el gesto de Antígona

El Lector y el Holocausto. Un diálogo con mi amigo Norman Radcliffe

— Escrito por pablo @ 19:45

Pablo Iglesias Turrión 28/2/09

…El torturador es un funcionario. El dictador es un funcionario. Burócratas armados, que pierden su empleo si no cumplen con eficiencia su tarea. Eso, y nada más que eso. No son monstruos extraordinarios. No vamos a regalarles esa grandeza.

Eduardo Galeano, Días y noches de amor y guerra

Anoche, mi amigo Norman Radcliffe me llevó a los Verdi a ver "The Reader", la película de Stephen Daldry.

Conocí y quedé fascinado por Norman hace algunos meses en un debate sobre el significado de la alteridad o la manera en la que el "yo/nosotros" dominante construye e imagina al "Otro". El desarrollo de la cuestión pasaba necesariamente por la deshumanización como condición inevitable de la representación del extraño, previa a su destrucción o a su subordinación total. No era difícil, por lo tanto, que la discusión nos terminara llevando al "problema" del Holocausto.

Norman, con su voz envolvente y su inteligencia asertiva e irresistible, nos llevaba por una senda argumental que nos dejaba en una elegante posición (casi irónica), idónea para ridiculizar la inconsistencia de las representaciones del "Otro" por parte de los dominadores, muy en la línea, si se quiere, de lo que hace Edward Said en su mordaz estudio sobre el Orientalismo. Pero Norman fue, a mi juicio, demasiado lejos, de tal modo que terminábamos situados en una posición de superioridad moral-intelectual frente a las justificaciones de la esclavitud, del colonialismo o del Holocausto. En el fondo, es sobre este tipo de razonamiento de superioridad moral-racional sobre el que se asienta buena parte de la llamada Teoría democrática desde John Rawls. Que me perdonen los intelectuales orgánicos de la filosofía política dominante, pero yo por aquí no paso.

En parte por llamar su atención pero también preocupado por las implicaciones que tiene presentar el Holocausto como una monstruosidad enfrentada a la inteligencia y a los valores morales de la modernidad, espeté a Norman que el Holocausto era fundamentalmente una decisión administrativa, un mero problema burocrático. Como podrán imaginarse, la cara de espanto de Norman y las del resto de participantes en el debate me hicieron sentir la honda satisfacción narcisista del condenado a la hoguera que está convencido de tener razón…eppur si muove…

¡Eso es banalizar el Nazismo!, me respondió Norman con su antorcha preparada.

En parte por evitar la hoguera (lo malo del placer narcisista de Antígona o de Giordano Bruno es que solo puede experimentarse una vez; como bien sabemos, el eppur de Galileo solo fue un susurro de soberbia) pero, sobretodo, por seguir llamando su atención, escribí a Norman lo que sigue:

Querido Norman, cuando me referí al Holocausto como decisión administrativa, trataba de hacer referencia a algo que Zigmunt Bauman expresa mucho mejor que yo cuando dice: "el proceso civilizador es, entre otras cosas, un proceso por el cual se despoja de todo cálculo moral la utilización y despliegue de la violencia y se liberan las aspiraciones de racionalidad de la interferencia de las normas éticas o de las inhibiciones morales...entonces, debemos aceptar que fenómenos como el del Holocausto son resultados legítimos de la tendencia civilizadora y una de sus constantes posibilidades" ("Modernidad y Holocausto" en la página 37 de la edición en castellano de 1998 en Sequitur). No quería banalizarlo al hablar de simple decisión administrativa, sino mostrarlo en toda su crudeza moderna. En el Holocausto, el proceso de deshumanización no actúa como elemento legitimante (para eso ya existían siglos de antisemitismo europeo) sino como mecanismo necesario en un proceso "industrial" de eliminación de seres humanos.

Les adelanto que el profesor Radcliffe no entra en debates con cualquiera y, en aquellos tiempos, yo ni siquiera gozaba de tal condición. Así que la cosa quedó ahí. Sin embargo, poco a poco, pude renacer de aquel incidente dialéctico y conseguir (eso sí, solo muy de vez en cuando) una cierta mirada de mi admirado amigo.

Como les decía al inicio de estas notas, por un extraño mecanismo del destino, Norman me propuso ayer que fuéramos a ver The Reader. Como comprenderán los que hayan visto la película y leído a Bauman, a la salida del cine no pude por menos que traer a colación nuestro viejo debate y reivindicar mis justas razones en el mismo. Pero ya se imaginarán, la extremada inteligencia y el atractivo de Norman no hacen de él un hombre condescendiente con mis argumentos, quizá demasiado femeninos en la forma, cuando trato en vano de enfrentarle dialécticamente. Debo reconocer, con todo, que ello hace de las discusiones con él, una experiencia fascinante.

Así que, querido Norman, aprovecho la calma cobarde y susurrante (eppur si muove) del teclado, para decirte que, a pesar de tu personalidad arrolladora y de tu brillantez, tengo razón yo. El Holocausto fue, antes que nada, una decisión burocrática y administrativa y "The Reader" es una magnífica oportunidad para afirmarlo una vez más.

La película no me parece una obra maestra y le pondría unos cuantos peros (pedantería inevitable al comentar un filme) a la organización de la trama, a los ambientes y a la manera en que se manejan ciertos arquetipos históricos. Sin embargo, "El lector" es lo suficientemente valiente para plantear algunos debates muy valiosos para los tiempos que nos está tocando vivir (más allá de las dificultades que haya podido tener con los loobies pro-sionistas, que no es lo mismo que judíos, del mundo del cine, a la hora de ser nominada a diferentes premios en Estados Unidos y Europa).

Entre estos debates destaca el problema de la culpabilidad alemana. Aunque no termina de llegar donde yo querría (que me perdonen de nuevo los partidarios de Rawls y de Habermas, pero nadie puso en sus justos términos la cuestión de la culpabilidad de Alemania mejor que la Rote Armee Fraktion) la película contiene momentos memorables, como el enfado del descreído estudiante de Derecho, compañero del protagonista, que refiere la complicidad de buena parte de la sociedad alemana con el Nazismo, o el grito de Hanna Schmitz al presidente del tribunal "democrático" que la juzga: "¿Qué habría hecho Usted?". La pregunta de la guardia de las SS nos recuerda que (para vergüenza del orgullo jurídico alemán y contradiciendo al humilde molinero prusiano que esgrimió el Derecho para enfrentarse con Federico II el Grande) no siempre hubo jueces en Berlín.

