En el último número del periódico Diagonal viene un artículo de opinión de Montserrat Galcerán que me ha parecido especialmente interesante sobre Izquierda Anticapitalista.

 Sobre todo estos párrafos:

 

Si algo ha caducado en este inicio de siglo es justamente la vieja visión de que los movimientos sociales se movilizan, plantean los problemas que afectan a los ciudadanos, debaten y critican, pero que son los partidos los únicos agentes políticos legítimos y los únicos llamados a traducirlos en proposiciones ante el Parlamento, debates legislativos y, en su caso, leyes y decretos. El hecho de reducir la intervención política legítima de los ciudadanos a su participación en partidos políticos y/o a la elección entre ellos, implica una despolitización tal que nos deja absolutamente inermes.
 
El reto de los últimos decenios para los movimientos sociales, reto todavía no resuelto, ha sido el de crear formas políticas novedosas para unas sociedades cuyos colectivos, grupos y redes han hallado formas nuevas de movilización social, pero no han sido capaces de desarrollar agentes políticos con incidencia en el plano general


la vieja distinción entre partidos y movimientos ya no nos sirve para enfrentar los conflictos actuales, pues no hay un espacio de lo general, donde actuarían los partidos y otro de lo particular, ocupado por los movimientos, estando el segundo subordinado al primero, sino que ambos están estrechamente entrelazados y esa mezcla pone en cuestión la sacrosanta “autonomía de lo político” sin lograr subordinarla a instancias de participación política directa con efectos decisorios.


Si, como es previsible, la nueva formación no va a arrollar sino que deberá contentarse con unos magros resultados, ¿cómo va a compaginar su ansia de cambiar la política con su inserción en un sistema en el que va a tener escasísimo margen de maniobra?, ¿cómo va a conseguir que la dinámica del sistema político no la arrastre a tener que secundar decisiones comprometedoras que no va a poder revertir?, ¿cómo podrá conseguir no “participar en la gestión del sistema” si justamente la dinámica política de las democracias europeas forma parte inescindible del mantenimiento del sistema capitalista?, ¿cómo no comprometer a los movimientos sociales en un horizonte que bloquee las transformaciones y que, al revés de lo que puedan ser las intenciones de sus promotores, acabe encarrilándolos en cauces imprevistos que no aumenten sino que debiliten su capacidad de acción?.
Una posible opción sería la de invertir la lógica y que el nuevo partido no hiciera nada que no hubiera sido previamente debatido y consensuado en los movimientos sociales, al menos entre aquellos que se definen como movimientos anti-capitalistas. Que en vez de instrumentalizar ellos a los movimientos los usáramos a ellos como ariete institucional. Que cumpliera a rajatabla la premisa zapatista de caminar preguntando, desbaratando en ese caminar la legitimidad política del actual sistema de poder.

 

Lo cierto es que a pesar de ser una carta realizada a proposito de Izquierda Anticapitalista, la reflexión que realiza creo que es extensible a las denominadas izquierdas (ya se reclamen estas como "alternativas", "transformadoras", "radicales", etc) que se presentan periodicmante a las elecciones con la intención de representar a ciertos sectores sociales y movimientos sociales y sindicales.

Hace no mucho, también el periodico Diagonal, Raimundo Viejo comentaba sobre Izquierda Anticapitalista,

IA sigue anclada, pues, en la discursividad de la dialéctica y en la voluntad de organizar un contrapoder hegemónico que alcance a resolver la reductio ad unum allí donde el movimiento pueda lograr la escisión (sin salir del manifiesto programático de IA: “pueblos” o “sectores populares” y no multitudes, “criterios unitarios” o “convergencias” y no diversidad o política del reconocimiento, etc.). Al igual que cualquier otra variante del leninismo sesentayochista, se confía en alimentarse del movimiento, generando una representación exógena al mismo que se erija, empero, en su dirección política. Va de suyo que en el marco organizativo postfordista (descentrado, reticular, fluido...) esta fórmula está abocada al fracaso (y para ejemplos, la estructura de las revueltas sociales de lo que va de siglo, de la banlieue francesa a Grecia).
 

Tambiénlo encuentro ciertamente acertado y extensible a las otras izquierdas institucionales.

La IU, que naufraga por las instituciones, ha comenzado ahora un supuesto proceso de refundación que por lo que se vé no es más que un desarrollo endógeno que solo ofrece más de lo mismo. IU tiene el agravante de no realizar ni la más mínima autocritica ni reflexión sobre el papel de las instituciones, las elecciones y las relaciones con el resto de los sujetos políticos existentes.

Uno de los botones de muestra de esta refundación endógena es el reciente acuerdo electoral europeo con Izquierda Republicana. En la nota de prensa del acuerdo se afirma que “se amplía también al deseo manifestado por Izquierda Republicana de participar activamente en los próximos debates que tendrán lugar en el seno de IU de cara al Proceso de Refundación que se debe llevar a cabo tras el mandato dado en este sentido por la IX Asamblea Federal del pasado mes de noviembre”.

IU, con su nacimiento como movimiento político y social trató, al menos en la teoría, de superar esa separación de la que habla Galcerán de superar esa maliciosa separación entre lo político y lo social. IU se presentaba así misma como la expresión institucional de la sociedad organizada en partidos, sindicatos, colectivos, movimientos sociales, etc. Unos años más tarde, IU "no es más" que otra fracción política parlamentaria de la izquierda institucional tradicional.

Hace tampoco no mucho Pablo comentaba que 

renovar debe significar hacer confluir a diferentes grupos del conjunto de la izquierda radical en un experimento electoral nuevo. Algunos de ellos procederán, sin duda, de la propia IU pero otros muchos, muchísimos, no. La clave para ello no es tanto sumar siglas de pequeñas casas de muñecas con aspiraciones de partido-vanguardia, como cartografiar los procesos de lucha social que se han dado en los últimos años para atraer así, en un nuevo proyecto, a todo un capital disperso de militantes, colectivos, media-activistas, intelectuales, gentes de la cultura, etc. que, unidos en torno a un objetivo específico, seguramente podrían dar muchas sorpresas en la arena política mediático-estatal.

En fin, yo aun como afiliado y militante de IU observo cada vez más en tercera persona este proceso de refundación de IU comenzado en la IX Asamblea Federal en la que IU se ha dado 18 meses para refundarse. Episodios como el de ICV y "sus mossos" no solo sacan a la luz el problema concreto de la inaceptable brutalidad policial, sino de cual es el papel de la izquierda cuando entra a gestionar el sistema con el solo apoyo electoral. 

Una pena que en IU ni siquiera se habra un espacio de reflexión y debate donde pudiesen tener cabida reflexionas como las planteadas en estos tres artículos.