el gesto de Antígona

Asesinato de un antisistema

— Escrito por pablo @ 13:54

Pablo Iglesias Turrión y Ariel Jerez Novara

 

Rebelión 11 de Mayo de 2008


La mañana de ayer, el diario El País hizo públicas las filmaciones de las cámaras de seguridad del metro de Madrid que recogen el asesinato del joven antifascista Carlos Palomino, a manos del militar ultraderechista Josué Estébanez, el 11 de noviembre de 2007. Las imágenes son demoledoras; prueba de ello es que tanto la fiscalía como el resto de acusaciones han coincidido en la calificación de este hecho como asesinato, mientras que la otra puñalada que Estébanez asestó al compañero de Carlos que trató de desarmarle, ha sido calificada como homicidio en grado de tentativa.

Lo que resulta inaceptable del tratamiento que varios medios de comunicación han dado a la noticia, es el uso de un lenguaje que criminaliza el antifascismo. Se define a la víctima y a sus compañeros como anti-sistema, intentando dar a este calificativo una carga valorativa desfavorable, de manera que el asesinato de un antifascista se presenta casi como una pelea entre bandas rivales. A setenta años de la victoria del general Franco merced al apoyo de Alemania e Italia y a la no intervención de Inglaterra y Francia, no se puede consentir que se ponga en entredicho el ejemplo moral de los antifascistas (y anti-sistema) de ayer y de hoy. Como ha escrito Immanuel Wallerstein, profesor estadounidense de origen judío, a los movimientos anti-sistema hay que agradecerles, entre otras conquistas, el sufragio universal, la extensión de los derechos sociales y la descolonización. De hecho, casi todos los avances políticos en un sentido progresivo de la humanidad se deben, en buena medida, a su acción en la Historia. Para el caso de nuestro país, estos movimientos fueron además un ejemplo para el mundo en la lucha contra el Fascismo.

La pasada semana, la Asociación de Descendientes del Exilio Español (ADEE), vinculada al PSOE, intentó rendir un homenaje a los antifascistas españoles que lucharon en la Segunda Guerra Mundial y sufrieron los campos de concentración nazis, así como a los voluntarios de las brigadas internacionales que combatieron en España. Entre las personalidades que participaron de los actos de homenaje había altos cargos de los ministerios de la Presidencia, Exteriores, Justicia, Defensa, diputados del PSOE, el rector de la UCM, e incluso la embajadora del Reino Unido en España.

Tal vez se sorprenderían buena parte de estos “pro-sistema” que participaron en el homenaje si supieran que la mayoría de los militantes antifascistas a los que homenajeaban fueron genuinos anti-sistema, miembros de organizaciones comunistas, anarquistas y socialistas que lucharon por transformar un sistema injusto y que, como no podía ser de otra manera, fueron los más generosos a la hora de enfrentar la peor de las formas de organización política del Capitalismo; el Fascismo y el Nazismo que fue durante tanto tiempo aplaudido por buena parte de los liberal-conservadores (pro-sistema) europeos.

No sabemos si los viejos antifascistas, supervivientes de tantas luchas, se sentirán honrados al recibir medallas y honores de Estado de tanto pro-sistema. Lo que está claro es que no hay mejor homenaje a su memoria y a su ejemplo que la lucha de miles de jóvenes como Carlos Palomino, dispuestos a arriesgar sus vidas para impedir que los grupos neo-fascistas recorran barrios obreros coreando consignas reaccionarias y xenófobas.

La madre de Carlos Palomino declaró haber recibido una llamada del ministro Rubalcaba que le dijo: “su hijo era uno de los nuestros”. No sabemos si había sorna o buena intención en las palabras del Ministro (o tal vez ese día se levantó con espíritu anti-sistema) pero quizá el responsable político de que en este país los funcionarios de policía reciban incentivos de productividad por cazar migrantes indocumentados, debería haber sido más prudente. A él y al señor Santos Castro Fernández (Director General de Relaciones Institucionales del Ministerio de Defensa, presente en el acto de homenaje de la ADEE a los veteranos antifascistas) nos gustaría recordarles que el asesino de Carlos Palomino era un soldado profesional. Ese sí que era de los suyos.

Escribía Jorge Semprún en Le Grand Voyage que “no todas las muertes tienen el mismo peso, claro que no. Ningún cadáver del ejército alemán valdrá jamás el peso en humo de uno solo de mis compañeros muertos”. Se nos disculpará que hagamos nuestras estas palabras de quien un día fue Federico Sánchez. Creemos que la memoria de un antifascista bien lo merece.

Pablo Iglesias Turrión y Ariel Jerez Novara son profesores de Ciencia Política de la Universidad Complutense y miembros del colectivo La Promotora.