Sin embargo, es la conmovedora humanidad de la vida privada de Hanna Schmitz la parte más valiosa de la película. Hanna, analfabeta y sencilla, no es distinta de cualquier funcionario a sueldo. Se enamora de un joven de dulzura irresistible, se conmueve e incluso llora mientras su amante le lee novelas románticas y es capaz de la mayor de las ternuras acariciando el cuerpo del muchacho cuando le baña. Me impresiona, querido y rudo Norman, que no te emocionases cuando Hanna intenta aprender a leer en la cárcel para poder escribir a Michael Berg.

Pero toda esa conmovedora humanidad no impide a Schmitz ser una eficiente burócrata, sea como obrera de Siemens, como guardia de las SS en un campo de exterminio o como revisora en los tranvías. Esta es la grandeza y la valentía de la película, que aparece de manera explícita en el comentario del profesor de Derecho que interpreta tu admirado Bruno Ganz: "Creemos que la sociedad se rige por algo que llamamos moralidad, pero por lo que en realidad se rige es por la ley". Si algo saben bien los alemanes, a pesar de sus jueces de Berlín, es que el Derecho no es más que la voluntad racionalizada de los vencedores. Mi abuelo, que presidió un tribunal militar de la República durante nuestra Guerra Civil, lo vivió en sus carnes cuando fue condenado a muerte por un tribunal franquista. Cuando hace poco Danilo Zolo nos recordaba desde las páginas de la New Left Review que la justicia, desde Nuremberg hasta la pantomima de La Haya, es siempre la justicia de los vencedores, no hacía sino afirmar lo evidente.

Desde que Robert Michels y Max Weber escribieran sobre la burocracia, sabemos, como nos recuerda Eduardo Galeano con su prosa deslumbrante, que cualquier voluntad (o moralidad) racionalizada necesita de funcionarios eficaces. Soy consciente de que utilizar los términos fascismo y nazismo para definir las políticas migratorias de los Estados europeos o la política criminal del Estado de Israel sería banalizar el Fascismo y el Nazismo (no se me escapa que, a veces, la izquierda con la me identifico pierde de vista el análisis de los procesos históricos cuando construye discursos que llaman alegremente fascista a todo adversario de derechas) del mismo modo que los liberales mienten al equiparar Comunismo y Fascismo desde ese centrismo cínico denunciado por Perry Anderson en "Spectrum", que afirma esa incongruencia (te pongas como te pongas Norman) de que los extremos se tocan. Para bien o para mal, las atrocidades espantosas cometidas en nombre del Comunismo, las bombas nucleares estadounidenses sobre Hiroshima y Nagasaki o la legalización de la tortura en Israel no reducen el horror político a la unidad.

Pero no debemos olvidar, admirado Norman, sobretodo vistos los malos tiempos que corren para el "Otro" imaginado, que no hay tanta diferencia entre los policías que eficientemente detienen migrantes en nuestras metrópolis globales y los guardias de las SS. Ni los unos son comprometidos y honestos servidores de la ley ni los otros eran monstruos terribles. En la mayor parte de los casos, unos y otros son simples y grises funcionarios, algunos de ellos ejemplares padres de familia, que se emocionan al abrazar a sus hijos, que se enamoran y que son capaces de ser tan tiernos como cualquiera de nosotros.

Es cierto que la historia también se construye a partir de la heroicidad y la belleza, como trataba de decirte ayer (quizá fuera Eisenstein en El acorazado Potemkin el primero el llevar al cine el acto heroico de significado histórico). Pero por desgracia, la belleza y el valor, son siempre patrimonio de los pocos, esos a los que Bertolt Brecht llamó los imprescindibles.

los imprescindibles


¿Transición ejemplar?

