor número de solidaridades a su favor y que obligue al conjunto de actores políticos a posicionarse públicamente, esto es, que otra vez se hable de ellos en todas partes. No creo decir nada original si manifiesto mi intuición de que estas teatralizaciones son el principal patrimonio político y electoral de una formación que sintetiza mejor que nadie el significado de la palabra oportunismo en política.

Por eso los estudiantes radicales no deberían olvidar que la consecuencia y la ética pierden fuerza política cuando dejan de ser portadoras de inteligencia y eficacia. Creo que todo el mundo se dio cuenta de la importancia de estos dos conceptos tras la visita de Piqué a la facultad el pasado mes de Diciembre. En aquella ocasión, la imagen de los monos naranjas representando a los prisioneros de Guantánamo hizo mucho más daño al ex-ministro de exteriores de Aznar y generó muchas más simpatías que los gritos e insultos que estoicamente aguantó (por muchas verdades que hubiera en ellos).

Hace algunos años, los Wu Ming escribieron que las nuevas fuentes de inspiración de los movimientos en Italia eran, entre otras, el género cinematográfico y la cultura pop occidental en general, así como las variadas experiencias de bromas en los media y de guerrilla de la comunicación. Seguramente los Wu Ming dirían que Rosa Díez espera una respuesta “punk” a su visita, pero que merece más bien una respuesta “pop”.

Hay que ir al cine a ver la película de Eder y, aunque no haya que creerse todo lo que cuenta, extraer de ella que los movimientos alemanes dejaron un legado de armamento mucho más rico que la Heckler & Koch de la RAF. Las elegantes gafas de sol que convirtieron a Ulrike Meinhof y a Andreas Baader en mitos estéticos permiten ver más sobre la política de nuestros días que aquella ametralladora anti-imperialista. La ironía y la victoria estética son más poderosas que nunca en el gesto político radical. Somebody forget his Ray-Ban sunglasses… Make It up!
 


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