el gesto de Antígona

Lenin MVP. La selección de baloncesto y la lucha de clases

— Escrito por pablo @ 13:22

 

Los catalanes, los vascos y todos aquellos que sufren de emociones nacionales no representadas en forma de Estado, deberían tener derecho a disfrutar, al menos, de sus colores, himnos y demás parafernalia patria en las competiciones deportivas. Vaya eso por delante.

 

El tema tiene, sin duda, mucha importancia política, como ha quedado demostrado después de lo mal que ha sentado a los nacionalistas catalanes el anuncio de su compatriota Pau Gasol para Nike. “Está bien conseguir que tu país te admire, pero es mucho mejor que el mundo admire a tu país”, dice Gasol refriéndose a España. Sospecho que a los catalanistas moderados les consolará pensar que, por lo menos, Gasol no dice “Arriba España” como el futbolista Villa y que además ha cobrado por el anuncio (la pela es la pela, como decía Joan Puig). 

ser español

 

Sobre lo que nadie ha llamado la atención, sin embargo, es sobre el hecho de que el pívot de los Lakers y embajador de UNICEF, haga un anuncio para una multinacional que mantiene a los trabajadores de sus fábricas de Asia en condiciones espantosas y que ha sido continuamente acusada de utilizar mano de obra infantil.

 

fábricas de Nike

 

Pero en fin, estábamos con lo de la representación de las naciones en las competiciones deportivas. Es aquí donde entiendo que, por lo mismo que debemos solidarizarnos con los patriotas que no tienen equipo propio, los que somos de izquierdas y sufrimos un irredentismo particular soportando día tras día el nacionalismo español (por definición de derechas) y su bandera monárquica y postfranquista, deberíamos también ser objeto de una solidaridad similar, o al menos de una cierta compasión. Ya me gustaría a mí ver a los jugadores de la selección de basket con uniforme tricolor y escuchar un himno como La Marsellesa y no la cutre pachanga fachosa, antes de los partidos o cuando se gana algo.

 

Pero esto es lo que hay, y si te gusta el baloncesto y quieres emocionarte con un equipo que conoces (yo hasta que el baloncesto boliviano no llegue las olimpiadas paso de cambiar de equipo) te tienes que tragar la infame pompa nacional y pasar por alto que los chicos de oro son, en gran medida, un grupo de millonarios dispuestos a vender su imagen a cualquier banco, empresa multinacional o sindicato del crimen que pague por la publicidad (aunque haya algunos, como Calderón, que en un gesto poco habitual, visitó a los presos de la cárcel de Sevilla y se echó unas canastas con ellos).

 

El caso es que a mí, a pesar de que me revienta el nacionalismo español (mucho más que el vasco o el catalán, que le voy a hacer), el basket me vuelve loco desde chico y esta mañana, desde las ocho y pagando con un cruel dolor de cabeza los excesos nocturnos y la falta de sueño, he disfrutado de la final olímpica como nadie. Mate de Rudy frente a HowardHe gritado a rabiar con el triple de Rudy que ha ajustado el marcador a dos puntos, a solo ocho minutos del final (provocando el exilio definitivo del gato de mi compañero de piso) y he levantado el puño como la Pasionaria con el mate que ha hecho este mismo jugador (¿catalán? ¿Mallorquín?...a ver si la vamos a tener) poco después, en las barbas de Dwight Howard, santo venerado por todos los porteros de discoteca del mundo.

 

Sin embargo, creo que el partido de hoy no es solo el mejor de la historia de la selección o la culminación de los éxitos de una impresionante generación de jugadores, que llenará páginas de periódicos durante días y que será recordado tanto o más que la final de Los Angeles, sino que representa también una magnífica metáfora explicativa de la lucha de clases, como dinámica antisistémica de enfrentamiento desigual. Créanme, lo que hemos visto hoy en Pekín ha sido una lección de leninismo de las que le gustan a Slavoj Zizek[1] (y por supuesto, de las que le gustaban a Mao Zedong).