— Escrito por pablo @ 13:50

CAROLINA BESCANSA,ÍÑIGO ERREJÓN, PABLO IGLESIAS, ARIEL JEREZ, JUAN CARLOS MONEDERO Y PABLO SÁNCHEZ LEÓN

(Público, 13 de Diciembre de 2008)transicion-ejemplar-ok.jpg

Un año más, los relatos sobre la Transición que ocupan los circuitos institucionales de difusión cultural se articulan sobre un eje tan elitista y autorreferencial como contradictorio, sobre una cadena de contrasentidos que sólo a base de machacona repetición y convenientes silencios ha terminado por convertirse en palabra merecedora de crédito y en credo.
De manera insistente y monótona, los relatores oficiales de la Transición tejen con envejecido entusiasmo una historia sin fisuras; en la que un pueblo español, valiente y prudente a partes iguales, se convierte en emancipado protagonista de su destino a través de la entrega de su voluntad política –moderada y centrista– a los grandes pilotos de una transición que, por pacífica, por su capacidad de reconciliación y de modernización, resultó tan ejemplar como para pretender ser emulada en el mundo, primero por las hermanas de América Latina y las de Europa del Este después.
Hace unos días se celebraron en la Facultad de Ciencias Políticas y Sociología de la Universidad Complutense unas jornadas de reflexión sobre la Transición española bajo el mismo título que encabeza este artículo. Muchas personas, desde distintas perspectivas y experiencias, aportaron sus vivencias y reflexiones sobre la dictadura y su transición, de las que las ideas aquí presentes son deudoras. Cabe empezar destacando un lugar común en todos los debates: el acuerdo de que, en algún momento de aquel proceso, nos robaron la historia, se quedaron con ella y nos dejaron a todos desposeídos de las herramientas necesarias para entender nuestra identidad y disputas democráticas.
Las supuestas virtudes de la Transición representan un elemento incuestionado de las ciencias sociales elaboradas en nuestro país, especialmente en la ciencia política y la historiografía. No obstante, permanece el reto de pensar críticamente muchas dimensiones incómodas de nuestra realidad social y política, que se vinculan a esos acuerdos transaccionales que renunciaron a demoler el grueso de la herencia franquista. Por cuestiones de espacio, no abordamos aquí materias institucionales más o menos transitadas recientemente en la opinión pública y sin duda centrales en el encorsetamiento conservador diseñado en la Transición (sistema electoral, Monarquía, las cuestiones nacionales, clausura del derecho a la verdad, la reparación y la justicia), para atender otras cuestiones esenciales en el mantenimiento de su hegemonía social.
A fecha de hoy, una mirada rápida a la situación de la educación pública en España da cuenta de una cadena de anomalías difíciles de comprender en democracia. Un tercio de los niños y jóvenes en España cursa estudios en centros privados o concertados. El 70% de esos centros son católicos. En el año 2003, los centros católicos concertados o privados recibieron del Estado una financiación de alrededor de 2.700 millones de euros, sin contar la partida presupuestaria destinada a financiar la enseñanza de la asignatura de religión en los centros públicos. ¿Se puede entender esta realidad sin referirnos al Concordato, sin analizar quiénes suscribieron aquellos acuerdos y quiénes los han sostenido? ¿Sabemos que los fondos públicos transferidos a esta institución religiosa equivalen aproximadamente a los necesarios para poner en marcha la educación infantil pública? ¿Qué ocurrió con la iglesia católica cuando murió Franco? ¿De dónde, por ejemplo, salió la cadena Cope?
El gasto social en España alcanza hoy el 19% del PIB. Está situado 10 puntos por debajo de la media europea y 20 puntos por debajo de Suecia. En este campo el profesor Vicenç Navarro explica con desgarradora transparencia cómo la clase social pesa hoy en la esperanza media de vida: entre los cinco estratos que separan la alta burguesía financiera y los trabajadores no cualificados que han conocido el paro, hay diez años de diferencia. ¿Cómo puede estar ocurriendo esto en un país que ha sido gobernado por un supuesto centro-izquierda durante 18 de los últimos 26 años? ¿Por qué, por ejemplo, la salud buco-dental no está incluida en la Seguridad Social? ¿Es posible explicar este déficit social sin denunciar el papel jugado por los sindicatos hegemónicos? ¿Cuándo y cómo unos sindicatos se hicieron mayoritarios y otros no? ¿Qué se firmó en los Pactos de la Moncloa?
La ausencia de una intervención pública profundizadora de la democracia en el campo de la industria mediática y cultural iluminó de catódicos colores nuestro salto de la premodernidad a la postmodernidad. Están aún por evaluar continuismos y simulacros en numerosas arenas culturales (universidades, investigación, políticas culturales, emporios mediáticos…). La visualización de la modernización cultural en la movida cumplió múltiples objetivos de desorientación y legitimación, pero la fiesta tuvo nefastas consecuencias: además de la generación perdida de la heroína en los ochenta, hoy somos el país del mundo con la tasa más elevada de consumo de cocaína y con otros puestos de cabeza en consumo y adicción. ¿Cuándo empezó todo esto? ¿Somos conscientes de cómo pesa en nuestra vida ciudadana la cultura del espectáculo aderezada de fiesta? ¿En qué medida nuestras instituciones trabajan para conseguir la cultura crítica que requiere la vida democrática?
Conforme pasa el tiempo, se van acumulando las preguntas sin respuesta sobre nuestra siempre presente historia. Podemos seguir como hasta ahora: anotamos las preguntas en un cuaderno, lo guardamos en el último cajón y volvemos a llamar a los pilotos de la Transición para que nos cuenten el relato del alunizaje democrático. O podemos dar otro paso adelante, subvertir los órdenes de nuestra historia y sus discursos y empezar a entender dónde estamos y cómo hemos llegado hasta aquí. Se están abriendo los caminos: inundémoslos con los viejos y nuevos relatos y abordemos de una vez el combate de las representaciones.

Carolina Bescansa, Íñigo Errejón, Pablo Iglesias, Ariel Jerez, Juan Carlos Monedero y Pablo Sánchez León son Profesores-investigadores de la Facultad de Ciencias Políticas y Sociología (UCM)

Ilustración de Mikel Jaso


Cuando Guillermo de Baskerville pidió el voto para Espacio Alternativo (Diálogo con Pablo Fernández de Revolta Global)

— Escrito por pablo @ 13:27

 [Artículo para Kaos en la red]

Videmus nunc per speculum et in aenigmate

Allá por los siglos XIII y XIV, la “extrema izquierda” de los franciscanos, los llamados espirituales o fraticelli, plantearon el debate de si Jesucristo había sido o no propietario de sus ropas. Muchos lectores de Kaos en la red juzgarán esta cuestión de las ropas de Cristo como escolástica (nunca mejor dicho) e inútil, pero tras ella estaba nada menos que la puesta en entredicho de las estructuras jurídicas de propiedad que garantizaban el poder de la Iglesia Católica en el mundo de la época. Casi nada.  inquisiciónNo es de extrañar que los espirituales fueran despojados de sus hábitos, desterrados, torturados y que muchos de ellos ardieran en las hogueras de la cristiandad oficial.

 

Quien eche una ojeada a buena parte de los comentarios que han suscitado tanto mi artículo que no tuvo a bien aceptar Mundo Obrero, como la inteligente reacción al mismo de Pablo Fernández (ambos en Kaos en la red), encontrará argumentos muy valiosos, pero también, ahora sí, elementos propios de discusiones escolásticas inútiles.  Entre ellas podrían citarse el debate sobre las expectativas electorales del PCPE o el problema de si el marxismo de Mandel es revolucionario o no (tiene narices). Hay alguna frase además que no me resisto a entrecomillar: “este es el camino, sólo el marxismo-leninismo nos da las verdaderas razones y guía para el combate y por qué combatir, lo demás son zarandajas socialdemócratas de toda laya y estirpe; que sólo buscan subir a la poltronica y olvidarse de los explotados”. Digno de todo un dominico.

 

Pero volvamos a nuestros fraticelli. En ese ambiente de luchas intestinas en la Iglesia del siglo XIV sitúa Umberto Eco su conocidísima novela “El nombre de la rosa”. El protagonista, el franciscano Guillermo de Baskerville (que fue encarnado después en el cine por el escocés Sean Connery), es una especie de Sherlok Holmes que, mediante racionalidad y empirismo flemático propios de un seguidor de Roger Bacon, trata de desentrañar una trama que encierra asesinatos, pasiones carnales entre monjes, secretos de archivística y complejos debates intelectuales, en una abadía benedictina del noroeste italiano.guillermo La astucia de Guillermo tiene una de sus máximas expresiones en su capacidad para provocar a los otros monjes usando sus conocimientos de teología para obtener informaciones que sirvan a su investigación.

