Mientras se debatía si los casi 200.000 euros que Garzón recibió por pasar una estancia de estudios en Nueva York podría considerarse como un soborno, en Vigo un jurado daba por bueno la tesis del "miedo insuperable" y "legitima defensa" a  Jacobo Piñero. Su miedo y defensa le llevo a esta persona a dar 57 puñaladas a sus dos víctimas, robarlas y quemar su casa.

 Cual era su miedo: ser violado por dos gays. Y es que según el tribunal el asesino confeso estaba en “un estado de pánico que anuló su capacidad de comprender la ilicitud de lo que hacía”. Como dice Rubem Centeno en el Diagonal esto ocurre "en plena reacción mediática solicitando el cumplimiento íntegro de penas a raíz del caso de Marta, la chica asesinada en Sevilla".

Pero es que en este caso no se trataba de unos muchachos malcriados sino de "un padre de familia arrepentido que incluso pensó en suicidarse tras los hechos por la vergüenza que sufriría su familia" (según se persentó así mismo el acusado). Aquí no va haber grandes manifestaciones a favor de la cadena perpetua, el cumplimiento íntegro de las penas o reuniones con Rajoy o Zapatero. Total, solo asesinó a dos gays con 57 puñaladas e incendió la casa para ocultar los cuerpos, pero lo hizo por el pánico a ser violado. Muy justificado, aquí no solo no cabe pedir la cadena perpetua, sino absolverle.

Es fundamental reflexionar a que nos referimos cuando se habla de participación ciudadana en la Justicia, no vaya ser que caminemos hacia el populismo fascista punitivo...