Esfera pública y universidad

— Escrito por pablo @ 13:52

 ARIEL JEREZ, CAROLINA BESANA Y PABLO IGLESIAS

 

Público, 2 de Mayo de 2009

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Los analistas sociales preocupados por el orden democrático, siempre conflictivo e inacabado, cada vez somos más conscientes –y estamos cada vez más preocupados– por la salud de nuestra esfera pública. Dentro de los diversos operadores que la gestionan, los medios de comunicación, en su inmensa mayoría, juegan un papel políticamente conservador, más grave en el caso español, donde la reflexión sobre la independencia del llamado cuarto poder que iluminó la modernidad
occidental estuvo limitada por nuestro pasado autoritario, que va más allá del franquismo.
Los cierres y exclusiones que los medios operan en la esfera pública están en la base de la derechización de nuestras coordenadas ideológicas. Gracias a su capacidad de monopolizar agendas, en los últimos 30 años de democracia española hemos sido extenuados con millones de páginas y horas de información dedicadas al terrorismo y al nacionalismo, pero hemos contado con poca y mala información para pensar y deliberar sobre la calidad de las políticas sociales; sobre los límites de nuestra convivencia intercultural (tanto con los inmigrantes como entre las diversos sentimientos nacionales peninsulares); sobre un sistema electoral antipluralista o el modelo económico (con el que es imposible afrontar la crisis actual). Son los movimientos sociales, verdaderos publicistas de los intereses y de los actores de la sociedad organizada desde abajo, el motor que dinamiza su apertura, al tiempo que buscan vetar comportamientos ventajistas antidemocráticos.
Un interesante caso reciente lo hemos vuelto a tener con Rosa Díez (diputada de UPyD), que volvía a intentar arrancar su periplo electoral en la Facultad de Ciencias Políticas y Sociología de la Universidad Complutense de Madrid. Convencida de tener garantizado el espectáculo idóneo para una organización oportunista como la suya, esta vez, sin embargo, los estudiantes le han dado una interesante lección democrática. El abucheo de febrero de 2008, instrumentalizado mediáticamente, le sirvió a Díez para ganar presencia en la esfera pública y, obvio, para conseguir un buen resultado electoral en Madrid (aparece casi como un momento fundacional en su artículo en Wikipedia). Varios profesores colaboraron en su estrategia de criminalización de la protesta –en prensa recibieron calificativos como filoterroristas, representantes del “fascismo rojo”– y se pidió mano dura con castigos ejemplares para cortar potenciales “efectos imitación”. La clave de su estrategia: conseguir la imagen bifronte de víctima de los “violentos” y heroína de la libertad
de expresión.
Curiosamente, los mayores aliados de la “progresista” Díez son Pedro J. Ramírez y F. Jiménez Losantos, que con Aznar fueron los articuladores del proyecto político neocon en España. Conviene recordar que en las coordenadas ideológicas de nuestra cultura política, estos señores logran presentarse en España como moderados y ponderados gestores del centro político. Al tiempo que actualizan, en clave españolista, la constelación de valores que desplegó el nacional catolicismo, hegemónico durante nuestra triste Historia contemporánea: unidad de España en peligro frente al separatismo; el espíritu de cruzada de un catolicismo pretendidamente mayoritario siempre amenazado por un laicismo que desafía su monopolio de interpretación del sentido de la vida española (biológica, social, cultural); la violencia autoritaria de la mano dura contra la disidencia, que tiene un trágico hilo conductor que conecta hogueras inquisitoriales, juicios sumarísimos de la Guerra Civil y del franquismo y la actual estigmatización del diálogo como mecanismo para resolver el conflicto vasco.

Sin embargo, esta vez su oportunista estrategia victimista fue desbaratada por el movimiento de estudiantes radicales, que la dejaron sin su foto para abrir portadas, telediarios y tertulias, con unos segundos de abucheos y empujones entre estudiantes, guardaespaldas y policías. Anunciaron, en cambio, una reversiva “Concentración españolista” de bienvenida a Díez –con lemas del tipo “España una grande y libre: Rosa Presidenta” “Otegui no me engaña, Vascongadas es España”, “España una y no cincuenta y una”, “más, más, más policía”, “español sí, dialectos no”–,
a la que irían disfrazados de curas, guardias civiles a lo Tejero, señoras bien y pijos engominados.
Al mismo tiempo invitaban a acudir al acto con gafas de sol al estilo Caiga quien caiga, como símbolo de rechazo pacífico (e irónico) a su estrategia oportunista, así como a formular preguntas inteligentes e incómodas durante la conferencia. Bastó que los estudiantes anunciaran esto para que UPyD diera marcha atrás y cancelara el acto, renunciando a debatir su programa.

Evidentemente el problema no es de libertad de expresión. Nuestros colegas (de pasado izquierdista casi todos ellos y que ahora se distancian de prácticas que utilizaron y justificaron en su juventud) deberían reconocerles a los estudiantes el mérito de este dispositivo simbólico de control democrático no institucional. Muchos de estos viejos profesores que “hicieron la transición” se muestran hoy incapaces de ver la democracia más allá de las cifras agregadas por las urnas, los estudios de audiencias y los sondeos de mercado, olvidando que, para que la democracia no sea un mero y frío procedimiento, tiene que asumir la radicalidad crítica del conflicto.
Esta nueva generación de estudiantes politizados se ha formado al calor de la explosión de las TIC y de las nuevas formas de protesta que los movimientos globales pusieron sobre el tapete político-mediático hace diez años en Seattle. Saben mejor que nadie que es necesario pinchar la burbuja especulativa del espectáculo político.

Ariel Jerez, Carolina Besana y Pablo Iglesias son Profesores de la Facultad de Ciencias Políticas y Sociología de la Universidad Complutense de Madrid


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