En el artículo que Mundo Obrero no quiso publicarme traté, dentro de los estrechos límites de mis posibilidades intelectuales, de disfrazarme un poco de Baskerville lanzando una serie de provocaciones. Una de ellas, cuyo alcance no medí, me valió la censura de Ginés Fernández que garantizó, sin embargo, un impacto a mi artículo que, de otro modo, no habría tenido. Otra, quizá la mas importante y más meditada, iba dirigida a los militantes de Espacio Alternativo. El artículo en el que Pablo Fernández me entra al trapo es la mejor prueba del éxito de esta técnica de provocación baskervilliana. (Para la polémica pendiente sobre la cuestión nacional con mi amigo Raimundo, viejo en el apellido y en el manejo de las artes de la retórica, la dialéctica y la sofística, todavía tengo que terminar de urdir mi plan).

 

Hace unas semanas, a propósito de algo que escribí sobre el baloncesto y Lenin, mi amigo y compañero de la Universidad Nómada Raúl Sánchez me escribía con ironía: lamento no compartir tu retórica de "hombre de izquierda", me da la impresión de que te haces mayor... Como dice nuestro común compañero Luca: "marxisti, non di sinistra", o Virno con anterioridad: "comunisti, quindi non di sinistra". No se trata se abandonar el operador izquierda/derecha, sino, pienso yo, de abandonar la retórica hispánica del "hombre de izquierdas" para recobrar los asideros subjetivos e institucionales nuevos del operador. En el siglo XIV, el bueno de Raúl habría ardido en las hogueras de la Inquisición, precisamente por abandonar del todo los códigos discursivos del resto del clero (algo que a Luca, por cierto, nunca le hubiera pasado). La “retórica hispánica” de nuestra izquierda radical es, a fin de cuentas la que es y si uno quiere discutir de cosas serias con la gente del Espacio Alternativo nada mejor que mentarles la madre y la hermana (o sea la LCR y Sinistra Critica) en vez de entrar en disquisiciones sobre si preferimos el modelo de los ciclos económicos de Mandel o el de Arrighi, por ejemplo.

El guante que ha recogido Pablo Fernández ha dejado el debate planteado en los términos que yo quería. Este autor lo ha organizado en cuatro puntos que voy a seguir.

 

La primera cuestión a dilucidar, razona Fernández, es si los debates internos en IU y el PCE son un factor determinante de cara a la renovación de la izquierda en el Estado español. Como bien señala el autor, parece que estamos de acuerdo en que, de alguna forma es así. Sin embargo, parece que yo tiendo a pensar que es importante que una parte considerable de la militancia (y los cuadros) de IU y el PCE forme parte del nuevo proceso de reconstitución de la izquierda radical estatal (en caso de que éste se llegue a producir) mientras que Fernández se lamenta de que no hay una oposición interna medianamente potente y organizada que ponga la movilización desde abajo por encima de cualquier otra contingencia y señala que el proyecto de IU no está basado en una base ilusionada y organizada en torno a proyectos transformadores. Sin duda el compañero de Revolta Global conocerá mejor que yo la situación interna de Izquierda Unida y a su militancia, puesto que su organización estuvo integrada allí hasta hace bien poco y algunos de sus militantes siguen afiliados a la coalición. Pero entonces, si admitimos que en IU y el PCE los cuadros y militantes válidos son escasísimos, habrá de reconocerse que la estrategia mantenida durante los últimos años por Espacio Alternativo, que trataba de contribuir a generar un bloque de izquierdas en el interior de IU, o bien era errónea (como creo que piensan muchos nuevos militantes de Espacio) o bien fue un fracaso. Admitir tanto lo uno como lo otro dejaría el prestigio de Espacio Alternativo (a mi juicio de los menos cuestionables entre los grupos de izquierda radical en el Estado español) en una situación muy precaria. Daría la impresión de que tras años de una estrategia errónea y fracasada, el proceso de putrefacción de IU habría aupado a los jóvenes castores al control de EA, encaminándoles hacia un entusiasta proyecto extraparlamentario. Pero cuidado, la política, a diferencia del entusiasmo, genera procesos de larga duración que conviene enfrentar con calma.

 

Por el contrario, considero que la estrategia histórica de Espacio Alternativo, trabajando dentro de IU, fue correcta, del mismo modo que lo ha sido su paulatino alejamiento de las estructuras de la misma. Pero este último solo tendrá sentido en la medida en que sirva para aglutinar a sectores amplios. La experiencia de Corriente Roja, en la que no me cabe duda que participaban muchos activistas honestos con las mejores intenciones, debe ser una llamada de atención para los cuadros de Espacio.

 

La segunda cuestión planteada por Pablo Fernández es si tiene sentido que IU siga siendo “partido bisagra” del PSOE o sería mejor seguir el camino de “Nueva Izquierda” y entrar en el Partido Socialista?. En mi primer artículo no planteé una disyuntiva entre esos dos elementos (partido bisagra o integración) sino que simplemente señalé que la entrada en el PSOE me parecería una solución muy coherente para buena parte de los dirigentes de Izquierda Unida. Hablaba solo de coherencia ideológica (siempre respetable). En cualquier caso, estará de acuerdo Fernández en que, aunque no nos reconozcamos en lo que el PSOE o el tripartito de Cataluña llaman “políticas sociales”, las consecuencias de las mismas sobre la vida de la gente (y también sobre las posibilidades de  nuestra propia actividad política) no son las mismas según quien gobierne. A pesar de las fechorías del tripartito catalán, reconocerá el compañero ciertas diferencias respecto, por ejemplo, al Gobierno de Aguirre en Madrid. Debería sobrar decir que esta constatación de la realidad no implica simpatía alguna por los llamados “pactos de progreso”.