 

Antonio Negri, que de fútbol sabe algo pero de baloncesto poco, describió hace tiempo el catenaccio italiano como la mejor expresión del enfrentamiento de los débiles frente a los poderosos. Para el alma máter de la autonomía obrera, ese sistema táctico nacido del Véneto migrante de mediados del siglo XX, representa una manifestación de la ferocidad del débil en la lucha, resistiéndose a ceder ante el poderoso[2] (ello explicaría el mito de que los equipos de fútbol italianos tienden a ganar aunque jueguen peor que sus rivales).

 

Pero Don Antonio se equivoca de juego. El fútbol es un deporte poco representativo de la sociedad conformada por el Capitalismo histórico, precisamente porque en él casi todo es posible y las “sorpresas revolucionarias” no solo ocurren de vez en cuando, sino que son frecuentes. En el fútbol los equipos débiles pueden derrotar a los fuertes, como nos hemos cansado de ver, por ejemplo, en la Copa del Rey (heredera de la copa del Jefe del Estado anterior, mentor del actual). Solo en un deporte como el fútbol pueden surgir superhéroes, como Maradona en el Nápoles, capaces de cambiar por si solos el curso de la Historia. Solo en el fútbol es frecuente que pierda el equipo que ha jugado mejor.

 

Precisamente este carácter de deporte con tantos elementos imprevisibles es la clave de su incomparable éxito mundial. En el fútbol se puede soñar y pueden pasar cosas sin equivalente en la realidad (como el partido de Malta, la final de la Copa de Europa de 1999 que ganó el Manchester United o la remontada del Liverpool en esta misma competición en 2005, entre otros millares de ejemplos). Quizá no sea casualidad que en el país que lleva dominando la economía-mundo capitalista desde el periodo de entreguerras, el soccer sea un deporte de segundo nivel y se prefieran otros mucho menos abiertos a la sorpresa como el fútbol americano, el baseball o el propio baloncesto. Tal vez por eso también, los que nos reclamamos del marxismo, puestos a perder el tiempo con los deportes (como decía Javier Krahe, no todo va a ser follar), deberíamos asumir la obligación revolucionaria (y epistemológica) de entender mejor los deportes que gustan en los USA, como es el caso del baloncesto.

 

A diferencia del fútbol, en el basket las relaciones de fuerza son, por lo menos, tan importantes como en la realidad material del Capitalismo. Así, las cualidades físicas de los jugadores –del mismo modo que la capacidad industrial, financiera y militar de las regiones geopolíticas- son determinantes. Para empezar, es difícil jugar de algo distinto que de base o de escolta si se mide menos de dos metros. En lo que respecta a las cualidades técnicas del equipo -I+D y general intellect en sentido amplio, para el caso de las áreas económicas- éstas permiten afinar muchísimo en los pronósticos y en las proyecciones a largo plazo de los resultados y además son perfectamente cuantificables en casi todos sus aspectos, gracias a las estadísticas. Una genialidad que termina en canasta, nunca será equivalente a la genialidad que termina en gol. Si pensamos en la competición profesional de los estadounidenses, la NBA, vemos que se trata de un sistema diseñado para que sea prácticamente imposible que no gane el mejor. La fase regular garantiza que sólo los mejores puedan estar en los play off y el sistema al mejor de siete partidos asegura, asimismo, la victoria final del equipo superior, como experimentaron en sus carnes los Lakers de Gasol y Bryant en su enfrentamiento con los Celtics este año. Pero es que incluso en el sistema a uno o tres partidos de las competiciones de la ACB (la liga y la copa), al final tenemos arriba a los de siempre, sin demasiadas sorpresas (a diferencia de lo que ocurre en el fútbol con los sistemas de eliminatorias que, en muchas ocasiones, llevan a un modesto a la final, como viene ocurriendo en los últimos años en la Copa del Rey de fútbol).

