Hace un par de días se me ocurrió ir a Triburbana a dejar un puñado de Mixtapes a depósito para su venta al público al módico precio de 5 €. El billete pequeño es un precio asequible para cualquier bolsillo y tasar el trabajo de dos años en una cifra inferior me parecía irrespetuoso, sobre todo para con nosotros.

Con esa idea en mente llevé cinco copias y dos carteles promocionales al establecimiento a eso de las siete de la tarde. Cuando llegué, me detuve un momento a husmear el escaparate, desde él podía escucharse un tema del último disco de “Violadores del Verso” que ponía ritmo al establecimiento. Entré en él esperando encontrar a Locus Amenus tras el mostrador, pero no estaba allí. En su lugar había tres chavales a quienes no había visto nunca con anterioridad. Si bien es cierto que hacía tiempo que no pasaba por Triburbana, me sorprendió un poco aquel cambio. Ya una vez dentro del local, me dirigí a ellos sin dilación para ofrecerles unas cuantas copias de “Rimas y Mezclas II” a depósito, acordar un P.V.P, llevarme el correspondiente albarán y pedirles el teléfono de contacto de aquí a un tiempo para ver cómo iba el tema de las ventas. Los nuevos dependientes me dijeron amablemente que, al no tratarse de un disco, ni siquiera recogían las copias porque no se venden. En lugar de hacerlo se regalan al cliente que hace un mayor gasto en otros artículos, sobre todo en ropa. Acto seguido me recomendaron que las ofreciese gratuitamente en los directos, la colgara en Internet y otra serie de cosas que ya he hecho con anterioridad.

Ya que estaba allí, y para no hacer el viaje en balde, decidí regalarles cuatro de las cinco copias que llevaba encima. Cuando las saqué de la bolsa creo que se sorprendieron un poco al ver que se trataba de un material perfectamente editado, con su Jewel Box retractilada, su portada en cuatricomía, su galleta impresa, etc. Me preguntaron el precio al que me había salido cada copia y se lo comenté. Estaban pensando hacer una tirada de su próximo trabajo en funda de cartón y les interesaba contactar con alguna empresa económica.

Después les pedí que me dejaran colocar uno de los carteles en la puerta del establecimiento, a lo que accedieron sin problemas. Carecía un poco de sentido porque en el diseño se incluye el P.V.P de la Mixtape y anuncia al potencial comprador que “Rimas y Mezclas II” se vende en la tienda, pero bueno. “Mejor eso que nada” –pensé– y puse el dichoso cartel. Antes de que saliera, los chavales me comentaron que pondrían la mixtape en el local, así que les di mi contacto para que avisaran en caso de que alguien se interesara por recibir el trabajo. Y fin de la cuestión.

Lo cierto es que me fui de allí un poco decepcionado, pensando en cuánto habían cambiado las cosas en tan poco tiempo. Antes se solía ofrecer una camiseta de regalo con la compra del CD como reclamo y ahora resulta que se hace justo al contrario: si no hay una empresa detrás que convierta el CD en un “acontecimiento” para que sea mejor considerado, se regala a quien compre más ropa. Algo por otra parte “normal”, ya que de todos los artículos que se venden en las “hip-hop shops” (más conocidas en mi entorno como “tiendas de botes”) la ropa es el que deja un mayor margen de beneficio, siempre que por allí no pasen muchos adictos al graffiti, que se gastan su buen puñado de euros en botes por amor al vandalismo artístico, al arte vandálico o como se quiera considerar.

Lo que son las cosas; ahora la ropa, lo más superficial tanto en el sentido literal como en el figurado de la palabra, es lo que “manda” en las tiendas de hip-hop. Parece ser que aquel “rap was secondary, money was necessary”, más que una verdad toda una perogrullada, nos ha llevado a que el huevo sea ya anterior a la gallina. Porque creo que fue la vertiente musical de nuestra cultura la que puso huevos como G-Unit, Rocca Wear, Wu Wear o Broncoestilo ¿no?. Ahora resulta que son los únicos que, sin ser de oro, dan algo de pasta en las tiendas. Pues así estamos.