 

Pablo Fernández se refería también a mis alusiones positivas a loscuadros de IU preparados en tareas de gestión regional. Y añadía: supongo no se referirá a la escuela de aprendizaje de los cuadros dirigentes de ICV-EUiA, que respaldaron el “secuestro” de manifestantes protagonizado por los Mossos de Esquadra en recientes movilizaciones en Barcelona. Ir a una manifestación rodeado por los cuatro costados de policías antidisturbios que no te dejan abandonar el cortejo hasta que ellos lo decidan no parece un buen aval para la gestión regional de izquierdas. Le aseguro a mi querido Pablo que de abusos policiales sabemos en Madrid tanto o más que en Barcelona (las razones por las que la militancia en Madrid es más vulnerable a la represión que en oros lugares son de sobra conocidas) y, de hecho, algunos de nosotros hemos dedicado años de militancia a idear y practicar formas de enfrentar ese tipo de dispositivos represivos con no pocos riesgos para nuestro pellejo. invisibles Que en Cataluña el jefe de los represores sea un dirigente de ICV es sin duda una prueba de hasta que punto puede llegar la estupidez de lo que Fernández llama gestión regional de izquierdas. Sin embargo, ello no resta importancia al hecho de que aspirar a la representación en ámbitos locales y regionales debe llevar aparejada una voluntad de gestión en una dirección transformadora. Pero para ello, la capacitación y la experiencia son esenciales, como bien saben los militantes de Espacio Alternativo que han ejercido cargos públicos, como representantes de IU, en algunos ayuntamientos.

 

El tercer elemento señalado es la necesidad de crear un referente electoral de la izquierda radical en el Estado Español. Como bien señala mi interlocutor, aquí nuestro acuerdo es total. Fernández apunta además un elemento central que también yo traté de recalcar en mi artículo: Hay quien entiende por unidad la suma algebraica de las siglas de todos los pequeños grupos de extrema izquierda. La unidad así entendida sería un fiasco. Como señalaré a continuación, es en este punto donde Espacio Alternativo puede jugar, a mi juicio, un papel crucial, al ser quizá la única organización con capacidad para actuar de manera diferente a la del resto de letras de la sopa (eso que llamaba ser interfaz entre la izquierda política y la social). Espero no decepcionarme.

Pablo Fernández está de acuerdo con los llamamientos que hago a los militantes del PCE e IU y a los activistas de la izquierda social. Los problemas vienen con mis alusiones o sonoro reparto de mandobles a Espacio Alternativo.

Para Fernández esta muy mal no referirme explícitamente a Espacio Alternativo: Qué menos que algo de proyección pública cuando te condenan a elegir entre ser “interfaz entre izquierda política y social” o “casa de muñecas con unos cuantos cientos (o unos pocos miles) de votos”. Respecto a esta cuestión, he de decir que no mencionar explícitamente a Espacio Alternativo era del todo intencionado. Pretendía con ello limitar el número de invitados al debate, tratando así de circunscribirlo a los militantes de Espacio que no necesitaban de mayores especificaciones para sentirse aludidos (como, de hecho, hemos visto). Si se observan los comentarios al artículo, vemos que la técnica surtió efecto; las únicas referencias a Espacio son las de los propios activistas de este grupo, mientras que, el resto de comentaristas pasan por encima de esta cuestión.

 

En todo caso, para que no se me acuse de tener un mal detalle y en pro de la merecida proyección pública que exige Fernández, he incluido el nombre de Espacio Alternativo en el título de este nuevo artículo (nada menos que junto al de Guillermo de Baskerville) así como la militancia de mi interlocutor en Revolta Global, en el subtítulo. Enviaré también un anagrama de Espacio Alternativo a Kaos en la red, para que se incluya como imagen asociada al título.

 

Tras esta exigencia de proyección pública (que esperamos haber satisfecho) Fernández narra las virtudes y la trayectoria heroica de la LCR francesa y se refiere al lanzamiento del llamado Nuevo Partido Anticapitalista (NPA) en el que habrán de disolverse los neo-trotskistas franceses. A pesar del tono ligeramente grandilocuente de Fernández - una organización nacida al calor de las movilizaciones en Mayo del 68, que ha sobrevivido a períodos terribles para la izquierda, comprometida con la construcción de los movimientos sociales, que sigue enarbolando la bandera del marxismo revolucionario, del internacionalismo, de la pluralidad interna- damos la descripción por buena. Es al fin y al cabo normal que los militantes de partidos se enorgullezcan y se recreen en sus tradiciones y su historia. Lo hemos visto en el PCE y quizá se justifique con más razón en la LCR y en las organizaciones de tradición trotskista (no seré yo quien desarrolle el tema de si las diferentes familias comunistas de la izquierda histórica comparten o no alguna que otra patología freudiana a la hora de hablar de si mismos). Por otra parte, la propuesta del NPA parece muy interesante y, desde luego, muy relevante para nuestro debate sobre la necesidad de un referente político radical en el Estado Español.

 

No voy a entrar tampoco en la cuestión de si en Francia (o ¿Estado Francés?) los militantes de la LCR representarán un tercio o una décima parte de ese nuevo partido, pero de lo que no me cabe la menor duda es de que, en caso de que se produzca un proceso semejante en el Estado Español, el papel que pueda jugar Espacio Alternativo, aún cuando lo considero central, no podrá ser equivalente al de la LCR francesa. En primer lugar porque la realidad y la historia política de la izquierda radical en nuestro Estado son muy distintas de las francesas y, en segundo lugar, porque la fuerza de Espacio Alternativo esta a años luz de compararse con la de la LCR, por mucho que compartan militancia en la IV Internacional.

Comportarse como una franquicia (espero que se me disculpe la “puerilidad” de la expresión, dado que yo he disculpado la, quizá no demasiado madura, grandilocuente prosa de mi interlocutor al hablar de la LCR) es precisamente pretender trasponer el proceso francés al Estado Español y tratar de convertirse en el referente estatal de una suerte de partido europeo hegemonizado por la LCR francesa. Estoy convencido de que los cuadros de Espacio serán lo suficientemente inteligentes para no cometer este error pero, por si acaso, no quiero privarme de sugerírselo. Hablar, como hace Fernández, de esa dinámica de creación de un referente europeo como un proceso dialéctico, interrelacionado e internacional por definición, es aclarar poco las cosas.