 

En este sentido, la situación en la que se veía la selección de baloncesto, ante la final de esta mañana contra los Estados Unidos, era extremadamente difícil. Sin embargo, como ocurre con la lucha de clases en ciertos momentos muy precisos de la Historia, la victoria frente a los poderosos no siempre es imposible. En este caso, se trataba de una final a un solo partido, lo cual minimizaba la tendencia indiscutible a la superioridad de los norteamericanos en una hipotética serie de encuentros. A pesar de la superioridad general del mal llamado dream team (que nadie se engañe, en el baloncesto no se sueña, se conspira), la defensa de nuestra selección estatal (¿así suena bien?) se había demostrado la mejor del campeonato. Además, en algunos aspectos tácticos derivados en parte de las normas del baloncesto FIBA, podía esperarse una cierta ventaja para España. Por último, el altísimo nivel de los jugadores de la roja (esto si que me gusta como suena) hacía pensar que, si se daban ciertas circunstancias y se llevaba a cabo un diseño estratégico virtuoso, se podía ganar el partido.

 

Como en las situaciones pre-revolucionarias, la posibilidad de victoria es una pequeña ventana abierta en un muro que pasa velozmente ante nosotros, por la que es necesario colarse. Y es aquí donde entra en juego la agencia, el “partido” como conspirador intelectual y organizador político. Dijo Andrés Montes en uno de los partidos de preparación retransmitidos por La Sexta que Don Alejandro –refiriéndose a Aíto García Reneses- es maquiavélico. Desconozco si los orígenes cubanos de este particular comentarista están detrás de un comentario tan gramsciano, ya que definir a un entrenador de baloncesto como maquiavélico en sus diseños tácticos es acercarse mucho a la lectura que aquel sardo astuto y brillante hiciera del consejero florentino, para ponerle al servicio del proletariado (tesis que después desarrollaría Althusser en una de sus últimas y más discutidas obras[3]).

 

Y efectivamente, si pensamos en Don Alejandro, estamos pensando en el más leninista de los entrenadoresAíto arenga a las masas; todo un revolucionario de la teoría de la agencia aplicada al baloncesto (la introducción en España del sistema defensivo de dos contra uno en el poste bajo y de la defensa individual de presión a toda cancha o la renovación de la famosísima zona 1-3-1, son obra suya). No se nos debe escapar que, una vez nombrado seleccionador, reorganizó su “partido político” asegurándose una dirección de “intelectuales”; ello es lo que explica la sustitución de Carlos Cabezas y Sergio Rodríguez por Ricky Rubio y Raúl López, la inclusión de Garbajosa a pesar de que la inactividad había mermado su nivel, o el papel determinante (más aún que en el europeo del año pasado) de Carlos Jiménez en el equipo. Respecto a Raúl López (ahora veremos porque hoy ha jugado menos de lo que se podía prever ante la ausencia de Calderón) hay pocas dudas sobre que su cerebro es su característica fundamental (el mismo lo declaraba cuando se marchó a la NBA, de la que sólo volvió por la fragilidad de sus rodillas), algo que ha preferido Aíto a la explosividad demostrada de Sergio Rodríguez. Pero lo mismo cabe decir de Ricky Rubio, que aún con sus increíbles manos quizá no sea mejor defensor que Cabezas, pero que sí tiene una mejor visión de juego (sus celebrados ally-up no son más que un ejemplo de ello).

 

Las piezas claves del equipo de Aíto, y en especial para este partido, eran esencialmente “revolucionarios profesionales”. Es verdad que, en este caso, el físico no desmejoraba unas alineaciones de talento más que cultivado (ya les hubiera gustado al genial Rafa Vecina, a Romay o a Solozabal parecerse algo en el físico a estos jugadores) pero desde luego éste no era un factor determinante y menos contra los Estados Unidos. Si Gasol es uno de los mejores del mundo, no es por sus 2´15 (en la liga nacional americana los hay más grandes y más fuertes) sino por su manera de pensar cuando juega. Y lo mismo puede decirse del resto de “dirigentes políticos” del equipo (se diga lo que se diga, esta denominación dice más de lo que son que llamarles chorradas como “estrellas” o “ñba´s”).

 

En el partido de esta mañana, el general del ejército rojo (esto ya me encanta) Aíto García Reneses ha planteado un esquema táctico brillante para buscar una posibilidad revolucionaria que, sencillamente, no se ha presentado. En defensa hemos asistido a una combinación del sistema de presión individual con la zona 2-3 (de tan buen resultado para el Joventut la pasada temporada)esquema de la zona 2-3 que los norteamericanos solo conseguían superar con una efectividad increíble en el tiro (especialmente en los triples, durante el primer periodo). No debemos olvidar este aspecto; una de de las cosas más llamativas del partido ha sido el excelente ritmo anotador de Estados Unidos ante la defensa, casi impecable salvo al intentar parar los contraataques, de España. Que Raúl y Ricky se cargaran de faltas tan rápido no es más que un indicador de la intensidad defensiva puesta en práctica.

