Tras su paso por el Congreso y por el Senado, las causas económicas que posibilitan la extinción de la relación laboral por motivos económicos ha quedado así:

 

 "Se entiende que concurren causas económicas cuando de los resultados de la empresa se desprenda una situación económica negativa, en casos tales como la existencia de pérdidas actuales o previstas; o la disminución persistente de su nivel de ingresos, que puedan afectar a su viabilidad o a su capacidad de mantener el volumen de empleo. A estos efectos, la empresa tendrá que acreditar los resultados alegados y justificar que de los mismos se deduce la razonabilidad de la decisión extintiva para preservar o favorecer su posición competitiva en el mercado".

 

La primera versión del 17/06/2010 que pretendía el Gobierno decía esto:

 

"Se entiende que concurren causas económicas cuando de los resultados de la empresa se desprenda una situación económica negativa. A estos efectos, la empresa tendrá que acreditar los resultados alegados y justificar que de los mismos se deduce mínimamente la razonabilidad de la decisión extintiva."

 

Lo que hasta ahora existía en el Estatuto de los Trabajadores era esto:

 

 "Se entiende que concurren causas económicas cuando de los resultados de la empresa se desprenda una situación económica negativa. A estos efectos, la empresa tendrá que acreditar los resultados alegados y justificar que de los mismos se deduce mínimamente la razonabilidad de la decisión extintiva."

 

Esto podría parecerse más a la secuencia del contrato de la película de los Hermanos Marx de "Una noche en la opera" que a la legislación laboral:

 

- Haga el favor de poner atención en la primera cláusula porque es muy importante. Dice que... la parte contratante de la primera parte será considerada como la parte contratante de la primera parte. ¿Qué tal, está muy bien, eh?
- No, eso no está bien.
- ¿Por qué no está bien?
- No lo sé, quisiera volver a oírlo.
- Dice que... la parte contratante de la primera parte será considerada como la parte contratante de la primera parte.
- Esta vez parece que suena mejor.
- A todo se acostumbra uno. Si usted quiere lo leo otra vez.
- Tan sólo la primera parte.
- ¿Sobre la parte contratante de la primera parte?
- No, sólo la parte de la parte contratante de la primera parte.
- Dice que... la parte contratante de la primera parte será considerada como la parte contratante de la primera parte, y la parte contratante de la primera parte será considerada en este contrato... Oiga, ¿por qué hemos de pelearnos por una tontería como ésta? La cortamos.
- Sí, es demasiado largo. ¿Qué es lo que nos queda ahora?
- Más de medio metro todavía. Dice ahora... la parte contratante de la segunda parte será considerada como la parte contratante de la segunda parte.
- Eso si que no me gusta nada.
- ¿Qué le encuentra?
- Nunca segundas partes nunca fueron buenas.

 

 

Podría parecer que el lenguaje es complicado, y si, lo es, para meternos un buen gol igualando a la baja los contratos indefinididos con los termporales. Con esta redacción, va a ser muy fácil despedir un trabajador por 20 días por año trabajado y que el estado subvencion con ocho días. Es decir se te quedan en 12 días de indemnización la cantidad indemnizatoria que tendrán los contratos temproales a partir de 2015.

Se acuerdan cuando la patronal y los firmantes del "manifiesto de los 100" pedían un contrato único con 20 días de indemnización. Aquí lo tienen, pero con 12 días.