Vamos ahora con Sinistra Critica, cuyos resultados electorales valoré como ridículos. Fernández se empeña en dar a entender que aplico el calificativo “ridículo” a los militantes de esta antigua corriente de Rifondazione Comunista. Termina con un reproche moral terrible, refriéndose a los jóvenes militantes de Sinistra Crítica que participaron en el campamento internacional de Besaú: Fue inspirador ver tanta gente joven, tantas mujeres jóvenes, con ese entusiasmo y convencimiento en el trabajo que están realizando. Cualquier cosa menos “ridículo”. No pongo en duda ni el entusiasmo ni el convencimiento de la gente joven y de las tantas mujeres jóvenes de SC (me pregunto a qué responderá esta precisión de género). Es más, seguro que los compañeros de SC, además de ejemplares militantes, son una gente estupenda y han leído a Umberto Eco. Seguro que además fueron un ejemplo de arrojo para el, tradicionalmente algo puritano, trotskismo mundial, al participar, de nuevo con entusiasmo y convencimiento, en los juegos experimentales nocturnos oficiados por el abad MU en Besaú... Pero no estamos hablando de eso (ya me hubiera gustado a mi gozar de esas veladas de internacionalismo proletario cuya leyenda ha atravesado todos los rincones de Lavapies) sino de los resultados electorales de Sinistra Crítica. Sobre estos Fernández solo dice que conseguir 170.000 votos en esas circunstancias sólo puede ser fruto de la convicción y determinación con que trabajaron las militantes de Sinistra Critica. Con todo, pido disculpas y rectifico el provocador epíteto de “ridículos”. Me limitaré a calificar los resultados de poco satisfactorios (¿así esta mejor?) a pesar la convicción y la determinación de los militantes de SC.

Pero aquí los cuadros de EA debieran estar atentos. Aunque no les guste, la realidad de la izquierda italiana se asemeja más a la nuestra que la francesa y más en el caso de SC que durante años, al igual que EA, trató de hacer política dentro de RC. Su salida de Rifondazione, su fracasado intento de formar un frente de izquierdas (como la Costituente Anticapitalista en la que participó mi compañero Luca al que aludíamos antes y en la que sugirió a los organizadores un nombre algo más erótico) y el resultado electoral, deberían llevar a la reflexión a los militantes de Espacio y hacerles aspirar a algo más que a recibir elogios por su convicción y determinación. Lo diré más claro, si tras años de lucha dentro de IU, una aventura electoral en solitario dejara a EA con unos pocos miles de votos, se estarían haciendo muy mal las cosas.

Llegamos ya al Estado Español. Para Fernández, debido a mi desconocimiento o a mi temor a que se abran experiencias tal vez exitosas, sobre las que tengo poco ascendente, sentencio a Espacio a convertirse en una casa de muñecas con unos cientos (o unos pocos miles) de votos en el caso que decida presentarse a las próximas europeas. Decir que temo al éxito de Espacio Alternativo por mi falta de ascendente hace suponer que lo tengo sobre alguna otra organización. Sin embargo, los únicos grupos en los que he participado, desde la disolución de Arde Madrid en 2005, son el Colectivo Universitario Contrapoder, la Universidad Nómada y la Fundación CEPS, todos ellos muy heterogéneos ideológicamente y sin aspiraciones electorales (aunque sí construyen organización, querido Pablo). Paradójicamente, el grupo con ese otro tipo de aspiraciones con el que más me identifico (como saben muchos de sus miembros de Madrid) es Espacio Alternativo y, precisamente por ello, gasto mi tiempo redactando artículos en los que trato de lanzarles el guante de la discusión sobre el futuro de la izquierda. Ver como detractor a un partidario exterior define bien lo que llamaba en mi artículo miopía política (incapacidad para ver lo que esta más allá de nuestras narices). Eso sí, que nadie espere que de mi simpatía se derive que vaya a escribirle un poema Olivier Besancenot cenas comunistas(aunque los guisos y los vinos de uno de sus equivalentes estatales bien merecerían unos versos de amor) o que vea nuestra Guerra Civil a través de los ojos de Julián Gorkin, de George Orwell o de Ken Loach.

Por desgracia, Pablo Fernández no se queda ahí y añade que cuando se intensifica un debate político de estas características renacen determinados “freelance” de la política que golpean desde su atalaya “de izquierdas”. Ya sea desde la columna de un periódico, las ondas de una emisora de radio o como ilustre prócer de algún departamento universitario, en ocasiones arremeten de manera excesivamente agresiva contra quienes, al revés que ellos, sí que están construyendo organización. Desconozco la trayectoria de militancia de Fernández (como veo que le ocurre a él con la mía) pero estoy seguro de que merece todo mi respeto y admiración. Pero ese párrafo que cito atraviesa los límites de la camaradería a la que al final alude su autor y por ello no voy a atenderlo con palabras escritas. Estoy seguro de que en el cara a cara que más tarde o más temprano se dará entre nosotros, sabremos disculparnos si hemos cometido una ofensa injustificada. Ya nos veremos.

Por último, señala Fernández con gran acierto que para ir a las europeas hará falta saber previamente si una parte significativa de la izquierda social con la que trabajamos está dispuesta a dar pasos para convertirse también en izquierda política. No puede ser un proceso a espaldas de las luchas que se vienen dando en los últimos años. Toda la razón. Me temo, sin embargo (y tengo buenas razones para hacerlo), que no todos los cuadros de Espacio tienen esto tan claro y sospecho que algunos de ellos no verían con malos ojos una candidatura propia a la que se le añadieran algunos amigos a modo de comparsa que, aún cuando no sirviera para lograr una representación (que yo juzgo fundamental y posible) sí podría contribuir a la consolidación orgánica de Espacio Alternativo, aunque solo se saquen unos miles de votos. Como se podrán imaginar los lectores, este tipo de argumento no es fruto de mi imaginación sino que lo he escuchado en alguna discusión con compañeros de EA.

Precisamente porque estoy completamente de acuerdo con la última reflexión de Fernández, estaré encantado de seguir participando en un debate que me parece crucial para el futuro de la izquierda radical en el Estado Español…Aunque tenga que imitar las astutas artes provocativas de un detective franciscano y jugar con espejos y enigmas.

Omnia sunt communia!