 

Pero a pesar de los sobresalientes porcentajes anotadores de EEUU, la agresividad ofensiva del equipo leninista de Aíto ha sido lo más impresionante de su juego. La selección ha acabado con un 47 por ciento de efectividad en triples (porcentaje inalcanzable incluso para los equipos especializados en esta faceta en un partido contra USA) anotando nada menos que 107 puntos. Para quitarse el sombrero si tenemos en cuenta el partidazo que han hecho los americanos.

 

En lo que respecta al funcionamiento colectivo del equipo español en el ataque (6 jugadores de España con 10 o más puntos al final del partido), basta darse cuenta de que la selección ha jugado sin base durante muchos minutos. Si hay algo que intimida de un equipo de baloncesto es verlo jugar y anotar sin base. Muy pocos equipos pueden permitirse jugar así; el modelo histórico de los Bulls con Jordan o, en menor medida, el de los Lakers con Kobe Bryant, responde a una táctica mucho más básica, a saber, hacer descansar la fuerza anotadora en un francotirador extraordinario. Pero con Rudy o Navarro subiendo el balón no dejaba de haber cinco anotadores posibles y efectivos. Por eso Aíto no ha necesitado de Raúl para dar descanso a Ricky.

 

Pensando en el resultado final, no solo hay que anotar el hecho de que si a Estados Unidos le hubieran pitados los pasos de salidaejemplo de pasos de salida y algunas faltas más se habría llegado a otro resultado (eso era algo con lo que, al fin y al cabo, había que contar); hubiera bastado con que los americanos dejaran de hacerlo todo perfecto (como no llegar al 70 por ciento de efectividad en tiros de dos, al 73 en tiros libres o al 46 en tiros de tres) para que España hubiera ganado.

 

Por eso el partido ha sido magnífico (la selección de la NBA enfrentándose a una inteligencia revolucionaria prodigiosa) y por eso representa una metáfora de la lucha política y social en condiciones objetivas de asimetría. Sin saberlo, los jugadores y el cuerpo técnico de la selección española de baloncesto han demostrado que la revolución es “tácticamente posible” y que el peso de la agencia (como dispositivo organizador de la acción) puede ser determinante incluso cuando el enemigo no flaquea. Jugando al nivel de hoy, puede afirmarse que sería solo cuestión de tiempo que España gane a los Estados Unidos.

 

El resultado final en el marcador en nada empaña estas enseñanzas revolucionarias. De hecho, nos ha librado de aguantar el himno, de las celebraciones de exaltación nacional, del orgullo de ser español (yo preferiría sentirme orgulloso de algo un poco más meritorio) y de la sucesión de infames actos protocolarios que acompañan los éxitos de los héroes de la patria. Ya tuvimos esta suerte en el pasado europeo de Madrid, con el extra añadido de escuchar los acordes del viejo himno soviético y poder recordar esa final mítica de Munich 72 en que la Unión Soviética, con canasta de Sergei Belov en el último segundo a pase de Ivan Edeshko, hizo morder el polvo a los estadounidenses, en plena Guerra Fría.

la canasta de la victoria soviética

Pero la Guerra Fría acabó y, con ella, el secuestro del pensamiento de Lenin, en las manos los burócratas soviéticos. Por eso hoy podemos decir que Lenin ha sido, con mucho, el MVP de la final.

Lenin mvp    

 



[1] Véase Zizek, Slavoj, Repetir Lenin. Madrid, Akal, 2004.
[2] Negri, Antonio, “Catenaccio y lucha de clases - Entrevista a Toni Negri”. En http://colaboratorio1.wordpress.com/2007/10/20/catenaccio-y-lucha-de-clases-entrevista-a-toni-negri/   (Consulta: 24/08/08).
[3] Althusser, Louis. Maquiavelo y nosotros.  Madrid, Akal, 2004.

