¿Transición ejemplar?
CAROLINA BESCANSA,ÍÑIGO ERREJÓN, PABLO IGLESIAS, ARIEL JEREZ, JUAN CARLOS MONEDERO Y PABLO SÁNCHEZ LEÓN
(Público, 13 de Diciembre de 2008)
Un año más, los relatos sobre la Transición que ocupan los circuitos
institucionales de difusión cultural se articulan sobre un eje tan
elitista y autorreferencial como contradictorio, sobre una cadena de
contrasentidos que sólo a base de machacona repetición y convenientes
silencios ha terminado por convertirse en palabra merecedora de crédito
y en credo.
De manera insistente y monótona, los relatores oficiales de la
Transición tejen con envejecido entusiasmo una historia sin fisuras; en
la que un pueblo español, valiente y prudente a partes iguales, se
convierte en emancipado protagonista de su destino a través de la
entrega de su voluntad política –moderada y centrista– a los grandes
pilotos de una transición que, por pacífica, por su capacidad de
reconciliación y de modernización, resultó tan ejemplar como para
pretender ser emulada en el mundo, primero por las hermanas de América
Latina y las de Europa del Este después.
Hace unos días se celebraron en la Facultad de Ciencias Políticas y
Sociología de la Universidad Complutense unas jornadas de reflexión
sobre la Transición española bajo el mismo título que encabeza este
artículo. Muchas personas, desde distintas perspectivas y experiencias,
aportaron sus vivencias y reflexiones sobre la dictadura y su
transición, de las que las ideas aquí presentes son deudoras. Cabe
empezar destacando un lugar común en todos los debates: el acuerdo de
que, en algún momento de aquel proceso, nos robaron la historia, se
quedaron con ella y nos dejaron a todos desposeídos de las herramientas
necesarias para entender nuestra identidad y disputas democráticas.
Las supuestas virtudes de la Transición representan un elemento
incuestionado de las ciencias sociales elaboradas en nuestro país,
especialmente en la ciencia política y la historiografía. No obstante,
permanece el reto de pensar críticamente muchas dimensiones incómodas
de nuestra realidad social y política, que se vinculan a esos acuerdos
transaccionales que renunciaron a demoler el grueso de la herencia
franquista. Por cuestiones de espacio, no abordamos aquí materias
institucionales más o menos transitadas recientemente en la opinión
pública y sin duda centrales en el encorsetamiento conservador diseñado
en la Transición (sistema electoral, Monarquía, las cuestiones
nacionales, clausura del derecho a la verdad, la reparación y la
justicia), para atender otras cuestiones esenciales en el mantenimiento
de su hegemonía social.
A fecha de hoy, una mirada rápida a la situación de la educación
pública en España da cuenta de una cadena de anomalías difíciles de
comprender en democracia. Un tercio de los niños y jóvenes en España
cursa estudios en centros privados o concertados. El 70% de esos
centros son católicos. En el año 2003, los centros católicos
concertados o privados recibieron del Estado una financiación de
alrededor de 2.700 millones de euros, sin contar la partida
presupuestaria destinada a financiar la enseñanza de la asignatura de
religión en los centros públicos. ¿Se puede entender esta realidad sin
referirnos al Concordato, sin analizar quiénes suscribieron aquellos
acuerdos y quiénes los han sostenido? ¿Sabemos que los fondos públicos
transferidos a esta institución religiosa equivalen aproximadamente a
los necesarios para poner en marcha la educación infantil pública? ¿Qué
ocurrió con la iglesia católica cuando murió Franco? ¿De dónde, por
ejemplo, salió la cadena Cope?
El gasto social en España alcanza hoy el 19% del PIB. Está situado 10
puntos por debajo de la media europea y 20 puntos por debajo de Suecia.
En este campo el profesor Vicenç Navarro explica con desgarradora
transparencia cómo la clase social pesa hoy en la esperanza media de
vida: entre los cinco estratos que separan la alta burguesía financiera
y los trabajadores no cualificados que han conocido el paro, hay diez
años de diferencia. ¿Cómo puede estar ocurriendo esto en un país que ha
sido gobernado por un supuesto centro-izquierda durante 18 de los
últimos 26 años? ¿Por qué, por ejemplo, la salud buco-dental no está
incluida en la Seguridad Social? ¿Es posible explicar este déficit
social sin denunciar el papel jugado por los sindicatos hegemónicos?
¿Cuándo y cómo unos sindicatos se hicieron mayoritarios y otros no?
¿Qué se firmó en los Pactos de la Moncloa?
La ausencia de una intervención pública profundizadora de la democracia
en el campo de la industria mediática y cultural iluminó de catódicos
colores nuestro salto de la premodernidad a la postmodernidad. Están
aún por evaluar continuismos y simulacros en numerosas arenas
culturales (universidades, investigación, políticas culturales,
emporios mediáticos…). La visualización de la modernización cultural en
la movida cumplió múltiples objetivos de desorientación y legitimación,
pero la fiesta tuvo nefastas consecuencias: además de la generación
perdida de la heroína en los ochenta, hoy somos el país del mundo con
la tasa más elevada de consumo de cocaína y con otros puestos de cabeza
en consumo y adicción. ¿Cuándo empezó todo esto? ¿Somos conscientes de
cómo pesa en nuestra vida ciudadana la cultura del espectáculo
aderezada de fiesta? ¿En qué medida nuestras instituciones trabajan
para conseguir la cultura crítica que requiere la vida democrática?
Conforme pasa el tiempo, se van acumulando las preguntas sin respuesta
sobre nuestra siempre presente historia. Podemos seguir como hasta
ahora: anotamos las preguntas en un cuaderno, lo guardamos en el último
cajón y volvemos a llamar a los pilotos de la Transición para que nos
cuenten el relato del alunizaje democrático. O podemos dar otro paso
adelante, subvertir los órdenes de nuestra historia y sus discursos y
empezar a entender dónde estamos y cómo hemos llegado hasta aquí. Se
están abriendo los caminos: inundémoslos con los viejos y nuevos
relatos y abordemos de una vez el combate de las representaciones.
Carolina Bescansa, Íñigo Errejón, Pablo Iglesias, Ariel Jerez
, Juan Carlos Monedero y Pablo Sánchez León son Profesores-investigadores de la Facultad de Ciencias Políticas y Sociología (UCM)
Ilustración de Mikel Jaso