 


Renovación de la izquierda: ¿De qué estamos hablando? [Artículo rechazado por Mundo Obrero]

— Escrito por pablo @ 12:08

 [El presente artículo le fue solicitado al autor por Juan Iglesia, secretario general de la UJCE, para el número de Septiembre del periódico Mundo Obrero. La tarde del 3 de Septiembre, Juan Iglesia se puso en contacto con el autor para informarle de que la redacción de este periódico, a través de su director Ginés Fernández, había rechazado el artículo por considerarlo escasamente propositito y por contener referencias no justificadas a Felipe Alcaraz] 

Mi viejo amigo y compañero Juan Iglesia, secretario general de la UJCE, me pidió hace unas semanas que escribiera un artículo para MO a propósito del debate que se está manteniendo en este periódico sobre “la renovación de la izquierda”. Juan me sugirió que leyera algunos de los artículos y documentos ya publicados por MO, cosa que disciplinadamente hice, para darme cuenta enseguida de que todos se referían a IU, al PCE y a la situación interna de ambas formaciones.

fiestaConsidero, sin embargo, que una discusión sobre la renovación de la izquierda dista mucho de ser un debate sobre el PCE, IU y sus respectivas vidas internas. Por otro lado, titular así el tema que nos ocupa, lleva necesariamente a cuestiones globales, históricas y teóricas distintas a las que aparecen en los artículos, entrevistas y documentos de Julio Anguita, Enrique Santiago, Felipe Alcaraz o de mis amigos Jaime Pastor y Manolo Monerero, que Juan me sugirió leer. A quien le interese realmente el tema de la renovación de la izquierda, le aconsejo la lectura del último artículo de Lucio Magri en la New Left Review “Flying Lessons for the Left”, pero verán que allí se habla de otras cosas. Nuestra discusión, en cambio, debe plantearse en términos más sencillos, a saber, la necesidad de un referente electoral de izquierda radical en el Estado español.

El primer elemento a dilucidar es, por tanto, si entendemos viable y necesaria una formación política sin aspiraciones a gobernar en coalición con formaciones de perfil moderado, en especial el Partido Socialista, al menos en el nivel estatal. Que nadie se confunda en este punto. A pesar del fracaso de Bertinotti en Italia y del proyecto de Llamazares en España, resulta perfectamente razonable, a la vista de cómo terminó el siglo XX, que muchos sectores asuman que el único papel de una formación “a la izquierda del centro izquierda” sea actuar como partido bisagra de los gobiernos socialistas, para cerrar el camino a la derecha y para favorecer políticas sociales. El planteamiento es más que legítimo y respetable y, por mi parte, siempre preferiré a los pragmáticos honestos antes que a los maniobreros y transformistas, capaces de pasar de la más gris realpolitik a los más incendiarios discursos.

pcePero en lo que respecta al Estado español, entiendo que, tras los últimos resultados electorales de IU, los pragmáticos (honestos o no tanto) debieran seguir el camino de Nueva Izquierda e integrarse en el PSOE. Al fin y al cabo, siempre será preferible un Partido Socialista con López Garrido, Rosa Aguilar, Gaspar Llamazares e incluso con, el últimamente tan rojo, Felipe Alcaraz. No parece que el PSOE hubiera de tener dificultades para integrar las aportaciones ideológicas y programáticas del hasta ahora sector hegemónico de IU y el PCE, como hemos visto en la última legislatura.

Sin embargo, para los que consideramos que una formación política de corte anticapitalista (con líneas de intervención menos centradas en la coyuntura estatal y más en los problemas locales-globales) puede ser un instrumento útil y con viabilidad electoral en el Estado, los problemas a resolver son otros.

En primer lugar, es necesario asumir que la izquierda radical en el Estado Español es, por suerte, mucho más que IU y el PCE, aún cuando solo IU sea un referente electoral estatal. La notable diferencia que, a finales de los 70 y principios de 80, existía en términos organizativos, en el número de militantes y en el nivel de los cuadros, entre el PCE y la extrema izquierda, es algo que se fue diluyendo a los largo de los años. Lo único que hoy tiene IU y de lo que carecen todos los sectores a su izquierda es la representación institucional, así como ciertos cuadros preparados en tareas de gestión local y regional (elemento este de más valor que el primero, a medio plazo).

Por lo tanto, renovar debe significar hacer confluir a diferentes grupos del conjunto de la izquierda radical en un experimento electoral nuevo. Algunos de ellos procederán, sin duda, de la propia IU pero otros muchos, muchísimos, no. La clave para ello no es tanto sumar siglas de pequeñas casas de muñecas con aspiraciones de partido-vanguardiavarios, como cartografiar los procesos de lucha social que se han dado en los últimos años para atraer así, en un nuevo proyecto, a todo un capital disperso de militantes, colectivos, media-activistas, intelectuales, gentes de la cultura, etc. que, unidos en torno a un objetivo específico, seguramente podrían dar muchas sorpresas en la arena política mediático-estatal.

Las próximas elecciones europeas, por diferentes motivos que van desde el sistema electoral a la posible centralidad de un discurso sobre los derechos de los migrantes en la Unión (que serán la clave de la fuerza de trabajo colectiva europea para la acción político-sindical en el futuro), abre muchas posibilidades de experimentación.

Pero un proceso de confluencia como este requería de mucha generosidad. Por una parte, aquellos que han luchado y luchan por un giro a la izquierda del PCE e IU, quizá debieran entender que la organización y las siglas son instrumentos de los que, ante determinadas circunstancias, conviene desprenderse. Por otra, los que, desde la más torpe miopía política, pudieran sentirse atraídos por aventuras de auto-reforzamiento orgánico aprovechando la coyuntura de debilidad de IU, no debieran olvidar que el resultado de SC en Italia fue ridículo (por mucho que se quiera relativizar), que en el Estado español no hay espacio para una franquicia de la LCR y asumir el papel de interfaz entre izquierda política y social que les corresponde, antes que convertirse en una casa de muñecas más con unos cuantos cientos (o unos pocos miles) de votos.

Pero sobretodo, los activistas sociales y sus colectivos, que desde diferentes ámbitos de la izquierda social llevan haciendo la guerra durante años y formando a los mejores cuadros con los que hoy contamos, deberían asumir su mayoría de edad y la importancia de construir un referente electoral.

La renovación, sin duda, pasará por muchos militantes del PCE e IU, pero la gran mayoría de sus protagonistas vendrán de otros ámbitos; basta pensar en las movilizaciones de los últimos ocho años para darse cuenta de ello.