Democracia ¿dónde? terrorista ¿quién?: el gesto de Antígona

— Escrito por pablo @ 10:45
[artículo para Rebelión] 
-¿y, a pesar de ello, te atreviste a transgredir estos decretos?
Creonte


Hace más de cincuenta años Francisco Franco llamaba jaraneros y alborotadores a los estudiantes antifascistas de la Universidad Complutense. A los de mi facultad que el otro día recibieron con insultos a Rosa Díez se les ha llamado grupúsculos minoritarios y marginales, radicales, violentos y filo-terroristas. El profesor Antonio Elorza ha hablado de “internacional follonera” y de “fascismo rojo” para definirlos y Mikel Buesa llamaba la atención sobre la presencia de “personas sudamericanas” entre los estudiantes que reventaron el acto de la candidata de UPyD. Si esto último fuera cierto, se confirmaría que los tentáculos del vengativo comandante Chávez llegan al Campus de Somosaguas y todas las sospechas recaerían en el profesor Juan Carlos Monedero, conocido asesor del comandante, como cerebro gris del escrache a Rosa Díez (no puedo dejar de imaginarme a mi querido Juan Carlos leyendo a Boaventura de Sousa Santos en una celda de Soto del Real). Bromas aparte, parece que todo está permitido mediáticamente a la hora de criminalizar a los estudiantes de izquierdas. Sobre si son de una izquierda más o menos extrema, basta leer Destra e Sinistra de Norberto Bobbio para darse cuenta de que, desde la caída del muro de Berlín, la izquierda sólo puede ser extrema.



A calor de los incidentes de políticas, el profesor Ramón Cotarelo escribía en su blog que este tipo de “agresiones” vienen siendo una práctica muy utilizada en los últimos tiempos. Como recuerda Cotarelo, la propia Rosa Díez y María San Gil hicieron sentir la presión del insulto al otrora presidente del PNV Josu Jon Imaz y todos nos acordamos del ex ministro Bono huyendo precipitadamente de una manifestación de la AVT. Peor les fue a los policías que detuvieron a los militantes del PP que intentaron agredir al ex ministro (entre los “folloneros”, como reconocerá Elorza, también hay clases y privilegios según a qué “internacional” o a qué “fascismo” pertenezcan) y peor todavía le fue a José María Fidalgo, cuya estatura le jugó una mala pasada cuando tuvo que afrontar las iras de los trabajadores de SINTEL (cosas del sindicalismo “de altura” cuando se enfrenta al de base).

Rosa Díez, Maria San Gil y Gotzone Mora hacen sentir la presión del escrache al presidente del PNV

Pero ni esto ni las condenas contra los “ataques a la libertad de expresión” tienen gran importancia. Cuando los principales medios de comunicación están en manos de gobiernos o son directamente la propiedad de corporaciones privadas, reconocerán conmigo mis profesores que los escraches tienen una relevancia anecdótica en lo que a la libertad de expresión se refiere. En el caso de Rosa Díez, además, da la impresión de que, de no ser por el revuelo que su presencia despertó en el campus, no hubiera recibido mucha atención por parte de una prensa partidista que no tiene aún muy claro a quien va a restar votos la pintoresca candidatura de esta señora.

Lo verdaderamente importante de los acontecimientos de la facultad complutense es la lección de Ciencia Política que dieron los estudiantes de izquierdas. Al intervenir contra un acto como aquel, los estudiantes fueron capaces de representar, con una intensidad inigualable, el No de Antígona en el que se fundamenta la ética en política, como acto radical de libertad que desafía las leyes y se opone a la tiranía, sean cuales sean sus consecuencias.

