Hace unos meses -hacia finales de febrero- el PSOE ya lo anunció. Era una promesa directa y facil de entender: Un policía en cada centro escolar. Ahora el PP por boca de Gallardon también propone lo mismo. El diario El Pais vendía esta iniciativa de polícía de proximidad como:
 
El policía cercano ya no es el de barrio, es el de escuela. Un agente municipal de paisano que hable de tú a tú con los profesores, al que los padres saluden por la calle y que conozca a los chicos por su nombre. Un guardián que vigile a las bandas callejeras, que controle el menudeo de droga y espante a los camellos que van a vender a la puerta de la escuela, que evite que los niños hagan pellas y que les separe en las peleas.
 

Estas son las tareas de estos polícias para las escuelas, que deben preveer ambos partidos. Esto sumado al control policial de las plazas y aledaños donde pasa el tiempo la juventud cerraría el circulo del control policial de la juventud. 

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También hay más propuestas para las escuelas -y la juventud-, como la que hizo el Defensor del Menor de la Comuniad de Madrid, Arturo Canalda -ex diputado del PP-,  que  el 14 de Mayo se mostraba a favor del la iniciativa emprendida en el Ayuntamiento de Milán ofreciendo equipos de prueba sobre drogas gratuítos para los padres.

Lento y sin hacer ruido la configuración electoral del miedo sale del debate para entrar en el campo del acuerdo. Cuando Gallardon -PP- pide 1500 polícias Sebastian -PSOE- pide 2000 y 120 comisarias de barrio. Acuerdos en lo básico, matices en la práctica.

La misma cara de una moneda. Una moneda dura para una juventud que solo es notica cuando se genera un problema, un altercado.