La
reciente libertad de una de las muchachas que cometieron ese crimen
horrible e incomprensible que acabó con la vida de Klara en
San Fernando, junto a la aprobación por el Consejo de
Ministros del Proyecto de Reforma de la Ley Penal del Menor, ha
vuelto a poner de plena actualidad el debate sobre la responsabilidad
penal de los menores. El enlace de los sucesos que sacuden París
con un supuesto aumento de actos delictivos cometidos por jóvenes
en algunas localidades andaluzas, añade –no sé si
interesadamente– mas elementos a la polvareda social levantada
respecto a la necesidad o no de endurecer las medidas penales contra
los menores, haciendo recaer sobre ellos un sistema jurisdiccional
cada vez mas parecido al de mayores. Y si el segundo está
suponiendo ya –cifras penitenciarias cantan– un sonoro fracaso en
cuanto al mandato constitucional que contempla la cárcel y el
castigo sólo como un instrumento de reeducación y
reinserción social, mucho mas lo sería si se sigue esa
senda para los menores.