Como rapeaban los Hechos Contra el Decoro (a través del mc de otro veterano de la facultad) cuando todo se puede decir, la forma de censura es el consenso. Este consenso que hemos vuelto a ver representado en las unánimes condenas contra los estudiantes es la forma de tiranía en la Tebas de nuestra postmodernidad demoliberal. Y eso es, precisamente, lo que han roto los estudiantes al corear “democracia ¿Dónde? terrorista ¿Quién?” frente a Díez, sus guardaespaldas y decenas de policías, asumiendo en un acto ético sin concesiones, una excomunión que ha sido refrendada por todos los creontes universitarios; desde nuestro decano Aldecoa (su sorprendente cercanía a la UDyP suponemos que debe responder, como nos reveló una fuente bien informada, a que nadie descuelga el teléfono en Ferraz cuando llama) hasta el marxista rector Berzosa, pasando por notables académicos, algunos de ellos muy cercanos a la generación de jaraneros y alborotadores del 56.

Los estudiantes de izquierdas de la facultad de políticas, como ya hicieron hace un año al reclamar la puesta en libertad de Iñaki de Juana ante el escándalo general de la derecha y del centro, han repetido otra vez el gesto de Antígona. No debería hacer falta recordar que ello no presupone simpatía alguna con la violencia política, del mismo modo que Antígona no desconocía los crímenes de Polinices y, a pesar de ello, estaba dispuesta a hacer respetar el oikos. La lección de los estudiantes no está tanto en el hecho de reventar el acto de Rosa Diez (como decíamos, reventar actos es una práctica muy difundida últimamente) sino en que, con su gesto, han rechazado la trampa de la elección forzosa, el consenso tiránico de Tebas que da a elegir entre Rajoy o ZP, Pizarro o Solbes, con los demócratas o con los violentos. Como dice Slavoj Žižek en su Enjoy Your Symptom!, a Antígona le llamarían hoy terrorista.

Fueron las clases de Ramón Cotarelo las que me hicieron ir al teatro a ver la obra de Sófocles y las que me permitieron comprender que sólo la libertad es tal si al gesto desobediente le sigue la expulsión de la comunidad política, como les ocurre siempre a los “extremistas”. Por eso John Rawls, Habermas y sus seguidores patrios de segundo nivel, desde ese centrismo del consenso que señala Perry Anderson en Spectrum, terminan estando siempre con Creonte, con las “intervenciones humanitarias” de la OTAN y con el consenso tiránico. Espero que estas palabras no provoquen que el bueno de Cotarelo tenga que volver a la cárcel —esta vez con Monedero como compañero de celda— por instigar indirectamente la violencia antisistema contra Rosa Diez, al recomendar la lectura de Sófocles en sus clases (aunque con los tiempos que corren, la posibilidad no es del todo descartable).

Escribo esto desde la comodidad que otorga al investigador visitante una de las universidades más prestigiosas del mundo y, sin embargo, jamás podrá soñar Cambridge con un espacio de producción de conocimiento tan rico como nuestra facultad de Madrid. A pesar de los creontes complutenses, el gesto desobediente de los estudiantes de izquierdas ante el acto de Rosa Díez da mucho más de sí que los popular events en facebook, las student societies o los soporíferos clubes de debate de las universidades de élite británicas. Pueden estar orgullosos el decano Aldecoa y el rector Berzosa, están al frente de una de las mejores facultades de política de Europa, pero no deben olvidar que ello se debe, en gran medida, a los jaraneros y alborotadores de ayer y de hoy.

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Polanco, Berlusconi, RCTV… y la lucha de clases [artículo para Tercera Información]

— Escrito por pablo @ 14:32

…De acuerdo, yo, el periódico, provocamos, no contamos la realidad objetivamente…Usted ve al periodista como un observador imparcial…pero yo le digo que estos observadores imparciales me dan pena; es necesario ser protagonistas, no observadores. Estamos en guerra, la lucha de clases la hacemos nosotros también, no la inventaron Marx y Lenin…

El párrafo lo hemos sacado de un diálogo de la película de Marco Bellocchio “Sbatti il mostro in prima pagina”. E-mule nos permitió hace unos días visionar esta obra maestra de un tipo de cine militante poco conocido en el Estado español.

El personaje que hablaba es Bizanti, redactor-jefe de “Il Giornale”, que en el filme identifica al “Corriere della sera”, diario de referencia para la vieja Democracia Cristiana italiana.