 


Lenin MVP Reloaded

— Escrito por pablo @ 22:56
 

Jamás pensé que mi artículo “Lenin MVP. La selección de baloncesto y la lucha de clases”, pudiera tener tanto impacto.

 

Para empezar, desató una brillantísima reacción del profesor de Ciencia Política de la Universidad Pompeu Fabra, Raimundo Viejo Viñas, a propósito de la cuestión nacional.

 

Para Raimundo, con mis alusiones al problema de los símbolos nacionales para los patriotas periféricos y para los españoles de izquierdas, estaba “abordando la cuestión nacional desde una perspectiva estatocéntrica y céntricoestatal”. Raimundo, de hecho, ha prometido en su blog una gran respuesta a la que yo improvisé sobre sus comentarios. Estoy expectante y alerta ante tamaño honor.

 

Recibí después los elogiosos comentarios de Pedro Honrubia que interpretaba el artículo como  “una magnífica y extensa metáfora de las inmensas posibilidades que se abren ante las clases explotadas”. Sin embargo, he sido objeto también de severos juicios en foros donde el artículo fue extensamente comentado, como el del Estudiantes y el RiFF Fanzine, donde algunos participantes, no sin parte de razón, calificaban el artículo de “chorrada” o de “paja mental”. Ha habido quienes, también con buenas razones, me han juzgado de machista e insensible a los temas étno-clasistas, por no haber referido que el soccer es un deporte líder entre las mujeres y los migrantes en EEUU, e incluso hay quien me ha hecho co-responsable “de la desaparición de la izquierda” al estar más preocupado por “la estética que por la ética marxista”. 

En lo estrictamente baloncestístico, hubo un forero que posteó una foto de la momia de Lenin, comentando que le había visto “muy estático en el partido”. Ante todas estas reacciones, persuadido entusiásticamente por mi padre y por algunos amigos, me permití enviarle el artículo al propio Aíto García Reneses que, con unos modales de gentleman, me escribió:Muy original. Gracias por enviármelo”. 

El colofón a este mi primer gran éxito como articulista político-deportivo, ha venido de la mano de un periodista profesional especializado en baloncesto, Matías Castañón, con quien coincidí en la Facultad de Políticas, que me ha dedicado un artículo titulado “Pasar por el aro: análisis de "Lenin MVP", de Pablo Iglesias Turrión”. 

Sólo puedo decir que estoy abrumado, a la vez que muerto de risa, sobretodo de mi mismo. Durante los últimos cinco años me he dedicado profesionalmente a la investigación politológica. Como podrá entenderse, los frutos de ese trabajo son, en general y aparte de maravillosos momentos de efémera docencia como profesor-colaborador, artículos académicos, capítulos de libros, la coordinación de alguna monografía, informes, ponencias para congresos, algún articulillo periodístico y, finalmente, una piedra de tesis doctoral de más de 500 páginas. Les aseguro que ninguno de mis textos, algunos de los cuales es producto de meses e incluso años de trabajo, había tenido jamás la acogida de mi “Lenin MVP”. Tiene narices la cosa. 

He aprendido la lección, a partir de ahora reduciré al mínimo la escritura “alimenticia”, necesaria para sobrevivir en la Academia y dejaré que el don de la ebriedad tome los mandos de mi teclado. Por fin he comprendido a Groucho Marx cuando decía que jamás pertenecería a un club que le admitiera como socio y también por qué ciertos líderes políticos históricos de la izquierda pierden todo sentido del pudor cuando se trata del deporte.

. 

Pero permítanme hacer algunas aclaraciones a propósito de “Lenin MVP”. Fue concebido en el marco de una coña marinera, cenando con un colega en la Taberna Maceira de Huertas, la noche del 23 de agosto. Teníamos a nuestra vera mi amigo y yo a tres turistas croatas, con las que decidimos entablar conversación (no crean que  Pau Gasol es el único que sabe romper la zona croata). Tras tratar de hacer valer mis magros conocimientos geopolíticos sobre la desintegración de Yugoslavia hablando de Franco Tudjman y de las herencias ustachas (tuve que pronunciar ustaša unas doce veces para que me entendieran) optamos por hablar de Drazen Petrovic…El resto fue una compleja sucesión de asociaciones mentales entre mis lecturas del momento, la conversación absurda con las croatas sobre baloncesto y el partido del día siguiente.

 

Durante las semanas anteriores, había estado yo dedicándome a estudiar a autores como David Harvey, Beverly Silver, Giovanni Arrighi, Immanuel Wallerstein, Antonio Negri, Saskia Sassen o Yann Moulier-Boutang, entre otros (tiene razón Matías Castañón cuando dice que tengo pinta de vivir para leer libros y manuales), con la intención de preparar un programa de lecturas de geografía política. Uno de los temas que atraviesa los escritos de estos autores, es el problema de la agencia, a saber, el papel de la organización política en los procesos de transformación social; cuestión esta muy relacionada con Lenin, quien pasó a la historia, entre otras cosas, por haber concebido y llevado a la práctica un modelo específico de organización política, el partido de vanguardia, que tanto habría de influir en el movimiento comunista, durante el siglo XX.

 

La emoción que experimenté durante el partido, la mañana del 24, terminó de preparar el cóctel explosivo del que surgió un texto, sin más intención que relajarme un rato. En él, la final entre España y Estados Unidos y el baloncesto son, básicamente, el hilo conductor de una serie de reflexiones teóricas de medio alcance sobre el problema de la agencia en los procesos de transformación y sobre ciertos elementos que aluden a las representaciones simbólicas de las identidades nacionales. Todo ello, por supuesto, en clave irónica aún cuando traté de no perder cierta rigurosidad, tanto respecto al partido de baloncesto como respecto a las cuestiones políticas señaladas.

 

Pero lo dicho, está visto que escribir de esta forma resulta mucho más útil (o, al menos más entretenido) que respetar ciertos convencionalismos. En fin, como diría Marko Milic, “nosotros aquí trabajando y luchando…”

 

Postdata para Matías: Tienes razón, fue Alexander y no Sergei Belov el autor de la canasta. Respecto al autor del pase, la wikipedia dice que fue Ivan Edeshko y esa impresión me da tras ver los vídeos. 

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Fidel basket


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