Rodada y ambientada a principios de los años 70, en pleno periodo de crisis política, con el PCI cada vez más cerca de una mayoría electoral y los grupos de la izquierda extra-parlamentaria cada día más fuertes en las fábricas y en las universidades, la película recrea la manipulación política de una noticia de crónica por parte de “Il Giornale”. Tras la violación y el asesinato de una adolescente, el periódico democristiano construye una farsa para acusar del crimen a un joven militante de la extrema izquierda. Se trata de un periodo pre-electoral en el que la “agitación del monstruo comunista” –esta vez violador y asesino- en los titulares, contribuirá a asegurar una nueva victoria del partido del orden.

La reflexión del redactor-jefe Bizanti (interpretado magníficamente por Gian Maria Volonté) nos ha parecido buena para estos días en los que resuenan todavía los ecos del fin de las emisiones a través de frecuencias públicas de la venezolana RCTV y de las exequias tras la desaparición del multimillonario magnate mediático Jesús de Polanco.

En la película, Bizanti actúa al servicio de un gran industrial que financia el periódico, Montelli, que representa de alguna forma a Agnelli, patriarca de la FIAT y uno de los grandes apellidos del capitalismo italiano.

Como en el filme, los grandes medios de comunicación y sus “redactores jefes” (de Cebrián a Pedro J.) no han dejado de ser una propiedad privada sujeta a los intereses particulares que de ello se derivan.

Hoy, uno de los grandes periódicos de la familia Berlusconi se llama precisamente “Il Giornale” –como olvidar su titular tras el asesinato de Carlo Giuliani en Génova: “Los antiglobalización han encontrado a su mártir”- y “El País” es la confirmación del gatopardiano mundo del poder –todo debe cambiar para que nada cambie- que vimos desfilar por la capilla ardiente del gran magnate Polanco (desde Zapatero, Felipe González, Solana y otras figuras socialistas, pasando por Zaplana, Rajoy y Gallardón por parte de la derecha, el hijo de Adolfo Suárez, el empresario Florentino Pérez, el secretario general de la UGT Cándido Méndez, el nuncio del papa Manuel Monteiro o el banquero Emilio Botín).

Tal “pluralidad” de presencias en la capilla ardiente nos ha recordado que, de alguna forma, la diferencia entre hablar de democracia o de postfranquismo responde más a la valoración que se dé a una serie de mecanismos procedimentales (eso que se suele llamar democracia) que a su resultado efectivo a la hora de determinar quien manda de verdad.

Como han escrito Luis Alegre y Carlos Fernández Liria a propósito de Venezuela, si el “mecanismo procedimental” alterase la escatológica armonía del entierro, el “mecanismo” dejaría de ser valorado como democrático por parte de los medios, sean de los Polanco o de los obispos (como ha ocurrido con Venezuela). Italia es el ejemplo inverso de lo mismo: ¿Alguno de los enlutados asistentes a las exequias de Polanco ha puesto en tela de juicio alguna vez a las “impolutas” instituciones democráticas italianas a pesar del terrorismo de Estado en los 70, la represión contra la izquierda radical en los 80 -que asumió, junto al atlantismo eurocomunista, el propio PCI- o pese a la presencia de un delincuente-multimillonario en la jefatura del gobierno de los 90 hasta hoy?.

Al final resulta que las reflexiones del personaje Bizanti enseñan más sobre la Ciencia política y la información que buena parte de los manuales con los que se pretende instruir a los estudiantes de estas licenciaturas. Por eso nos han parecido buenas para iniciar nuestra colaboración con una publicación alternativa como Tercera Información, que aunque nombre algunas de sus secciones con términos que cada vez dicen menos de nuestro tiempo –como nacional e internacional-, tendrá tan claro como RCTV, “Il Giornale” o El País, que la lucha de clases no la inventaron Marx ni Lenin.

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El dominó es ciencia inexacta, como el marxismo [artículo para En Lucha]

— Escrito por pablo @ 18:32

“El dominó es ciencia inexacta, como el marxismo de Engels, de Plejanov, de Bujarin. Sólo hay 28 fichas distribuidas en el tablero y 7 rondas para ponerlas. Teóricamente, viendo los movimientos iniciales, puede deducirse quién tiene cada cual, a partir del conocimiento de las siete que tiene uno. Eso, como el marxismo, en teoría. Pero la revolución social no se produjo en Inglaterra en el siglo XIX por más que estuviera repleta de fabriquitas horrorosas, dickensianas, hollineras y una clase obrera luchona y cervecera, y la dictadura del proletariado nunca representó al proletariado, y a veces los saltos cuantitativos producen regresiones cualitativas”.

La presente reflexión la firma Paco Ignacio Taibo en su reciente novela “Muertos incómodos”, que escribe con el Sup Marcos.

La cuestión principal del debate al que se nos invita, nos parece, ante que nada, de orden estratégico. Creemos que no se trata tanto de un encuadramiento, bien de tipo ético-estético con unos –los zapatistas o los argentinos-, bien de estilo pragmático-científico con otros –Chávez-. El poder representa una dinámica consustancial a la política y a la vida (no hace falta leer a Foucault para percatarse de esto) que condiciona y probablemente da sentido a toda posibilidad de acción política antagonista. Ni los zapatistas son estúpidos ni los argentinos más tontos que los venezolanos. La realidad, además de tozuda es compleja. 

Pareciera que Toni Negri tiene mucha importancia en el debate. El otrora intocable merced a su pasado (y presente) militante y a unos cuantos años en prisión -que ya quisieran muchos intelectuales radicales para sus currículos- es hoy ángel caído a los infiernos tras su posicionamiento respecto a la Constitución europea. Podrán discutirse –para lo cual habría que conocerlas- las razones del autor de Multitud, Imperio y unas cuantas decenas de libros más, para preferir el Sí antes que el No, pero no podrá obviarse que precisamente su heterodoxia descansa en la preocupación por el Poder –con mayúsculas si se quiere- de uno de los pocos marxistas que lee y reivindica a Lenin (un Lenin diferente, eso sí, de aquel del horror estalinista o del esquematismo centralista de las organizaciones que se reivindicaron del trotskismo).  

De lo que estamos debatiendo es de las formas de intervención política del movimiento. Ojalá el debate reforma-revolución tuviera la trascendencia que tuvo cuando socialistas, comunistas y anarquistas podían permitirse discutir sobre la viabilidad de diferentes proyectos de transformación de la sociedad burguesa. Pero ya en el 68, los estudiantes alemanes de la SDS empezaron a notar que la ecuación, como en el dominó, presentaba posibilidades no previstas. Bajo el nombre del Socialismo se construyeron burocracias y dictaduras insoportables y la Socialdemocracia ha votado a favor, en los últimos cien años, de cuantos créditos de guerra hayan sido necesarios. 

Aunque haya que defender las conquistas sociales de los cubanos y su resistencia al acoso imperial, ni su régimen político autoritario, ni el culto a la personalidad del mismo líder durante 40 años, nos parecen asumibles. Aunque haya que celebrar los avances de la izquierda que encabeza Hugo Chávez en Venezuela y las posibilidades emancipatorias que representan para América Latina, no es el discurso del presentador de “aló presidente”, varias cuadras a la derecha de Bernstein (por aquello de la reforma y la revolución), el que más nos seduce para ensayar una traducción en términos de praxis política para nuestros escenarios de intervención. Y es en este punto donde no conviene olvidar que los enfrentamientos callejeros de Seattle y Praga que iniciaron una expansión sin precedentes del Movimiento Global hasta su máximo desarrollo en las movilizaciones contra la guerra, no se pueden entender sin la irrupción mediática (y armada) del neozapatismo el primero de enero de 1994 y la formación de redes de solidaridad intercontinentales (sin apenas organizaciones clásicas) con la revuelta indígena contra el Neoliberalismo. 

La traducción del neozapatismo a la praxis política de los movimientos europeos, sí resultó viable, permitiendo al menos la visibilidad conflictiva de las protestas anticapitalistas. Por suerte o por desgracia, la realidad y las posibilidades de la izquierda no se ciñen a gobiernos tripartitos o a su contrapunto en forma de partidos revolucionarios a escala de casa de muñecas.  

El debate sobre poder y estrategia permanece abierto a la praxis teórica y política del movimiento, como en una partida de dominó.

 


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